Llega a Venezuela la tarjeta cubana del hambre: Hugo Chávez alista su propio sistema de racionamiento

Rafael Román Martel

Venezuela: a pasar hambre se ha dicho. Esta humanidad ha dicho basta y ha echado a andar hacia el hambre y la miseria. Esta es la realidad del comunismo. Por ahí viene la libreta de racionamiento que tanto ha hecho sufrir a lo cubanos, convirtiéndolos en agradecidos de una migaja de pan, de una media libra de harina. Haciéndolos hacer colas de cinco y diez horas para comer una croqueta de piedra y también tener que aplaudir y decir “Gracias Fidel”, mientras el “máximo líder” invitaba a presidentes africanos a comer Carey relleno de fresas.

Uno de los resultados de estar bajo el régimen de la libreta de racionamiento es verse obligado a salir a la calle a buscar comida. Esto implica pararse en inmensas colas bajo un sol que raja el acero hasta que le toque su turno para ver que es lo que queda, si queda algo.

En mis años de niñez bajo el comunismo vi a representates africanos en la pizzería de Varadero comer como reyes mientras a través de una ventana esperaba con mis padres, trás largas horas de la consabida cola, cientos de cubanos esperabamos comer una mísera pizza y en el mejor de los casos soñabamos con un trozo de pollo-ave reservada para días de fiesta en sistemas comunistas-servido por un “trabajador revolucionario” que nos trataba como mierda porque sabía que éramos gente del pueblo y no dábamos propina ni ninguna ventaja que ofrecían los agentes de la policía política de la familia Castro.

Cuando después de cuatro horas los dignatarios de los países africanos comían un suculento pollo. ensalada, y bebían de una botella de vino. Le dije a mi madre: “mira hay pollo”.

Una vez que entramos la obrera amaestrada del socialismo, con la característica cara de perra comunista nos dijo: “lo que hay es “spageti al burro” (i.e) medio plato de mal cocinado spagghetti con un cuarto de cucharada de mantequilla y un diminuto toque de queso, si es que todavía quedaba queso.

Mi madre preguntó por el pollo a lo cual la obrera amaestrada le respondió: el pollo es para los revolucionarios de Africa que hacen”misiones internacionalistas”.

Aquellos africanos estaban acompañados de jóvenes y alegres muchachas cubanas y de otros “dignatarios” cubanos.

Seguramente todos habían sido héroes de misiones internacionalistas o en esos días estaban enfrascadas en importantes misiones revolucionarias al máximo nivel.

Desde luego ninguna de esta gente necesitaba la tarjeta de racionamiento, por lo menos en aquella ocasión. Porque como se decía en Cárdenas: La tarjeta te aprieta. Y muchos de los que gozaban de los excesos de la nueva orden en los años 70 se están comiendo un cable hoy en Cuba o están en Miami, orgullosos de su condición de gusanos, pero si tener que hacer colas ni preocuparse de la delirante tarjeta de racionamiento, una de las torturas favoritas escogidas por el comunismo para esclavizar a los pueblos.

Las colas, la desesperación por saber qué puede uno comprar en la tarjeta o qué no puede comprar, aunque tenga el dinero ocupa la mayor parte del tiempo del pueblo, el cual, teniendo que estar constantemente pensando en qué va a comer día a día, poco tiempo y energías le queda para enfrascarse en lo que en el comunismo son conceptos abstractos, como la libertad, por ejemplo..

Las broncas por los primeros lugares en la cola y la corrupción en comprar a “revolucionarios” que por un par de dólares venden turnos y no marcan la tarjeta ha sido y es parte de la Cuba igualitaria, proletaria, socialista y castrista por 51 años.

Ahora los venezolanos serán sometidos por la tarjeta, generosa representante del fracaso económico de la dictadura de Chávez.

Toda esta cola y todo este jelengue era para huirle a la tarjeta de racionamiento, la cual no daba para comer ni para una semana del mes, Lo que quiere decir, en rigor, es que la mayor parte del socialismo o comunismo es mentira y la otra es hambre y clasismo, basado en méritos, chivatería y maldad que inmutablemente se hacen cómplices de vender la gran mentira.

Uno de los testimonios más feacientes de la mentira y la arrogancia comunista está plasmado por el escritor pre-fabricado Norberto Fuentes en el libro “Dulces Guerreros” (Bla Bla), en el cual escribe que mientras el pueblo de Cuba pasaba la miseria más paupérrima él y sus compinches colgaban su dignidad de las manillas de sus relojes Rolex, mientras comían y bebían en los mejores restaurantes de La Habana, se daban baños y masajes en los ballús de la más asquerosa burguesía, reservados para la oligarquía bolchevique castrista.

