Venezuela colgando de un papel

Rafael Román Martel

Hugo Chávez ha tratado en vano de desviar la atención de la crisis nacional en la que ha caído a raíz del voto por la reforma constitucional. Ha viajado a Irán. Ha tratado en vano de situarse en una posición de liderazgo internacional haciendo una mala imitación de un estadista. Pidió a los árabes politizar radicalmente el petróleo. En las últimas semanas intentó infructuosamente de inmiscluirse en la complicadísima política colombiana. En todo ha sido un fracaso.

Puede que el dos de diciembre pierda la gestión de la reforma y esto sería el principio del fin, no sólo para Chávez, sino para el movimiento neo socialista de América Latina.

En Venezuela sus seguidores han perdido las calles y la única manera que la recuperarían es con el triunfo de la reforma y la imposición de una violencia jamás vista en el país. No hay dudas que, habiendo Chávez pasado su mamotreto, el éxodo sería masivo porque no habría una solución democrática para salvar al país. La opción violenta es la epidemia: la guerra civil, que hundiría a Venezuela en una situación poco imaginable. Para los patriotas venezolanos Chávez deja pocas opciones. La oficialidad del ejército que no está parcializada por la política espera que ni Chávez ni sus jóvenes opositores los pongan en el difícil rincón de hacer decisiones militares con en su propio país. Ningún militar honorable ve con buenos ojos las crisis internas, sobre todo cuando es la juventud la que se vería envuelta en un choque de bandos políticos de considerable magnitud.

Venezuela se encuentra entre la espada y la pared: frente al comunismo y la libertad.

No contento con haber sido amolestado por el rey de España y hace dos días aleccionado por el presidente de Colombia, Alvaro Uribe, Chávez amenaza seriamente a la iglesia católica en su país.

Con “Triste peón del imperio”, “servil instrumento” y otros improperios calificó el martes 27 de noviembre del 2007 al presidente Uribe. Su agresión verbal parece estar poseída por un intenso deseo de agravar la ya grave situación de su país, donde los ciudadanos hacen largas colas para consumir leche y otros productos básicos y el descontento se está convirtiendo en desesperanza, en tristeza. Los venezolanos sienten venir la tormenta. Es como si Chávez, copiando a su maestro cubano, odiara a su propio pueblo.

Los ataques hacia Uribe han agravado la cuestión, unificando a Colombia en un gesto de respuesta nacionalista que los hábiles estadistas colombianos tratarían de opacar. Este último error quizá haya sido el que más afecte a su régimen. Los colombianos no se han metido con Chávez. No lo han provocado. No creo que de ninguno de los círculos políticos haya visto con agrado como ha querido intervenir en la situación interna del país fronterizo. Uribe no es mango bajito. Es un hombre que ha desafiado al peligro una y otra vez, un hombre que ha sido víctima del terrorismo en su familia. Aunque es un estadista no se ha dejado insultar ni está en una posición para ser humillado.

Chávez ha comenzado a perder la simpatía de los socialistas del hemisferio, quienes alaban los ataques del presidente venezolano contra las oligarquías y el imperio, pero no están ciegos y ven que el líder está desvirtuando su mensaje hacia un abismo político, hacia un pántano en el cual nadie está seguro: ni siquiera los leales compañeros.

En los hombros de la juventud democrática venezolana descansa la batalla por el futuro del país. Se preparan los estudiantes para cerrar su campaña el próximo jueves. No es un tarea fácil ganarle a comunistas en las urnas cuando son éstos, acérrimos enemigos de la democracia, los que controlan las mesas electorales. Tampoco puede decir el venezolano que le robaron las pasadas elecciones. No se pueden robar dos millones de votos. Hugo Chávez tiene sus seguidores, que aunque parezca increíble, no son pocos.

Por la libertad de su país y la seguridad de todos , luchan los estudiantes de Venezuela. Ejercen su derecho civil, sus derechos humanos a costo de sus propias vidas. Confían en que en la victoria está sellado el futuro de ellos y de sus hijos. Ellos son Venezuela. Las más recientes encuestas muestran una ventaja de hasta 12 puntos en contra a la reforma chavista. Los demócratas de este mundo esperamos que el 2 de diciembre el empuje de los estudiantes, de todos los que se resisten a ser esclavos del sistema comunista y la libertad iluminen al noble pueblo de Venezuela.


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