El puñal de Sal Vega

Rafael Román Martel

West New York Mayor Silverio “Sal” Vega will face a recall effort from the people of West New York.


Alguien le hunde un puñal en el corazón. La mitad del puñal, diríamos un 47%, lo hiere y usted levanta los ojos retorciéndose del dolor, Ahora en total estado de shock puede ver a su asesino en potencia que lo observa tranquilamente, sus ojos llevan una especie de trasnoche, de desvelo químico, de fríaldad calculada.

Usted se queja, pregunta: ¿Por qué? “Miramos todo con optimismo hacia el futuro” -contesta el hombre impecablemente almidonado, limpiándose la sangre de las manos- “Ahora yo estoy trabajando para que todo mejore”.

Usted no comprende pero la angustia le nubla los ojos y el nivel de compresión se ha confundido entre la puñalada, la incapacidad, el dolor y ahora la figura de su asesino que parece intentar persuadirlo a favor del crimen del que usted es víctima.

Incapaz de moverse, usted le pide que le saque el puñal. “Estamos trabajando en eso”, le contesta con el celular en la mano y un pañuelito en la otra. “Mire, si todo sale bien yo le podré sacar el puñal un 19% para el próximo año. Eso le dejará solamente un 28% del acero en el corazón y todo estará mejor”, procede a decirle con una sonrisa cuando llega una ambulancia. “Además ya llamé a la ambulancia y le expliqué a todo el mundo que yo no he sido el culpable de este “accidente”. Oh, se me olvidaba un pequeño detalle-se interrumpe-mientras trabajo en “esto” puede que tenga que enterrarle el puñal otro 9%, y muy importante, está totalmente prohíbido quejarse, ni se le ocurra protestar porque primero se lo negaré y cualquier gesto de protesta le puede costar su empleo o algún otro tipo de castigo. Usted sabe que la administración tiene las manos largas”.

Ni los paramédicos le pueden sacar el puñal, que colgará de su pecho hasta que usted y los miles de afectados por el puñal de Sal Vega logren sacarlo del poder para que jamás pueda abusar del pueblo de West New York. Le ha subido los impuestos a su pueblo un 47% y la única respuesta que tiene es que “Va a trabajar para mejorar las cosas”.

Mientras tanto camina usted con su dolor y el puñal un 47% adentro del corazón de su billetera, un 47% de impuestos que Sal Vega le quitó a usted y a sus hijos, a los ancianos y los jóvenes, para él y sus amigos seguir subiéndose los sueldos y fiestando.

Con la impotencia de no poder sacárselo y como si estuviera en Cuba, se le pide que aplauda a su verdugo, usted busca una solución, una respuesta, una salida.

Aparece finalmente un médico. Está dispuesto a ayudarlo. Tiene en sus manos la solución y está totalmente capacitado y decidido a erradicar el mal, a curar la herida, a destruir a su asesino, a borrar la infección.

En West New York ese médico se llama Dr. Felix Roque y la única pregunta que enfrentan los residentes de West New York es ¿en qué medida ayudarían al doctor? Porque no hay dudas que la única solución para lo que le está ocurriendo a este pueblo trabajador es una intervención urgente y radical: un recall

* This article will be translated and published in English very soon!

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