Jineteras en pesos cubanos

•February 1, 2014 • Leave a Comment


LA HABANA, Cuba – Las autoridades coloniales jamás imaginaron que los portales de edificios y viviendas de La Habana extramuros, construcción obligatoria para proteger a los transeúntes del sol, lluvia y rocío nocturno tendrían otro uso, también muy humano.

E.O. F., de 3l años, cuenta sobre la notoriedad, aunque no exclusiva, de los portales de Monte. O, mejor decir, MOnte y Cienfuegos, la esquina del pecado.

-Existe un secreto comercio después de las once de la noche. Antes no encuentras nada. Hace unos meses se estacionaban mujeres bonitas de diferentes edades y razas. Acosaban a los hombres invitándonos “a pasar un buen rato”. Se sabía qué hacían allí y a qué iban los hombres a esa hora. Oficio fácil de reconocer por la forma de caminar, faldas muy cortas, ropas apretadas, colores intensos en labios, cejas, pestañas. Ajustabas precio con pocas palabras. La acompañabas al cuarto cercano y pagabas el alquiler. Al final se pagaba. Se pasaba un buen rato-.

EOF expone una curiosidad: -No hay comercio homosexual y de travestis con intermediarios. No por discriminación. Han encontrado su espacio medio-tolerado en la avenida del Malecón, heladería Coppelia y otros lugares de la capital, aunque a veces la policía les hace pasar sus sofocones.

-Ahora no ves a ninguna en los portales. Está el intermediario. Se acerca, pregunta: -¿Buscas chica? Las hay buenas, bonitas y baratas.

Los portales de Monte y Prado

Cinco CUC (divisa interna; un CUC=25 pesos) para la jinetera, un CUC para el tercero y otro CUC para una hora del alquiler del cuarto en algún solar [nombre de las cuarterías de La Habana]. Por lo general pequeño, medio oscuro, caluroso, poco aseado.

-Entras y seis o siete mujeres que un instante antes charlaban, reían, bebían entre bocanadas de humo se ponen de pie. No por cortesía sino intencionadamente sobándose los senos, mordiéndose los labios, intentando ser escogida. Cuesta trabajo decidirse, pero hay que escoger rápido, pagas por una hora y no puedes pasarte de tiempo. Afuera dos forzudos guardianes aplicarán llaves y retorcerán brazos a quien pretenda extralimitarse o no pagar.

Subimos a la barbacoa [entrepiso improvisado, para aumentar el espacio]. Generalmente hay dos cuartos separados por un tabique de madera que traspasa jadeantes susurros o permite imaginar posturas. Cuartos no muy higiénicos. La misma sábana toda la noche. A veces ni agua para lavarse. Tampoco toalla sino papel periódico. Pregunto a “Violeta”, mi ocasional compañera sobre la posibilidad de enfermar de sida. Respuesta inmediata: -¡Sin condón, nada!

Alejo Carpentier (1904-1980), escritor y musicólogo cubano llamó a La Habana “La Ciudad de las Columnas” (1970) (*). Los portales de viviendas e importantes establecimientos comerciales estaban muy iluminados al anochecer en las calzadas Monte, Reina, Belascoaín, Paseo del Prado, Diez de Octubre. Tantos que era puro gusto pasearse por los portales y contemplar los escaparates llenos, hoy, ruinosos, en penumbras, con muchos vacíos por lamentables derrumbes patrimoniales.

-¿Por qué las jineteras –palabra que aceptan con naturalidad- han desaparecido de los portales? Responde “Violeta”:

La policía aumenta la represión por racha contra el jineterismo [prostitución]. A veces resolvemos con unos fulitas (CUC). ¡Pero si están de…P, ni eso! Nos agarran y no paramos hasta la cárcel. La situación está dura. Pero muchas y muchos vivimos de esto.

Un informe de la Ministra de Justicia publicado en el sitio de la Cancillería en octubre del pasado año señala que 241 personas fueron procesadas por el delito de proxenetismo. De ellas, 224 fueron juzgadas. Antiguamente la prostitución estaba relegada y controlada por las autoridades en las llamadas Zonas de Tolerancia, hoy se desparrama por la ciudad.

-¿Y si la policía las sorprende en el cuarto?

“Violeta responde:

-Todos los oficios tienen riesgos. Probaríamos suerte diciendo que somos amigas que celebramos el cumpleaños de una de nosotras, ¡y que Dios nos proteja!

