Por una Cuba verdaderamente mejor y posible

Por Ernesto Díaz Rodríguez.

No es sorpresa para nadie la convocatoria publicada en días pasados bajo el título “Llamamiento urgente por una Cuba mejor y posible”. Los que amparados en un supuesto afán de libertad para el pueblo de Cuba a través de los años han venido asumiendo actitudes coincidentes con los intereses de la tiranía castrista, no se dan por vencidos de la inutilidad de su estrategia de coexistencia pacífica con quienes los desprecian y humillan. Dentro de ellos puede haber unos pocos ilusos, gente que sin tener conciencia del rumbo ni el destino, van hacia donde sople el viento. Porque a base del adoctrinamiento político de que fueron víctimas los despojaron de reflexionar y asumir actitudes objetivas y dignas. Pero no se puede pensar que la generalidad de estos sublimes pacifistas actúa por simple ingenuidad, ni por inexplicable masoquismo político. Detrás de estas turbias maquinaciones hay una agenda muy bien definida del régimen comunista que desde hace más de 53 años nos oprime, a la que algunos, lamentablemente, en sumisa servidumbre les dan su apoyo irreflexivo. De esta manera, a través de diversas formas de penetración entre los de espíritu débil y los conformistas, se crean expectativas de que sólo por medio de fórmulas de coexistencia con la tiranía es posible un cambio que posibilite el disfrute de las libertades fundamentales en nuestro país. Nada más lejos de la realidad.

Por otra parte están los que sin importarles los sufrimientos y las agonías del pueblo de Cuba, en su enfermiza ambición de enriquecimiento sólo buscan multiplicar su fortuna. Y en la esperanza de que se les dé una oportunidad para realizar sus mezquinos proyectos, asumen posiciones vergonzosas reptando como las lombrices para mendigar espacios entre los tentáculos de la tiranía. Entre ellos, por ser uno de los más enfermizamente apasionados que promueven esta seria de medidas en favor de la dictadura comunista se encuentra el nuevo abanderado del diálogo, el acaudalado Carlos Saladrigas. Desde luego, sabemos qué intereses lo mueven y cuáles son las verdaderas razones que lo llevan a dictar conferencias en La Habana y a estampar gustosamente su firma en tan desafortunado documento. Por su demostrada carencia de escrúpulos y su filosofía de contemporizar con los enemigos de la libertad de nuestro país, no podemos dejar de pensar que sea él uno de los principales promotores de esta nueva conjura contra las aspiraciones a una Cuba verdaderamente mejor, libre de toda opresión, donde no quede espacio para las perversidades, los abusos de poder y los crímenes.

En Alpha 66 reafirmamos nuestro compromiso de continuar luchando con todos los medios a nuestro alcance por el derrocamiento de la tiranía castrista y la erradicación total de cada una de sus corrompidas estructuras. Porque entendemos que no es posible la paz sin justicia, el enjuiciamiento a los criminales y torturadores estará siempre entre nuestras exigencias. Y estaremos presentes reclamando que ni un solo crimen quede impune cuando llegue el momento de sentarlos en el banquillo de los acusados, para que paguen el precio de sus fechorías. Nunca ha sido ni será el diálogo absurdo y entreguista la estrategia que asumamos en la búsqueda de una Cuba libre. Porque no hay forma posible de entendimiento con los asesinos y torturadores de la población cubana, no aceptamos fórmula alguna de claudicación. No es alimentando con brasas de cobardía la hoguera de la indignidad, sino irguiéndonos con el puño cerrado y golpeando en el rostro de los esclavizadores de nuestra infortunada nación, que lograremos los cubanos quitarnos de encima la feroz tiranía. Y por ser consecuentes con la historia que escribieron con sangre generosa nuestros mártires, es que alzamos la voz contra los que tienden sus brazos al vil opresor. Porque sólo así estaremos en paz con nuestra conciencia y seremos merecedores de un destino mejor. No, definitivamente no es el diálogo infecundo lo que nos devolverá la paz a la familia cubana, ni acortará siquiera el escabroso camino que aún nos queda por transitar. Es la intransigencia fértil, única fórmula efectiva, para alcanzar con decoro la libertad que anhelamos. La intransigencia fértil, sin contemplaciones, única vía consecuente con nuestros principios para lograr el triunfo sobre las fuerzas del mal y levantar desde los escombros de la tiranía una Cuba mejor y posible.

Nota: Ernesto Díaz Rodríguez es poeta, escritor. Pasó 22 años en las cárceles castristas, fue condenado a 40 años.

Fuente: Zoe Valdes Blog.

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~ by Rafael Martel on August 10, 2012.

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