Estado de confusión

por Rafael Román Martel

De acuerdo al presidente de Estados Unidos el sexo oral no es sexo. Aparentemente el señor Clinton vive bajo la impresión de que solamente un acto consumado de penetración pudiera ser calificado como sexo, pero es muy posible que esto es un concepto abierto al debate, porque aún bajo esta especificación, existen aspectos técnicos que se prestan al análisis y consecuentes razonamientos semánticos que podrían negar una conclusión de corte popular. O sea, según la tésis del presidente, en lo que refiere a la definición del sexo, el lesbianismo-por ejemplo-caería bajo el marco de: relación afectuosa con contactos físicos no-sexuales.

Vivimos en la época de los abogados. Es preciso ser hijos de la época; de esa forma quizá entenderíamos mas claramente al presidente. Una mentira no es una mentira. Es una variación de la realidad que puede ser interpretada dependiendo de la situación en que se exprese. “Es” puede que sea el presente indicativo del verbo ser o la medida en que el ser humano “es”, en un contexto filosófico, que caería bajo la examinación de los abogados, quienes al final, acomodarían la definición apropiada a la palabra. Dicha definifición puede estar influenciada por el medio ambiente y presiones ulteriores, causas que, probablemente, han obligado al individuo a desligarse del citado término. Bajo estos conceptos cuando Shakespeare escribió “Ser o no ser” podría estar hablando de la existencia de los planetas. Lo cierto es que si seguimos asi, la gente de Webster y otros diccionarios va a comenzar a tener problemas. Según las expresiones del presidente, un consistente ejercicio de ambigüedad en la comunicación es la forma correcta de hablar de cualquier cosa sin decir nada en concreto. Sus actos pasan a ser pseudo realidades ahogadas en un trabalenguas donde el país se entretiene discutiendo en el vacío. No obstante, indaguemos aún más en el asunto. Teniendo en cuenta que el presidente fumó mariguana, pero no se tragó el humo-por lo tanto no “fumó”-es inevitable cuestionar si tuvo relaciones sexuales con Mónica Lewinsky existiendo un contacto oral pero no una total entrega física con ánimo de concebir. Clinton ha admitido que tuvo relaciones “indebidas” pero no se ha aclarado la intención lícita de la palabra que establece la normalidad del lenguaje en eso que llaman “ley”.

Son muchos los que hablan de la honestidad del presidente. Basado en esto, podemos-al estilo de desenlace Corín Tellado-llegar a la féliz conclusión de que el Sr. Clinton le explicó a Mónica, con lujo de detalles, los aspectos legales más complicados de la “relación” que quizá existió entre los dos, antes o durante el desarrollo de ésta. Mónica es mayor de edad y ha admitido que “tenía sentimientos” por el presidente. Aún con las explicaciones de Bill, ella consintió a cierto contacto físico dentro del marco no-sexual. Por otra parte, Clinton habría conversado con la primera dama sobre el asunto, acentuando que su relación con la joven estudiante era una relación amistosa con matices de orden físico no-sexuales. Si esto “es” como “es” entonces ¿Cúal es el problema? ¿Por qué está el país encerrado en este debate hacia la nada?

Más difícil se hace tratar de explicarle a los niños este patrón de inconsistencias. Cuando el presidente miente a todo el país y al resto del mundo, y la mentira se transforma en un collage de disquicisiones cuyo fin es amparar sus actos, cualquier ciudadano que está acostumbrado a “mentir”-según la interpretación reaccionaria de la palabra-no debe ser culpado de cometer algo incorrecto, siempre y cuando encuentre una justificación irrazonable pero persuasiva o un laberinto lingüístico con que defender lo que ha dicho. Esto no es nada difícil, todo lo que la persona en cuestión debe hacer es calcar las variantes y atenuantes de materialismo dialéctico que el presidente y sus defensores ejercen a toda hora. Quizá en el esfuerzo de “reinventar” el gobierno Clinton ha alcanzado otros grados de reformación social como “reinventar el lenguaje”, por ejemplo. El caso es que esto puede crear un clima de confusión entre los más jóvenes de nosotros. Yo, que soy prácticamente un niño, estoy bastante confundido. Si toda esta algarabía tiene como finalidad confundir para escapar de una resolución nefasta para el presidente, podríamos concluir que algo siniestro hay en todo esto. Aún asi vacilamos ante el enjambre verbal que nos han inyectado por los últimos meses. Quizá la primera dama tenga razón cuando repite que esta situación ha sido provocada por los monstruos de la extrema derecha o cuando exclamó que esto había sucedido porque ellos nacieron en Arkansas. Estas inteligentes observaciones deben ser motivo de profunda reflexión para todos los norteamericanos.

Un inmenso signo de interrogación abriga la integridad del presidente, no hay dudas. Pero debemos ser más comprensivos cuando se trata de sus manifestaciones sexuales y sus interpretaciones de las mismas. Existe la posibilidad de que Clinton liderea una revolución moral, donde los términos legales determinen los aspectos más íntimos del sexo. Algo queda en claro: si todo este embrollo se armó porque el presidente no tuvo relaciones sexuales con Mónica, sólo podemos imaginar lo complicada que debe ser la relación sexual con Hillary.


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