Cuba Comunista: Taguayabón: Secuestran al pastor del pueblo

•February 1, 2014 • Leave a Comment


TAGUAYABÓN, Cuba.- Podría escribir una simple nota informativa acerca de una detención de las tantas llevadas a cabo por los Órganos de la Seguridad del Estado en Cuba, entre los días previos a la realización en La Habana de la Cumbre de países miembros de la CELAC. Solo que en esta en particular fui testigo presencial y víctima, y además tuve que lidiar con el hecho de que mis hijas lo vieron todo.

El pasado sábado 25 de enero, cuando salíamos de nuestra casa en Taguayabón, mi esposo, el pastor bautista Mario Félix Lleonart y yo, con nuestras hijas menores de edad, Rocío, de 13 años, y Rachel de apenas 5, con el ánimo de viajar hasta la vecina ciudad de Remedios y pasar una tarde de esparcimiento en familia, fuimos interceptados por dos agentes de la Seguridad del estado vestidos de civil; ambos en una pequeña moto marca Suzuki, quienes se acercaron a mi esposo y le comunicaron que estaba detenido.

La situación se tornó muy tensa cuando, pasados unos minutos, apareció un auto patrulla perteneciente a la Policía Nacional Revolucionaria, con un policía uniformado y otro agente de civil, quienes se unieron a los dos primeros y se abalanzaron contra Mario Félix y, como si fuera un vulgar delincuente, lo esposaron y se lo llevaron a toda velocidad rumbo a Remedios, sin comunicarme cuál sería su paradero.

Nuestras hijas quedaron en shock, ambas comenzaron a llorar, la más pequeña no paraba de decir: salven a mi papá que esos hombres malos se lo llevaron. Me costó trabajo enorme calmarlas y de alguna manera que ellas pudieran entender lo que estaba sucediendo. Las niñas aman entrañablemente a su papá, lo conocen, saben que es un hombre honesto y de muy buen corazón; aquel secuestro era algo que no podían asimilar, sobre todo porque sabían que esa tarde él la había reservado para ellas.

Tragando buches amargos y sobre todo mi indignación -porque no oculto que ante todas estas arbitrariedades y despotismo me indigno profundamente-, llevé a las pequeñas hasta Remedios, caminé con ellas y resalté la figura de su padre. De algún modo mi pequeña Rachel se apropió de mis palabras y luego no paraba de decir: si esos policías vienen a buscar a mi papá aquí a la casa, yo les voy a decir que lo dejen tranquilo porque mi papá es un hombre libre. No sé si mis hijas han entendido a cabalidad ese mensaje, pero la libertad es nuestra y nosotros somos de ella, y así espero que crezcan ambas sabiendo que no hay sistema humano, ni cuerpo represivo, ni dictadura, ni dictador, ni tiranos que puedan impedirnos ser libres.

Agentes de la Seguridad del Estado que secuestraron al pastor Mario Félix_cortesía de Yoaxis Marcheco

Regresamos a la casa a esperar por la suerte de Mario. No sabíamos a ciencia cierta para dónde lo habían llevado. Caibarién y Remedios quedan en la misma dirección y solo sabíamos que el auto patrulla se había dirigido hacia uno de los dos lugares. Un secuestro con todas las de la ley, terrorismo de Estado más que evidente, los ciudadanos son llevados a cualquier parte, ni siquiera los familiares saben a dónde.

Las detenciones pueden ser a cualquier hora, en cualquier sitio, ante cualquier persona, sin explicaciones, utilizando además la fuerza bruta. Qué reprimen, qué persiguen, no a los delincuentes comunes que cada vez son más, sino a los opositores políticos e ideológicos.

A las seis de la tarde de ese día, llegó mi esposo. Mis hijas corrieron hacia él y lo besaron, el alivio era evidente en sus caras. Desde ese momento, un operativo policiaco cercó nuestra casa y nuestro templo, la prohibición de salir se hizo extensiva a mi persona. Solo podíamos llevar y recoger a las niñas en sus respectivas escuelas y siempre custodiados por la policía política. Las Suzuki se parqueaban en la esquina cercana a las escuelas, visibles a nuestras hijas; era el recordatorio para ellas de que aún estaban y la manera de mantenerlas inquietas.

Como en otras ocasiones, nuestros móviles fueron bloqueados por Cubacel, la única empresa, estatal, que gestiona las líneas. Quizás la misma providencia divina permitió que, en algún momento, del teléfono mío pudieran salir los mensajes como vasijas lanzadas al mar de la libertad y que recalaran en el bendito twitter. Así los amigos del exterior tuvieron noticias de nuestra suerte. Pude además llamar a activistas que se encontraban en la misma situación que nosotros, no siempre con mucha fortuna porque los teléfonos de algunos también estaban interrumpidos. Cada noche oramos por los que habían corrido peor suerte, porque habían terminado en las frías celdas.

