Las isla que sus hijos no olvidan

Es difícil imaginar para cualquier ciudadano del mundo en que hoy nos encontramos que un estado- con toda la fuerza que esto implica- le prohíba a un grupo de ciudadanos reunirse libre y demócraticamente. Para nosotros, los dos millones de cubanos que nos encontramos en diáspora por el mundo, un suceso de esta índole es algo totalmente comprensible, más que comprensible es algo empírico. Esto es lo que esperábamos el 20 de mayo de 2005 en Cuba y en parte sucedió. En La habana se celebró La Asamblea para Promover La Democracia, aún asi, miembros de la prensa europea y delegados de provincias fueron detenidos.

Hoy en Cuba el hecho de que un grupo de cubanos se reunan democráticamente no es sólo un reto, un desafío, sino que esto conlleva a que sus propias vidas corran peligro.

No es extraño para los que lo hemos vivido el yugo opresor de la dictadura. Pero imaginemos la reacción de un grupo de norteamericanos o franceses, o, incluso, miembros de las nuevas generaciones de la Europa del Este, cuando se les trata de ilustrar como un ser humano vive en el temor de que el estado le impida un acto de libre asociación por el simple hecho de mantener la fachada de un ideología. Esto ocurría en Cuba hasta hoy.

Los valerosos cubanos que llevaron a cabo está reunión han marcado un importante pauta para la democracia. Imaginemos que un acto celebrado en Los estados Unidos sea catalogado por un funcionario como un acto en contra de la nación américana o que por la fuerza del poder estatál paremos todos en la carcel por expresar nuestras ideas. Esto ocurría en Cuba hasta hoy porque lo cruel-ridículo fue tomando una forma grotesca en nuestra tierra.

Esto no significa que este es el final de los arrestos ni la presecusión política, pero no podemos descartar la importancia de este hecho por el que ha estado luchando por casi medio siglo.

Pero la incertidumbre del terror siempre está a un paso en Cuba. A un toque de puerta en la madrugada. A una denuncia. A una nueva ley draconiana.

Aunque celebremos con nuestro incansable espíritu la seudo independencia de nuestra patria un año más de este exilio, la realidad, a menos a mi, me golpea mucho más fuerte. Quizá nos vayan ya pesando estos años siempre anhelando que el próximo celebremos un verdadero 20 de Mayo. Sí, es extremadamente hermoso ver como el cubano ha mantenido la llama nacional a través de las generaciones. Es un triunfo que los cubanos se hayan podido reunir por primera vez de esta forma en una fecha tan señalada. Es tema de orgullo ver como hemos progresado en este país a pesar de los exilios: los internos y el evidentemente externo. En casi todos los rincones del mundo se encuentra en diáspora el cubano. En casi todos los rincones del mundo los cubanos celebramos esta fecha. Es de particular orgullo ver como los nuestros que ha alcanzando lugares prominentes en la democracia y con estos ejemplos, de tantos cubanos, nos alimentan y nos mantienen esa llama azul que llevamos los que no olvidamos a los nuestros.

No obvio las importantes causas que me mueven a celebrar. Pero la realidad me golpea, otra vez. Al mismo tiempo que celebramos esta victoria democrática, hoy en Cuba se tortura, se asesina, se ultraja, se reduce al ser humano a su mínima expresión, siendo el diabólico objetivo de un hombre el denominador común de tantas vidas perdidas, de tanto sacrificio corporal y espiritual, de tanta oscuridad.

Sueño con un día que, quizás, jamas veré, dónde los cubanos se unan en un verdadero abrazo democrático total, dónde las madres sean redimidas de sus largas y espesas lágrimas, dónde los niños lleven el uniforme de la libertad. Sueño con una Habana, que apenas conocí, dónde la palabra soberanamente se funda con el aire tropical, ese aire tropical que también lleva en el alma el cubano. Sueño con la nación que aprendí de Martí.

Estos sueños que, estoy seguro, compartimos todos los cubanos bien nacidos, emanan de una fuerza superior: el fulgor libertario, el espíritu de independencia, de individualidad, de superación que ni 46, ni cincuenta, ni mil años de comunistas, ni de dictadores podrán jamás apagar.

El 20 de mayo del 1902 dábamos los primeros pasos hacia la formación de un estado civil y democrático. Sí, éramos, en parte, el resultado de la ambición de una potencia. Sin embargo, la mayoría de los cubanos mantenian una firme esperanza que Cuba iría en pasos seguros a la autonomía. Todos estos sueños se fueron estrellando en varios espejos que reflejaban el grotesco rostro de la intransigencia y de la ambición, pero jamás podíamos haber imaginado que un siglo después no podemos contar los que hemos perdido en el mar, los que han caído en las llamadas “misiones internacionalistas,” que -con exactitud- no sabemos cuantos han caído ante el paredón de fusilamiento. Podríamos enumerar en una larga lista los efectos que ha causado ese hombre en 46 años. Lo que jamás podremos calcular con precisión, lo realmente inmesurable es la profundidad y el impacto de nuestra catástrofe.

Entiendo que en la mayoría de los lugares que se celebra esta fecha, los oradores hablan del alto nivel social, económico, y político que llego a alcanzar nuestra isla, a veces exagerando un poco, otras veces con nostalgia, siempre con verdades. Permítanme libremente expresar que yo limito mi celebración a realidades. Celebro la valentía y el ejemplo de los presos políticos cubanos. Celebro la entrega de los mambíses. Celebro a los cubanos y a las cubanas que, a pesar del corto tiempo de nuestra inmigración, continúan inspirándonos con sus logros. Celebro a la mujer cubana, que tan decorosamente ha llevado esta cruz con nobleza. Celebro la presencia de los que hoy alzan su voz de apoyo a los que han tomado medidas tangibles hacia la democracia porque dan testimonio de convicciones nacionalistas. Celebro a los optimistas que tanto necesitamos, sobre todo, oro y alzo la palabra para los que hoy, por atreverse a soñar con el 20 de mayo que merecemos, estan dispuestos a pagar el máximo precio en Cuba: la isla que sus hijos no olvidan.

NJ 5 20 05


One Response to “Las isla que sus hijos no olvidan”

  1. Muy buena la pagina. Siento nostalgia de my Cuba a los 81 anos y me gustaria saber los nombres de todos los club nocturnos de La Rampa Habanera en el 1958, antes de la catastrofe. Gracias si alguien puede complacerme. Richard De La Rosa e-mail rick032127@aol.com

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