Cuba y Rusia vuelven a encontrar la musa

Rafael Román Martel

Tradicionalmente los presidentes demócratas han sido blanco fácil de los comunistas y enemigos radicales de este país. Jimmy Carter, un gran ser humano, sin dudas, fue un desastre como mandatario. Tuvo que venir Ronald Reagan en 1980 a recoger el reguero de Carter. Cuando Clinton, una hecatombe de mayores proporciones, tomó posesión de la oficina ovalada, se alborotaron los enemigos de este país. Fue Clinton el que creo las condiciones internacionales para dar paso al ataque de las Torres Gemelas.

Mientras el partido demócrata se preocupa más de la economía, del beneficio de las clases trabajadoras y de asuntos sociales, los repúblicanos han sido más eficientes en hacer frente al peligro potencial y siempre latente que amenaza la democracia.

Asi se aproximan las elecciones presidenciales y Barack Obama se mantiene al frente en las encuestas, los enemigos de la libertad comienzan sus tenebrosas reuniones y planes. El sueño de apoderarse del botín nunca muere. Sentados en la posibilidad de humillar a los Estados Unidos en un delirante sabroso, sacan los baberos, los palillos de dientes y sueñan en voz alta. Hugo Chávez, el payaso peligroso, y Putin, ex presidente-y ahora algo de eso-de Rusia se reunieron y de esta feliz reunión salieron varios “acuerdos”, uno de los negocios tratados fue el apoyo a Cuba, la restauración de las excelentes relaciones entre Cuba y Rusia cuando la USSR tenía a Cuba como colonia-finca, en la época del dictador Fidel Castro.

Ahora, con los “cambios” que traen alegría para los gays de Cuba, cuando Marielita Castro, hija del oligarca Raúl, hermano de Fidel, ha sido proclamada Compañera Sexo 2008 y se han instalado los 99 Cent Stores, se trata el asunto de colaborar con mayor intensidad con los rusos, hermanos de Hugo Chávez. El problema es que el poder de Russia es más simbólico que otra cosa. Para los que sueñan con Stalin está dificil quitarse la democracia de la cabeza. Putin, con sagacidad característica, maneja al pintoresco Chávez. Chávez lo abraza, gesticula napoleonicamente, tira enormes carcajadas y deja el billete en Russia. En el billete está el meollo de la nueva ideología marxista. Chávez se sienta con Putin y compra, esta vez son armas, pero a Putin le da lo mismo si son tanques de guerra o muñecas rusas. Lo importante es que el “indio” compre y se comprometa-a nombre del la hermandad de los pueblos- a darles pétroleo, galleticas, lo que sea. Es la conquista del capitalismo en el ejercio más brutal de la nueva sociedad de consumo, en pleno ejercicio de sus enemigos

Sale Chávez de Rusia con un saco de promesas. Corre a Raúl Castro y le suena la perorata de que si los rusos le dijeron, que si ahora con Obama se abren las posibilidades, que los rusos van a mandar, que le cambió 100,000 barriles de pétroleo a Putin por un reloj que Stalin se puso en tal reunión y otras boberías. Raúl Castro no es Hugo Chávez y lo escucha atentamente midiendo cuanto le puede sacar a su actual estado de euforia bolivariana. De ahí sale la probabilidad de materializar la promesa de restaurar las relaciones entre Cuba y Rusia. Venezuela es el moderador porque es el que tiene el pétroleo. Sin billete usted no puede jugar al banco. Mientras Chávez pueda dar pétroleo y dinero es un hombre sumamente importante para los zorros de este mundo.

Vladimir Putin: no joke.

Mientras la mayoría del pueblo cubano espera mayores oportunidades económicas, una minoría sufre en las horribles prisiones comunistas el hecho de haber alzado su voz ante la injusticia. Los malos de la película siempre apuestan a la mayoría que es usualmente controlable y sumisa.

Mientras la oligarquía de los Castro gobierne, abuse y manipule al pueblo cubano no habrán cambios en Cuba.

Mientras hayan hombres como Chávez, inspirados en Fidel Castro, zorros como Putin, oportunistas como Correa, Cristina Kishner et al, la maldad prevalecerá en nuestra América.

Existe una gran posibilidad de que Barack Obama gane estas elecciones presidenciales, sino las gana este país tendría que salir de arenas movedizas después de cuatro años de otra administración repúblicana. La política del partido del gran Abraham Lilcoln ha llevado a los Estados Unidos al borde de un ataque de nervios económico gracias a la ambición desmedidad de las grandes compañías como Exxon, que mientras más gana más quiere.

Por otra parte la esperanza de Obama es una cuchilla de dos filos. Los enemigos de América se afilan los colmillos hacia el lado liberal del senador de Illinois y la tradición demócrata de aflojar en el campo internacional. Y el pueblo americano necesita un cambio que estabilize el desenfreno de un capitalismo arrazante como el que acabamos de ver en las ganancias de Exxon, a costa del duro trabajo y el bolsillo de los norteamericanos. Un cambio generacional es también necesario.

En esta disyuntiva esperan pacientemente los enemigos de la democracia una oportunidad de oro para otra avanzada en nombre de los pueblos oprimidos. Hasta entonces entre éstos mantendrán a Raúl en el poder indefinidamente.


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