1989: Asi cayó el Muro de Berlin
GUY SORMAN
¿Caída del Muro? Sin embargo, el 9 de noviembre de 1989, el Muro de Berlín «no cayó»: lo destruyeron. ¿Cómo se ha generalizado la expresión «caída del Muro»? ¡Como si se hubiera desplomado solo! La destrucción fue deliberada y laboriosa: los alemanes del Este, protagonistas y no meros espectadores de esta «caída», sólo disponían de herramientas rudimentarias: acabaron con la muralla de hormigón a martillazos.

Yo estuve allí; fui testigo de que, nada más atravesar el Muro, los alemanes del Este liberados se precipitaban a los supermercados del Oeste y volvían a sus casas cargados con lo que no se encontraba en el Este, especialmente pañales para bebés y plátanos. Como escribió Bertold Brecht en su Ópera de cuatro cuartos, «La revolución está bien; pero primero hay que comer».
Así pues, Berlín no fue Jericó: la destrucción del Muro no fue instantánea, lo cual también podría hacer creíble la expresión «caída del Muro». Del mismo modo, no quedó claro de repente que Alemania del Este hubiera desaparecido, ni que Europa se hubiera reunificado, ni que la Unión Soviética hubiera desaparecido del mapa o que la ideología comunista estuviera fuera de juego. La desintegración de la dictadura soviética avanzó lentamente y sólo llegó a buen término gracias al talento visionario de Helmut Kohl en Alemania, de George Bush en Estados Unidos y de Boris Yeltsin en Rusia: gracias a ellos, que supieron aprovechar la ocasión, Europa acabó reunificada y la URSS desapareció.
¿Un nuevo socialismo de rostro humano?
En 1989, este fin de la historia comunista no obedecía a ninguna necesidad. En el bando soviético, en Europa del Este y entre algunos dirigentes occidentales como François Mitterrand, se esperaba que la destrucción del Muro abriera la vía a un nuevo socialismo de rostro humano: sin el Muro, ¿no podría el comunismo convertirse en legítimo y democrático? En diciembre de 1989, un mes después de la destrucción del Muro, François Mitterrand hizo una visita oficial a Alemania del Este y declaró: «Todavía nos queda mucho por hacer juntos». Alemania, muy a pesar de Mitterrand, no se reunificó hasta 1990.
Lejos de anunciar de repente la victoria del capitalismo liberal, la destrucción del Muro se interpretó y se esperó, en su momento y en la izquierda, como la inauguración de una Tercera Vía, ni capitalista, ni comunista. Recordemos que Gorbachov se ilusionó con este mito de la sustitución hasta que Boris Yeltsin, que era demócrata, le puso fin en 1991. En Polonia, los miembros del aparato comunista intentaron también reconvertirse a una Tercera Vía: parte de la Iglesia Católica polaca y checa y los protestantes alemanes se sumaron a ella antes de que Juan Pablo II, sin entusiasmo pero lúcido, admitiera que sólo la economía de mercado podía sacar a Europa del Este de la pobreza.
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