La cumbre de la CELAC culminó y no aportó nada nuevo al contexto cubano. Nadie mejor que mis hijas la definieron: La CELAC es mala, por culpa de ella se llevaron preso a nuestro papá. La reunión de la CELAC en La Habana ha teñido de vergüenza el paisaje político latinoamericano; su postura cómplice hacia un régimen anti democrático ya la marcó para los siglos de los siglos, amén.

Stanislas Wawrinka destroys Nadal to win The Australian Open!

•January 26, 2014 • Leave a Comment

Stanislas Wawrinka won the Australian Open after destroying an injured Rafael Nadal in straight sets. Rafael felt a back pain after he suffered a humiliating first set 6-3 to Wawrinka. After taking time out in the second it was all downhill for Nadal who lost the final 6-3, 6-2, 3-6, 6-3. Since the beginning of the match Nadal was over powered by Wawrinka’s acurate strokes.

La chusmería: hija bastarda de la revolución

•January 20, 2014 • Leave a Comment

¡“Reagan tiene saya; nosotros pantalones, que tenemos un comandante que le roncan los cojones!” (Consigna revolucionaria popularizada por Felipe Pérez Roque)

domingo, enero 19, 2014 | Miriam Celaya

La Habana despierta temprano y antes de las 8:00 am es un hervidero de voces y movimiento. Trepidan los viejos autos y ómnibus por la ciudad, la gente se aglomera en las paradas y en los contenes, bulle la nueva jornada de supervivencia. Apenas a una cuadra de la céntrica avenida de Carlos III, decenas de adolescentes se apiñan en los alrededores de la secundaria básica “Protesta de Baraguá” dilatando todo lo posible el momento de entrar al matutino. Con independencia de géneros, vivaces, altaneros, irreverentes, casi todos hablan en voz muy alta, gesticulan, gritan de unos grupos a otros, de una a otra acera.

Una estudiante pulcramente vestida y bellamente peinada, se empina sobre sus pies mientras se coloca las manos a ambos lados de la boca, a manera de bocina:

– ¡Dayáááán… Dayáááán! ¡Oye mi’jo, no te hagas el loco… Contigo mismo es, ¿qué bolá, qué p…. te pasa?!

El interpelado, a media cuadra de distancia, se vuelve hacia la muchacha y echa a reír:

– ¡¿Eh, Carla, ¿cuál e’?, ¿se te pegó el picadillo?, ¿Yandi no te quita la picazón y te hace falta que yo te “arrasque”?!

– ¡Ayyyy, papi, ya quisieras. Tú no tienes pa´ eso!

El breve diálogo va acompañado de una gestualidad exagerada, procaz.

Dayán se acerca y ambos se saludan con un amigable beso y mucho manoseo. Se integran a un grupo cercano de condiscípulos que parlotean entre sí. Cada tanto, las palabras fuertes vuelan, como los gorriones matinales de los árboles cercanos. Observo atenta el panorama general. El saludo entre estos jóvenes puede ser una nalgada, un beso o una frase gruesa digna de una taberna de bucaneros, dicha con la naturalidad que imprime la costumbre.

Me acerco al grupo y me identifico como reportera. Quiero hacerles unas preguntas rápidas y sencillas antes de que tengan que traspasar la cerca de entrada de la escuela, les aclaro que no necesito nombres, que no los voy a grabar y que no les haré fotos si no lo desean. Algunos se alejan un poco, por si acaso, pero quedan lo suficientemente cerca como para escucharlo todo. Ninguno quiso ser fotografiado.

¿Dónde aprendieron a expresarte así?, ¿sus mayores se lo permiten en casa y los maestros en la escuela?, ¿han crecido en un medio familiar violento?, ¿qué entenderían ustedes como groserías, o “malas palabras”?, ¿cómo definirían el lenguaje que utilizan?, ¿en alguno de sus libros de literatura o lengua española encuentran ese vocabulario?

Tras algunos titubeos, es el propio Dayán quien rompe el hielo. “Na’, mi tía, normal. Todo el mundo habla así y todo el mundo sabe lo que quieren decir esas palabras. En la casa hay que tener cuidado porque los padres se ponen muñecones si uno dice muchas malas palabras; pero ellos sí las dicen como si ná. Los maestros casi nunca se meten en eso. Eso no tiene nada de malo. Mire, en mi casa no hay violencia de esa. A mí nunca me han dado golpe. Bueno, algún pescozón cuando era chiquito y hacía algo malo, pero ‘normal’, como a todo el mundo”.

