René Gómez Manzano: Una cosa es con guitarra…/Rafael Román Martel: Recordando el ataque al Moncada

26 de julio: Comunistas de origen cubano celebran la masacre de enfermos en la clínica del Cuartel Moncada

Fidel castro tras haber sido apresado después que él, su hermano Raúl y otros revolucionarios asesinaron a cuchillo limpio a los enfermos que se hallaban en la clínica del Cuartel Moncada, se muestra disgustado y compasivo, pero los que estuvieron presentes durante su captura cuentan que los Castro se mostraban atemorizados y con una actitud derrotista. Los comunistas, maestros en reconstruir la historia, han logrado fabricar una imagen de un Fidel Castro mítico. La realidad es muy diferente. Mientras los jóvenes que intentaron tomar el cuartel se batían con las fuerzas de Batista, Castro se perdió por las calles de Santiago y llegó tarde.

Llegó tarde también al desembarco del Granma, mientras el 30 de noviembre de 1956 docenas de hombres se inmolaban en Santiago por la libertad de Cuba. Castro y los invasores arribaron el 2 de diciembre, alegando que el mal tiempo lo había retrasado.

Se había protegido bien en medio de la violencia del Bogotazo en abril de 1948. Donde estuvo presente y ha sido un sospechoso de tomar parte del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en nombre de la Internacional Socialista.

En Bahía de Cochinos se subió en un tanque después que la Brigada 2506 había sido abandonada por John F. Kennedy, y los combatientes de la brigada habían sido derrotados por la chusma comunista.

Existe una anécdota sobre este triste episodio en la historia de Norteamérica: un general de tanques de la Segunda Guerra Mundial norteamericano vomitó en frente de Kennedy y los hombres que estaban en el situation room de la Casa Blanca cuando escuchaba los reclamos de asistencia de las fuerzas liberadoras ante la traición del presidente américano.

Sin embargo, estos hombres continuaron peleando con singular valor aún siendo engañados y traicionados por sus “aliados”.

Después Kennedy tendría el cinismo de hacer un acto en el Orange Bowl de Miami, usando a su esposa-la rara Sra. Jacqueline Kennedy-para engañar a los cubanos que aspiraban a ser libre una vez más.

En esta ocasión de Bahía de Cochinos Fidel Castro, tradicionalmente, llegó tarde. Pero su imagen hollywoodense se estableció como verdad. Porque ahí radica la base de la mentira comunista: reinventar la historia.

Siempre hábil, en el Moncada, en la Universidad de La Habana, en Bahía de Cochinos, en el Bogotazo, el actual tirano de Cuba se libró del peligro mediante su astucia, sin importarle jamás la suerte de los que se jugaron la vida por los “ideales” que profesaba.

Mario Chanes de Armas fue uno de estos jóvenes engañados por los Castro. Fue asaltante del cuartel Moncada y expedicionario de la invasión del Granma pero cumpliría 30 años de cárcel después del triunfo de la revolución comunista. Fue borrado hasta de las fotos donde claramente salía de la prisión al lado de Fidel.

Los Castro establecieron desde un principio su naturaleza estalinista. Los juicios estalinistas se esparcieron por toda la isla creando un río de sangre. Cayeron culpables e inocentes. El terror fue el objetivo. Y surtió su efecto que se ha expandido a lo largo de 53 años.

Chanes de Armas cumplió tres décadas de torturas e insultos, porque en las cárceles comunistas cubanas el maltrato es una palabra suave para lo sufre un preso. De los miles que han sido fusilados a muchos se les saca la sangre antes de matarlos. Después se le lleva ante el paredón de fusilamiento a insultos y golpes. Han habido muchos casos en los cuales se le requiere a los revolucionarios patear a los que han sido fusilados, escupirlos en medio de los peores insultos, orinarlos por hombres y mujeres.

Este es el sentido humanitario de los comunistas. El odio total es el motor que los impulsa a cometer estas atrocidades.

Chanes emigró a Estados Unidos donde murió en el 2007.

Jamás cedió en sus convicciones democráticas.

Un hombre decente, un preso político plantado del que no se habla sino en los círculos patrióticos cubanos.

Nadie ha sugerido hacer una película de su vida. Ningún actor ni director ni productor de Hollywood ha manifestado interés por su sacrificada vida.

Sin embargo, la Internacional Socialista se unió con fuerza detrás de la figura de Nelson Mandela, quien ha recibido todo tipo de honores y ha sido abrazado por el mundo gracias a la efectiva propaganda de los comunistas y la estupidez y la ignorancia de la mayoría.

