Del papel y el fuego

III

Está bien que te canses de cambiar mi puerta,
que olvides que un día
tus oraciones tenían una aleación
con mi nombre,
y a través de las rejillas de tu ventana
saberte muy por encima de los pasos ajenos.
Esta realidad poseía un futuro
cortado.
(No lo calculé asi)
Vives la relatividad de los juramentos, la humedad
de todo gesto que significó la desnudez,
la necesidad de purificar tu pasado en mi cuerpo.
No se puede ignorar la búsqueda,
los amantes de un río crecido
o hablar de la niñez con saciedad.
Nuestro futuro,
(un día quizá blanco,
como hoy)
traspasó sus ambiciones.
Está bien que cansados mis ojos
te requieran.
Esta realidad prevalecerá sobre todo esfuerzo.

Del fuego

Atravesar el naranjal,
el agua de la niña que tiembla,
se deshoja, despierta.
Ver a Dios
azul entre las palmas.
Buscar en el sonido que ahogó la palabra
la cuerda y tu voz
arrazándome.
La tarde bajo yagüas,
en el rojo intercambio el deseo y transparente
tu primera voz, tu primera humedad mordida.
En tu juventud se estira el aire.
Buscándonos por no mentirle
a la mujer que nace en mi boca,
aquella niña atravesada que marcó mis huellas
para reiterarme la seguridad en la existencia.
Atravesar tus besos, dejarte en la piel
todo el tiempo que nos robó el tiempo.
Sentir cálido el salitre golpearnos de lejos,
tus ojos y de lejos reir con certeza.
La cintura al borde de mis manos,
una mezcla del olor perfecto.
Bajar a tus labios. Tus primeros labios
abordados en la tierra,
en la sábanas donde vaciamos la inconciencia.
Atravesar el verso:
nubes en tu cuerpo
como gotas.
Atravesar la distancia.
Y qué feliz ignorar la geografía.
Buscarnos cada tarde después de comprender
que todo fue posible menos la saciedad.

Ocean Gates

Por las olas respiran manchas
de lo que ha quedado de la tarde.
Por las olas flotan pupilas
y anclan en metas que esconden
el cuerpo en otras latitudes.
Cuerpo en sal y labio marino,
alguna vez hospedaje del precio común
en las casas auyentadas.

Por el boardwalk se pueden medir
los pasos a la alcoba
y sombras que huyen.
Hasta aquí llega el espanto,
pero tú
me llevarás rodando
del blanco al blanco de la altura y de la noche.
Pero tu me llevarás a tu hermoso dolor
donde mía es la paz de sabernos
otra vez sabor y otra vez aire.
Y sin mirarnos flotaremos en la marea de esto que llamamos vida.
Y sin necesidad de esperarnos al final de la calle ni a las salidas
de la escuela hemos esculpido el bosquejo del alba.

Por las olas tendidas circulan las botellas de los solitarios.
De una algarabía de niños se refugia el día.
Nosotros estamos al borde de las puertas del océano,
pero será otro secreto, una añadidura o un gemido en nuestro album.


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