Enseguida los demás se atropellan para decir y opinar, interrumpiéndose unos a otros. Todos coinciden en que lo que pasa es que en “mi época” no se hablaba así porque había mucho atraso, menos libertad, pero “eso era antes”. Decir palabrotas ahora es “normal”, (todo un adelanto, diríase). Es verdad que en sus libros no hay ese vocabulario, pero los libros son una cosa y la vida real otra; lo mismo pasa, por ejemplo, en la televisión. Indago un poco más y descubro que ninguno de ellos se ha leído jamás una novela. Menos aún conocen de poesía. En resumen, la vulgaridad no es tal para ellos, sino que las expresiones más ordinarias son la norma.

El timbre de la escuela avisa que va a empezar el matutino y los muchachos se empujan para entrar mientras ríen divertidos. Yo soy, obviamente, una “temba chea”, una especie de anacronismo pasajero de ese día. Algunos, muy pocos, se despiden de mí antes de darme la espalda y alejarse.

Pero así como no todos los jóvenes son vulgares, tampoco todos los vulgares son jóvenes. La epidemia de grosería, que se ha tornado endémica, no es un fenómeno generacional sino sistémico.

Por la tarde salgo a la avenida cercana y bordeo el portal lateral del Mercado de Carlos III, por la calle Árbol Seco, donde diariamente los taxistas se agrupan para sus cotilleos entre un cliente y otro. En la ventanita de ventas toman café o se compran alguna bebida para refrescar las abusadas gargantas. A cada momento las groserías salpican las charlas, en especial en las amigables discusiones a toda voz sobre la serie nacional de béisbol o sobre los precios de los automóviles, cuya venta recién comenzó por el Estado. La adolescencia ha quedado muy atrás entre ellos; muchos peinan canas y otros ya no conservan siquiera canas que peinar.

Le pregunto a un parqueador septuagenario que cubre el área si esos habituales del portal siempre dicen palabrotas tan gruesas o es solo por la emoción del momento. “Eso es normal aquí. Siempre dicen malas palabras, aunque haya cerca mujeres y niños. Ya no hay respeto. Y si les dices algo es peor, así que mejor quédate calladita la boca”. Le aclaro que no pienso decirles nada.

En realidad, si fuera a reprender a todos los que se expresan con groserías tendría que pasar cada día completo regañando y hubiese recibido más de un gaznatón. En Cuba, hoy por hoy, la corrección de las maneras y del lenguaje se consideran una gazmoñería injustificable: impera el aserismo. Pero, ¿cómo y cuándo comenzó todo?

¡Asere, ¿qué bolá?!

Cierto que siempre han existido personas ordinarias y mal educadas, solo que en la actualidad la grosería ha invadido la sociedad cubana, al punto que ya no es posible sustraerse de ella. A contrapelo del discurso oficial que pregona sobre la instrucción y cultura de este pueblo, la vulgaridad –como forma particular de violencia– parece haber llegado para quedarse entre nosotros. Desde las palabrotas más gruesas hasta la impudicia masculinísima de orinar en la vía pública y a plena luz del día, la cotidianidad es cada vez más agresiva.

Si fuésemos a explicar la historia del imperio de la vulgaridad en la Isla utilizando algunos de los vocablos prosaicos que se han ido incorporando al habla cotidiana en diferentes épocas de estos 55 años a partir del igualitarismo ramplón impuesto como política de estado, probablemente solo un cubano crecido en este ambiente podría entender algo del léxico. Quizás el recuento podría sintetizarse así, y perdonen los lectores, solo pretendo ilustrar el caso:

En un principio fue un asere, que asaltó un cuartel con un grupo de ecobios, aunque él salió en pira cuando empezó la balacera. Aquello se puso malito y falto’e frío y los que se salvaron fueron pa’l tanque. Pero como eran unos locotes pinguses, al final ellos y otros moninas que se les pegaron por el camino cogieron el mazo aquí, por sus cojones, le dieron el bueno envenena’o a Batista, que era un punto, y ahí empezó la burumba esta. Se acabaron la fineza y la blandenguería, que aquí todo el mundo es la misma salsa, así que al que le pique que se arrasque, y si no, “tunturuntun”, ¡qué bolá!, ¡y quimba pa’ que suene! ¿Cuál e’?

