Denuncia de Osvaldo Manzaneira

Denuncia de Osvaldo Manzaneira

Por Rafael Román Martel

El Documento “Yo Soy Testigo” de Osvaldo Manzaneira, presidente en función del Partido Democrático 30 de Noviembre, publicado en lanuevacuba.com , es un testimonio, no sólo de las constantes y crueles violaciones a los derechos humanos que ha practicado la dictadura castrista en contra de su propio pueblo por el derecho inalienable de disentir por razones políticas, sino un acto de conciencia de un hombre que ha transcendido el miedo en honor a la denuncia universal y justa. El Sr. Manzaneira es consecuente con la larga y digna tradición del Movimiento 30 de Noviembre, cuyos miembros, desde su fundación en 1960, han sido fusilados en juicios sumarísimos, totalmente arbitrarios y sin ningún derecho a la defensa, a la que tiene acceso, ya no digamos un activista político en cualquier país del mundo civilizado, sino cualquier criminal común que haya realizado el más despreciable de los crímenes.

Pero Cuba parece pertenecer a otra órbita, a un planeta particularmente ajeno a las más elementales funciones del ejercicio de la libertad humana, aunque Cuba es signataria de la Carta Magna de Las Naciones Unidas.

El primer presidente-fundador del Partido 30-N, Rafael Ibarra cumple hoy condena de 20 años de prisión – de la que ha acatado 8 – por fundar un partido de oposición en Cuba. Ese fue su delito ante las autoridades castristas. Su esposa Maritza Lugo, estuvo presa en más de 30 ocasiones por denunciar las violaciones de derechos humanos. Tanto Maritza como su hija sufrieron las vejaciones ya típicas a que son sometidos aquellos que demandan justicia social en Cuba. La Sra. Lugo se presenta en Ginebra como testigo excepcional de los hechos inhumanos que practican las autoridades represivas de la isla. Los miembros del mismo movimiento que no cayeron con sus hermanos bajo los pelotones de fusilamiento de Fidel Castro, cumplieron condenas desde 12 a 25 años, bajo condiciones infrahumanas, como ha sido ampliamente documentado a través del mundo en documentales, testimonios, libros y prensa libre.

A raíz de los sucesos en la embajada mexicana en La Habana el pasado mes de febrero 2002, las autoridades detuvieron a 7 miembros del PD-30N, los cuales hasta el día de hoy continúan encarcelados sin declarársele causa alguna.

Hoy decenas de periodistas independientes y activistas de los derechos humanos están encarcelados y son torturados física y sicológicamente por el régimen de un dictador que se no se ha cansado de repetir, topando el colmo del cinismo y la maldad: “A ver, yo quiero saber quién me puede decir si en Cuba se ha torturado a alguien.” Lexter Téllez Castro, joven periodista de Ciego de Avila fue recientemente golpeado sin piedad por la policía política cubana y hasta el momento se encuentra encarcelado junto a nueve periodistas y activistas democráticos y pro derechos humanos por participar en una protesta pacífica apoyo a la violación de los derechos humanos de Jesús Alvarez Castillo, periodista independiente de la agencia Cubanet. Ambos fueron salvajemente golpeados por miembros de la Brigada Especial (de la policía), un elemento represivo de corte facista que actualmente practica métodos similares a la Gestapo o a las tétricas NKGV y KGV.

El presidente de La fundación Cubana de derechos Humanos, Juan Carlos González Leiva, continúa detenido en el cuartel de policía de la ciudad de Holguín desde el 4 de marzo. El hecho de que Gónzalez Leiva es ciego y de que su protesta fue totalmente cívica no lo exentuó de ser golpeado en el lugar de los hechos, y mas tarde en el cuartel de policía, causándole una visible herida en la cabeza de la cual sangraba abundantemente. Su esposa acaba de hacer públicos los detalles del abuso a que González Leiva y sus compañeros están siendo sometidos. Ante el maltrato que su esposo y los demás activistas de los derechos humanos han recibido, la Sra. Calderín ha pedido la propagación internacional de estos condenables hechos.

Un caso similar es el de Carlos Alberto Domínguez, periodista inependiende de Cuba-Verdad, quien transmite a través de Cubanet sus noticias sin permiso oficial, apelando a su justo derecho humano de libre expresión. Esto, que es algo totalmente razonable en el mundo libre, es hoy en Cuba un peligro que acarrea las más altas consecuencias. Domínguez está arrestado desde el 23 de febrero en La Habana. Sufre de hipertensión arterial, migraña y gastritis. No obstante, lo mantienen encerrado en en DTI (Departamento Técnico de Investigaciones), “lugar donde – como lo describe el periodista independiente José Antonio Fornaris – se instruyen de cargo a criminales peligrosos.” Su condición física ha empeorado hasta el punto de que ha sido trasladado al hospital militar de Marianao. Su esposa, Maria González, declaró recientemente que lo encontró “Muy mal. Está pálido, ha perdido mucho peso corporal, tiene un extraño temblor en la mano derecha, y se encuentra como medio entretenido.” A la Sra. González se le permitió ver a su esposo por 15 minutos el pasado 22 de marzo. No se le ha instruído cargo alguno, pero según un oficial de la policía represiva, se le están fabricando cargos de “desorden público y desacato.” Causas por demás de falsas, deficientes de evidencia, sin respaldo legal o moral, subrrayadas por el código siniestro del sistema anti-democrático cubano.

A Dominguez se le ha negado incluso la salida del país. El y su familia tienen visas de salida desde junio de 2000. Las autoridades cubanas deniegan sus permisos de salida.

Se acerca Ginebra. Sólo la más repugnante cobardía haría posible a algún país no condenar al régimen de Fidel Castro de violar los derechos humanos, facilmente interpretables de inexistentes para cualquier ciudadano democrátrico.

El documento firmado por Osvaldo Manzaneira, totalmente aceptable en cualquier país civilizado de la tierra, en Cuba es un riesgo de desconocidas dimensiones. Porque nadie que se atreve a denunciar las violaciones del gobierno comunista tiene conocimiento de qué ley está violando. No puede adivinar qué causa será lanzada con el más venenoso espírirtu de venganza y mezquindad en su contra. Lo que sí está completamente claro es que cuando Manzaneira, venciendo el miedo, firma su denuncia, lo hace no sólo por los cubanos. Lo hace en nombre de todo ser oprimido en la tierra. Se hace voz de la conciencia humana. Lo hace en solidaridad con la voluntad general de todos los perseguidos por ejercer sus derechos.

Esto no puede escapar la atención de los asistentes a la próxima convención de Ginebra, ni a los ciudadanos del mundo libre, quienes gozamos de una libertad que tenemos la responsabilidad de defender y ejercer denunciando la privación de ésta a otros que luchan diariamente por alcanzarla.

4/1/2002


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