Hillary Clinton

Que tira el jarrón y el cenicero
Que Clinton agacha la cabeza
Que nació en Arkansas y vive en la Casa Blanca
Que no sabe nada de New York
Que no ha sido electa para nada…

¡Qué importa!

Con este resumé es más que suficiente
para ser senadora por el estado de Nueva York

sino todo el mundo a correr…

¡PORQUE LE DA LA PERRETA!

No es ningún secreto que Hillary Clinton es una mujer fuerte de carácter. En la Casa Blanca se han suscitado varios episodios en que Hillary le ha tirado objetos al presidente y le ha gritado todo tipo de improperios usando un lenguaje digno de reclusos de una institución penal. Tampoco es secreto que Clinton es un niño travieso. Su gusto por las mujeres toma un segundo lugar a cualquier otra prioridad. El hombre desaparecía noches enteras de la Casa Blanca, tenía affairs con un extenso número de mujeres, algunas de éstas-como Paula Jones-salieron a la publicidad, por razones de intereses políticos, propios y ambición de fama. Todo esto se sabía, se publicó en detalles. Pero la bomba de Monica Lewinsky fue el colmo. Hillary aguantó como toda una mujer. Pero mujer al fin, Hillary no olvida. En días pasados declaró en una entrevista que las travesuras de su marido con Mónica no eran más que “un pecado de debilidad”. “Ah, esa es una de nosotras”, suspiraron las feministas, quienes, sin dudas, harán lo imposible para que Hillary gane las elecciones en el estado de Nueva York. Hillary le tira esta deliciosa dócil de veneno maternal a su marido con la esperanza de que miles de mujeres, que han estado o están en su situación, se solidaricen con ella y vayan corriendo a las urnas el día de elecciones a votar por su compañera de infortunio. Detrás de Hillary está la maquinaria del partido demócrata, los grandes inte-reses que le deben favores a su esposo, el apoyo moral de las mujeres y su careta multicolor de gente buena, de madre, de esposa que lo aguanta todo, de “una de las mujeres más inteligentes de Estados Unidos”, de abogado estrella, etc. Ese es en sí, su resume para ser senadora. Su historia política no la califica precisamente para competir con los logros de “Rudy” Juliani.

Hillary demandó la jefatura del Sistema de Salud del país en plena campaña, como recompensa por mantenerse al lado de su esposo en pleno escándalo de Jennifer Flowers. Sus radicales ideas de tarjeta nacional, igualdad para todos, etc. fueron un fracaso. Lo crítico es que, después de las negociaciones, el sistema de salud está peor que antes; con todos estos HMO’s y los médicos que atienden a demasiados pacientes al día, como si la medicina fuera asunto de números, no de calidad. Hasta ahí hemos llegado con sus proposiciones de salud. Después de la “reforma”, que fue mitad, sin solucionar ningún problema, la medicina, que en este país es un negocio, se convirtió en un super negocio. Todo el mundo puso una clínica. Hay un millón de HMO’s. Y al final, las condiciones no han mejorado, al contrario, han habido múltiples casos de fraude, abuso del Medicaid y Medicare, de malpractice y los médicos que trabajan para estas clínicas no dan a bastos. Los hospitales, que en muchas ocasiones trabajan en complicidad con las clínicas, se han dado a la tarea de hacer de las operaciones un sistema de “fast food service.” Todavía no lo han terminado de operar y ya lo ponen en la calle. Todos estos cambios nacieron de la terquedad de Hillary, de que tenía que ser ella la que revolucionara el sistema de salud. Dentro del marco personal, a Hillary le dieron varias perretas durante todo este tiempo de frustrantes negociaciones con los senadores y congresistas envueltos en esta em-presa.

Cada vez que Clinton hace una de las suyas y Hillary suelta humo por las orejas esto tiene un precio, generalmente pagado por los ciudadanos de este país. Hillary no es boba, (revisen el escandalo de White Water en los libros Unlimmited Access y High Crimes and Misde-meanors) y cada vez que tiene que aguantar uno de los deslices de su esposo, eso tiene un precio. Lo tuvo cuando el escándalo de la señora Flowers. También cuando el de Paula Jones, Kathleen Willey, Sally Perdue y otras. Y ahora tiene cogido al presidente por el cuello con el episodio de Mónica. ¿Qué pide la primera dama? Ser senadora por el estado de Nueva York. ¿Qué jamás a vivido en Nueva York? No importa. ¿Qué no posee el background ni el conocimiento para representar a uno de los estados más importantes de los Estados Unidos? No importa. ¿Qué ha demostrado ser una persona que en privado se deja llevar por su volubilidad temperamental, por su radicalismo, por su afán de poder y su necesidad de reverencia? No importa. La señora quiere ser senadora y Clinton no tiene otra salida-por su propia “debilidad de carácter”- sino apoyarla.

Le fabricarán un fabuloso record político. Según los magos de la publicidad y los jefes de campaña, hará maravillas en Nueva York. Será presentada como la mujer del 2000. Y muchos se tragarán el cuento. Después de todo Rudy Juliani no posee ese encanto, ni está casado con el presidente. y aunque tiene una careta tipicamente política, no se acerca a la de Hillary, mucho más sofisticada. Aunque Juliani haya hecho milagros en la ciudad de Nueva York. Aunque su record político y administrativo como Fiscal General de New York sea intocable, es más, brillante, le será difícil ganar esta campaña, a no ser que los votantes se enfoquen en los records y no en la publicidad que viene como un ciclón detrás de Hillary con una corona para hacerla reina de los pobres, de los que más necesitan, una mujer independiente y capaz de motivar a todas las mujeres para lograr el éxito. Ella-como su marido-“siente tu dolor .”

Para Clinton la cosa es más seria. Como marido está en la cuerda floja, han sido muchas la humillaciones. Como ser humano que conoce la velicosidad de su compañera, jugará todas las cartas en poner a Hillary en una silla del senado, porque en caso de perder las elecciones nadie sabe lo que a Hillary le dé por hacer, escribir un libro, por ejemplo. Pero con toda seguridad, si a Hillary no le queda mucho espacio para aguantar otro escándalo, a Bill Clinton le aterroriza el tener que aguantar otra perreta de su inteligente y beligerante esposa.


One Response to “Hillary Clinton”

  1. Rafael,

    I know you don’t like Hillory, but Obama is a socialist!!!
    Once he gets the nomination we will see the truth about him
    front and center. Sadly,
    McCain is going to be our next president.

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