Después de leer dos capítulos de esta asquerosidad regalé el panfleto de unas 300 páginas a una vieja cubana en un Motor Vehicles de New Jersey cuando la empleada, de origen cubano, se percató e intuyó qué estaba leyendo aquel mamotreto tan atentamente agraviado. Seguramente vio la pesadumbre en mi rostro tras leer aquellas páginas.

Una Vez que gustosamente le entregué el libro en las manos pasó a decirme: “yo lo conozco a usted”. Segura y desafortunadamente confundiendo la foto de Fuentes, quien también llevaba una especie de bigote, con la mía que aparecía en artículos de periódicos locales del área triestatal.

¿Es este su libro?, preguntó.

Era un insulto imperdonable.

“No señora ese no soy yo, pero le regalo el libro”, contesté.

El libro de Fuentes-una vez amigo, confidente y bufón de la familia Castro-las colas, la miseria y el hambre, de la cual él también escapó ignominiosamente, son parte de la verdad del comunismo, que promete milagros y cumple calamidades.

Fuentes es hoy un exiliado más que se ha acogido bajo la manta del imperio. Según él mismo, la amistad con el mafioso Tony de La Guardia, el general Ochoa y otros, lo hizo caer en desgracia ante los ojos del Comandante en Jefe y su temible hermano Raúl.

Esto es parte de lo que le espera a la gran nación sudamericana.

Las colas, la corrupción, la igualdad marxista siempre de parte de sus dueños: los comunistas cubanos.

Desafortunadamente, esto es sólo el comienzo para Venezuela.

Qué pena nos da ver lo que va a suceder a tanta gente buena y valerosa que todavía no se percata de la increíble maldad del comunismo y de como Hugo Chávez a vendido a La Gran Venezuela a los intereses de la Cuba comunista y su maquinaria de destrucción, de la cual han huído más de dos millones de cubanos.

Muchas son las historias de sufrimiento y de humillación por las tarjetas de racionamiento en Cuba.

Como hemos escrito hace un par de años, a Venezuela no le espera nada mejor.

Aqui la nota publicada en Diario de Cuba:

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, anunció este miércoles su intención de implantar un sistema que limitarán la compra de alimentos en los mercados estatales para, según dijo, contener el creciente consumismo de la población y profundizar así su “revolución bolivariana”, informó Europa Press.

El mandatario ha anunciado la próxima entrada en funcionamiento de una especie de tarjeta de crédito a la que ha bautizado como “cédula del buen vivir”. En ella se registrarán las compras realizadas en los supermercados estatales, con la fecha, la relación de productos adquiridos y las cantidades.

Chávez explicó que cuando los compradores acudan a la red estatal de mercados podrán presentar la “cédula del buen vivir” a la hora de pagar. De “allí te van a descontar”, dijo, reportó EFE.

La idea es promover “el consumo necesario”. La nueva tarjeta “no es para promover el consumismo, sino para comprar lo justo”, añadió, sin más precisiones.

La oposición venezolana no ha tardado en denunciar la medida como un nuevo paso hacia la “cubanización” del país y una prueba del fracaso económico de Chávez.

El Banco de Venezuela será el emisor de las cédulas, que estarán adscritas a las cuentas nómina de los trabajadores, informaron medios locales.

El presidente del Banco de Venezuela, Humberto Ortega, dijo que dentro de 15 días serán habilitados los terminales electrónicos para estas tarjetas en los centros de abastecimiento público.

Añadió que las cédulas serán utilizadas por las personas que tengan cuenta de nómina y cobren su salario a través del Banco de Venezuela. Las tarjetas tendrán una financiación a 24 meses de plazo, con una tasa de interés inferior a la de la banca privada.

Aunque el gobierno no anunció la fecha en la que entrará en vigor del sistema, Chávez dijo que es una de las medidas que el Gobierno adoptará a partir del próximo 26 de septiembre, cuando se celebrarán las elecciones legislativas en el país, en el caso de que renueve su mayoría en la Asamblea Nacional, para “profundizar la revolución bolivariana rumbo al socialismo”.

Venezuela vive su segundo año de recesión —la caída fue de 3,5 por ciento del PIB en el primer semestre del año—, tiene la más alta inflación de la región —18 por ciento— y sufre desabastecimiento de los productos básicos alimenticios, informó el diario español ABC.

La producción agropecuaria nacional ha caído en más del 50 por ciento. La patronal Fedecámaras ha denunciado que las expropiaciones e invasiones de fincas productivas que han afectado a más de dos millones y medio de hectáreas, han provocado el abandono de la tierra. “Ya nadie invierte ni produce”, por lo que el país se ve obligado a importar alimentos.


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