Detrás del abanico

Rafael Román Martel

Algo raro está pasando en el país más europeo de la América Latina (término abstracto dependiendo de la ideología o el dictador de turno). El país de las Madres de La Plaza de Mayo está en manos de una mujer, que su vez es la mujer del ex-presidente. Los argentinos votaron por ella porque con una mujer asi en el poder dos cosas vitales ocurrirían, o mejor tres: la corrupción sería cosa del pasado, Argentina volvería a ser la superpotencia que siempre ha vivido en la mente de sus ciudadanos, y por último, pero no menos importante, el país estaría a la par con los Estados Unidos, que seguramente eligirá a la primera mujer presidente, que también a su vez era la mujer del presidente, pero ya no tendría chiste porque Argentina lo habría logrado primero, o sea Argentina, una vez más, derrotaría al imperio-que es como se llama ahora este país.

Todo estaba fríamente calculado. Kischner le pasa la batuta a la primera dama, los dos juegan la mundial de la acrobacia diplomática, son anti imperialistas sin dejar de ser europeos, con parte de la nueva ola que sacude al mundo-la revolución bolivariana, sin tener que vestirse de indios ni hacer sacrificios humanos. Cuando llegue la hora de venir a Washington ya tenían el libreto para solicitar la correspondiente ayuda, tirarse las fotos con Bush o Hillary, da igual, y al final del plan dejar al país más o menos como siempre ha estado pero con unos cuantos millones más en los bancos suizos-esos suizos se las saben todas, llevan escondiendo dinero desde tiempos bíblicos-para ellos, los millones para ellos-los Kischners desde luego y después lanzarse a gastar lo que ganaron honestamente en la política y a abrir camino para si algún pariente se embulla a seguirle los pasos a la pareja, acción que traería otro río de billetes y más adulación, publicidad, inmortalidad, etc.

El plan aún está en pie. El problema es que la maleta es un mal comienzo para tan buenas intenciones.

¡Y es que a los norteamericanos se les ocurre cada cosa! Miren que inventar una maleta con $800 mil dólares que ha sido-según dicen las agencias de noticias controladas por la CIA y ése siervo de Washington-el New York Times-enviada desde Venezuela nada más y nada menos que para financiar la campaña de la Sra. Cristina Fernández de Kischner. Donde estaba la maleta y a donde durmió y todo eso es demasiado complicado para mi.

Eso se lo dejo a Andrés Oppenheimer, el filósofo que acertadamente predijo la inmediata caída de Castro hace unos treinta años en su libro La Hora Final o algo así.

Volviendo al imperio es que me pongo a pensar y me paso toda la noche rompiéndome la cabeza en ver lo malos que son estos gringos. Y encima de esto-para desacreditar a un hombre de total credibilidad internacional-le hechan la culpa al presidente de Venezuela, el honorable Hugo Chávez, un hombre que se le puede acusar de muchas cosas pero jamás de cometer un error internacional de este tipo. ¡Qué malos son los americanos! Yo creo que fueron Ellos los que me robaron la primera bicicleta que me compré en este país.

Ahora resulta que este asunto es “basura”. Porque la política de los Estados Unidos es la política de la “basura”. La reacción de la recién elegida presidente de Argentina, de 54 años de edad, es una proclamación populista que refleja los consejos del partido que la llevó al poder, el partido peronista, una versión humorística de un partido alemán del siglo pasado. Su despliegue de irónica arrogancia coincide con el mensaje difundido el jueves, 14 de diciembre por ATFA (American Task Force Argentina): “Argentina debe aceptar una negociación con los obligacionistas si espera volver a ser aceptada por los mercados internacionales de crédito y asociarse con las principales economías del mundo”. De manera muy diplomatica ATFA le está tratando de torcer el brazo a la nueva administración argentina para que resuelva su deuda con los prestamistas internacionales, sugiriendo que Kischner utilice $45,000 millones que tiene en reservas de divisas extranjeras.

La retórica anti imperialista también tiene objetivos nacionales que coinciden con los de otros países latinoamericanos: desviar la atención del desastre económico que han causado la pandilla de dictadores, líderes “democráticos”, etc, que han dejado a nuestros países en manos del imperio, que en asuntos económicos no cree ni en su madre.

Es posible que Cristina rebase Maletagate y hasta salga airosa del curioso incidente, después de todo al pueblo con una copa mundial, un campeón de boxeo, o quizá un buen programa de televisión los sábados por la noche, se le maneja con facilidad.

En el peor de los casos, los Kischners, ya amigos de Chávez, pasarían a ser parte íntegra del grupo de Los Chiflados, donde el único inconveniente es la cerrada competencia que enfrentarían.

Por el momento, con un toque de sarcasmo y otro de superioridad argentina, la Sra. Kischner ha comenzado su contra ataque hacia los conspiradores del mundialmente conocido Maletagate.


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