Mandela fue a prisión por, entre otras atrocidades, poner una bomba que mató a 37 personas en Johannesburg. Mandela es un terrorista que organizó una violenta campaña de 1961 a 1962 que dejó decenas de víctimas inocentes.

Chanes de Armas no fue un terrorista. Sobrevivió el ataque al Moncada y la invasión del Granma. Pero no sobrevivió el odio de Fidel Castro y su familia, quienes lo condenaron a 30 años de prisión por oponerse al comunismo, por sentirse engañado.

Es prácticamente increíble el efecto que la conducta castrista ha causado en los cubanos, cuyos padres escaparon de Cuba para salvarlos del comunismo. Algunos han sido ovejas hasta alcanzar algún poder efímero, alguna posición política para demostrar que no son muy diferentes a Fidel Castro y sus esbirros. Gracias a Dios que este es un país donde prevalece la ley, sino hubiesen cometido innumerables crímenes a nombre de sus ambiciones, de su conveniencia, de su perfidia.

Un hombre que fue escolta de la esposa de Batista, Emilio Fariñas, estaba en el cuartel cuando los revolucionarios atacaron.

Lo conocí bien.

Tuve la oportunidad de trabajar con este hombre durante los años 90 en Union City.

Emilio me contaba que los sorprendieron totalmente y se trabó un intenso tiroteo. Una vez que los atacantes fueron diezmados, los soldados se percataron de que a los enfermos de la clínica del cuartel los habían pasado por el cuchillo, degollándolos.

Fue entonces que los batistianos comenzaron a matar a los que habían caído prisioneros.

“Teníamos que vengar a aquellos hombres, nos dimos cuenta que esta gente era asesina. No hubo piedad con muchos de ellos porque ellos no habían tenido piedad ni para los enfermos. Dos mujeres, Celia Sánchez y Haydée Santamaría habían participado del ataque y estaban detenidas. Ellas vieron todo y muchos de los soldados querían acabar con ellas también pero no nos dejaron. Los crímenes que cometieron en el Moncada me hicieron reflexionar sobre la crueldad y la violencia de esta gente”, me explicaba en aquellos años 90 antes de que la familia Castro cometiera miles de otros crímenes hasta hoy, cuando enterraron a otra de sus víctimas: Oswaldo Payá Sardiñas.

“No podíamos tener compasión con ellos después de ver los horrores que habían cometido con los enfermos, inmovilizados en sus camas, muchos durmiendo, les habían apuñealeado con un odio hasta entonces desconocido para nosotros como soldados: era el odio de los comunistas.” Me contó Emilio Fariñas en múltiples ocasiones que hablamos de este tema. “Ellos si llegan a ganar aquél combate no hubieran dejado a nadie vivo, yo no hubiese dejado a ninguno de ellos vivo pero intervinieron otras personas con influencia y los hermanos Castro fueron a juicio, donde Fidel se lució con sus cantaletas. ¡Mira el daño que le han hecho a Cuba!”, me repetía cuarenta años después del Moncada.

En 1953 Emilio Fariñas pasó a ser parte del SIM en La Habana por unos meses, después sería escolta de la esposa de Batista y de su hijo. Siempre hablaba con extrema admiración de la esposa del presidente, Marta Fernández Miranda y me contaba que Batista siempre lo trató con respeto y que a pesar de sus faltas en sus inclinaciones dictatoriales, fue un hombre en todo el sentido de la palabra. Su error, según fariñas, fue desestimar a los Castro, a los que calificaba de ‘bandidos’ en sus más cercanos círculos.

Jamás se puede ignorar la maldad de los comunistas.

Emilio Fariñas logró escapar cuando los comunistas llegaron a La Habana con sus bocas espumosas en sangre. Salió de Cuba con su familia y se estableció en West New York, New Jersey.

Sus dos hijas estudiaron, se casaron, pudo ver a sus nietos crecer en este país y son parte del ejemplo de la capacidad del cubano cuando goza de libertad.

Después de retirarse trabajó en North Hudson Community Action Corporation hasta que vendió su casa en West new York y se mudó a Miami.

No lo vi ni supe nada más de él hasta que alguien me dijo que había muerto.

A sus 70 años conservaba la figura de un hombre que había sido un soldado y se mantenía esbelto y ágil a pesar de su edad. Gracias a la amistad que establecimos y a su confianza en mi es que paso este testimonio de la crueldad de los revolucionarios y comunistas que atacaron al Moncada el 26 de julio de 1953.

Aquí los dejo con este artículo de Gómez Manzano. Expandiré en mis conversaciones sobre El Moncada con Emilio Fariñas en otra ocasión.