La generalización del mal hablar y la pérdida de las buenas maneras es ya un rasgo distintivo de la sociedad cubana de estos tiempos, al punto que el propio general-presidente, Castro II, ha manifestado públicamente su alarma por tanta chabacanería. La vulgaridad social, esa suerte de hija bastarda que ahora el régimen se niega a reconocer como propia, ha traspasado los límites del populacho y ha llegado a los umbrales sagrados de sus padres. Y los asusta. ¿Qué tal si un día tanta ordinariez descontrolada se convierte en violencia contra el trono?

Los diligentes pregoneros, por su parte, han respondido de inmediato al silbato del amo. Lenguaje, ¿Las buenas formas se fueron de viaje?, es un artículo donde la periodista oficial María Elena Balán Sainz, tras lamentarse de las malas formas del habla y de los modales que rigen actualmente en Cuba, en especial entre los más jóvenes, se adentra en un análisis sobre el origen del español hablado en la Isla y su parentesco léxico con otros países de la región, sobre la teoría evolucionista del lenguaje, su importancia en la comunicación humana y de su cuidado, por lo que insiste en que “Aunque aparentemente caiga en saco roto, no podemos dejar la batalla por el uso correcto de nuestra lengua, aunque existan tendencias marcadas en los últimos tiempos al lenguaje popular chabacano, en ocasiones con ingredientes vulgares.”

No pudo sustraerse ella misma a los lugares comunes que en Cuba hacen de cada cuestión una “batalla” y donde toda “estrategia oficial” naufraga en estériles campañas, aunque hay que reconocer las buenas intenciones de su artículo. Sin embargo, de su texto parece inferirse que la chabacanería y la vulgaridad surgieron súbita y espontáneamente entre nosotros, sin motivo ni razón alguna, con la misma naturalidad que si fuesen hongos sobre heces de animales en un potrero. Balán Sainz no menciona ni una sola vez la rusticidad soez de las consignas revolucionarias, las palabrotas de los mítines de repudio, la vulgaridad de agredir y golpear a los que no piensan como indica el credo verde olivo, la grosería estimulada y arropada desde el poder para tratar de anular moralmente al diferente.

Aquellas aguas trajeron estos lodos…

Utilizando ahora mis propias palabras para el recuento, diría que en un principio fue la violencia de una revolución social que alcanzó el poder por las armas; que expropió; que expulsó; que sembró las exclusiones por cuestiones políticas, de credo religioso, de preferencias sexuales; que impuso el igualitarismo, condenó las tradiciones, separó a los hijos del hogar de sus padres para adoctrinarlos, fracturó las familias, condenó la prosperidad, secuestró las libertades, sofocó las capacidades creativas y la independencia de los individuos, estandarizó la pobreza, empujó a una emigración infinita que nos asuela y mutila. No puedo imaginar mayor vulgaridad.

Ahora, cuando ya Cuba parece una tierra arrasada, su economía arruinada y los valores extraviados entre las viejas consignas y las constantes decepciones, el régimen se perturba por la grosería y pobreza del lenguaje, que avanzan proporcionalmente con la crisis general del sistema.

Pero en algo tiene razón Balán Sainz, cuando nos recuerda que el léxico es reflejo de la realidad social. A un país empobrecido donde cada día se palpan con mayor acento la frustración, las precariedades de la supervivencia y la tendencia a la violencia, le corresponde un lenguaje pobre, vulgar y violento. Es parte del daño antropológico, tan magistralmente definido por Dagoberto Valdés.

¿Habrá soluciones? Por supuesto, pero tampoco serán espontáneas. Solo el final de la grosera dictadura castrista podría marcar el principio del fin del aserismo en Cuba.

Un Dios Prohíbido

•January 20, 2014 • Leave a Comment

Australian Open: Cibulkova sends Sharapova packing in quarters!

•January 19, 2014 • Leave a Comment

Dominika Cibulkova of Slovakia celebrates a point won against Maria Sharapova of Russia during their fourth round match at the Australian Open tennis championship in Melbourne, Australia, Monday, Jan. 20, 2014.Cibulkova ousted Sharapova in three sets.(AP Photo/Aaron Favila)

Australian Open: Ivanovic advances in an upset over Serena Williams

•January 19, 2014 • Leave a Comment

Ana Ivanovic of Serbia celebrates a point won against Serena Williams of the U.S. during their fourth round match at the Australian Open tennis championship in Melbourne, Australia, Sunday, Jan. 19, 2014. (AP Photo/Aaron Favila)

 
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