Rafael Román Martel

René Gómez Manzano

LA HABANA, Cuba, julio, http://www.cubanet.org –Hoy se cumple un aniversario más del evento que catapultó a Fidel Castro a los primeros planos de la política nacional (el asalto al Cuartel Moncada, en Santiago de Cuba), y parece oportuno recordar un interesante pasaje de La Historia me absolverá, el folleto publicado por él como autodefensa en el juicio por aquellos sangrientos sucesos.

Dice el autor: “Os voy a referir una historia. Había una vez una República. Tenía su Constitución, sus leyes, sus libertades; Presidente, Congreso, Tribunales; todo el mundo podía reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad. El gobierno no satisfacía al pueblo, pero el pueblo podía cambiarlo y ya sólo faltaban unos días para hacerlo”.

Y continúa: “Existía una opinión pública respetada y acatada, y todos los problemas de interés colectivo eran discutidos libremente. Había partidos políticos, horas doctrinales de radio, programas polémicos de televisión, actos públicos y en el pueblo palpitaba el entusiasmo. Este pueblo… estaba orgulloso de su amor a la libertad y vivía engreído de que ella sería respetada como cosa sagrada”.

Por 1953, todo lo anterior le parecía encomiable al personaje, al extremo de que, al expresar la añoranza por la situación político-social que existía en Cuba antes del golpe de estado del 10 de marzo de 1952, se consideró en el deber de referirse de manera pormenorizada a esas manifestaciones concretas de la independencia de los poderes públicos, el respeto a los derechos ciudadanos, la democracia pluralista, el libre juego de las ideas, las elecciones competitivas y el multipartidismo.

Se sabe que —por el contrario—, desde hace varios decenios, el régimen proclama las supuestas bondades de la existencia de un solo poder, la prohibición de ejercer derechos “contra la existencia y fines del estado socialista”, la “dictadura del proletariado”, las votaciones en que el número de candidatos es igual al de los cargos a cubrir, la existencia de una doctrina oficial impuesta desde lo alto y el monopartidismo.

Castro imitó —pues— al personaje de Napoleón en la genial obra de George Orwell Rebelión en la granja. “Cuatro patas bueno; dos patas malo” era la consigna que ese protagonista enunciaba durante su lucha por llegar a ejercer el mando supremo entre los animales. Pero la modificó “de manera dialéctica” y la llevó al extremo opuesto cuando pasó a disfrutar “las mieles del poder” e imitó el andar de los humanos.

El cerdo con vocación de tirano comenzó entonces a proclamar algo bien distinto: “Cuatro patas bueno; dos patas mejor”. Como reza la conocida frase popular: Una cosa es con guitarra y otra cosa es con violín.

Lo más interesante de la metamorfosis sufrida en Cuba bajo el castrismo no es tanto el cambio experimentado en sí, sino las actitudes asumidas por el régimen frente a quienes no han cambiado su manera de pensar y continúan añorando las libertades públicas y las instituciones democráticas que existieron hasta el 10 de marzo de 1952 (¡hace la friolera de sesenta años!).

Entre ellos se cuentan los miembros del Grupo de los 75, reprimidos de modo cruel durante la Primavera Negra de 2003, y enviados a la cárcel por períodos de hasta veintiocho años, precisamente por pensar igual que decía hacerlo Fidel Castro en 1953. Lo mismo es válido para otros presos políticos que permanecen privados de libertad en este mismo momento.

Hoy, desde el poder, se califica a los heterodoxos como “mercenarios” y se plantea que, para que alguien añore el derecho a —digamos— expresarse libremente o a organizar partidos políticos de oposición (en una palabra: a vivir en democracia), es imprescindible que reciba órdenes y el pago correspondiente desde playas extranjeras.

Quien hoy pida en Cuba lo que Fidel Castro defendía en 1953, sólo puede ser un tarifado, y en principio tiene un puesto reservado para sí en la cárcel. Y mientras llega a este último lugar (que es el que, en opinión de los jerarcas del actual régimen, en justicia le corresponde), será expulsado de su trabajo y sufrirá toda clase de atropellos.

Mientras tanto, el gobierno castrista sigue en su pretensión de “actualizar el socialismo”, lo que dicho en pocas palabras equivale a aspirar a reformar un sistema que ha demostrado su carácter desastroso e inviable: una tarea que en ningún caso puede alcanzar el éxito.

About these ads

~ by Rafael Martel on July 26, 2012.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

 
Follow

Get every new post delivered to your Inbox.

Join 133 other followers

%d bloggers like this: