¿Quién cederá: la opresión o la democracia?

Rafael Román Martel
Un secreto a gritos se extiende por la isla de Cuba: “¡Basta ya de la maldad, hoy queremos libertad!” y penetra hasta en los inquietos y tenebrosos oídos de la policía política, cuyo macabro trabajo está cobrando un saldo demasiado costoso para todos los cubanos. Es tiempo de pensar porque el futuro huele a democracia y si bien la revolución tiene un millar de efectivos para ser desplazados en cualquier momento, estos operativos tienen familia y amigos que vienen cantando el lema en sus mentes ya hace tiempo. Y tienen conciencias y sentimientos, sólo un por ciento son esbirros, torturadores y asesinos. La mayoría del joven cubano no “se caga en los derechos humanos”, esas son frases de calle, con serias implicaciones. Esas son frases de odio que generan la ira del los pueblos. Por eso vemos que se ha perdido el miedo en sectores de la población. El terror y la paranoia han parido una legión de cubanos dispuestos a pagar el precio de la libertad, porque ya en Cuba no se aguanta mucho más, y si Raúl o los que estén en el poder no inventan una válvula de escape a lo Castro y pronto, la cosa se les puede poner fea.

Mientras comienzan otra ola represiva, el espacio se le achica. No hay entrada ni ingenuidad para otro Mariel ni para otro 1994. Los Estados Unidos han dicho basta y han echado ha andar. Ya Fidel no es gracioso. Raúl nunca ha estado en la lista de actores de la producción norteamericana. Abran el comercio-cosa altamente improbable ahora- o no, Cuba está lista para un cambio y el cambio se ve venir de adentro, siempre de adentro. La película de que los yanquis vienen con tanques a meterse aquí y que si Bush se viste de Rambo y desembarca en Varadero no se la cree nadie. Los yanquis invadirán Cuba con su maleta de billetes y de ideas para promover el comercio. Los yanquis vienen cargados como reyes magos que cobran interés, pero al menos reparten lo que tienen y su sentido de la opresión y el dominio es muy diferente a los arconoques que concivieron el dichoso comunismo, padre de la muerte de 100 millones de seres humanos.

Se siente la atmósfera tupida, cargada. Los cubanos luchan con las armas de los ideales. Los comunistas han repetido una y otra vez que hay que ganar la batalla de las ideas pero desde 1989 la base de estas ideas cayó en pedazos con muro y trenes a Hungría y unificación familiar y no se ha levantado ni se levantará jamás en los países que las concivieron. Cuba es una calcomanía del comunismo. Castro siempre le dio cierto color tropical, exótico a los ojos de sus compañeros europeos. Hoy sin Castro y sin comunismo sólo queda la corrupción como heredera de 48 años de fracasos y desgastes. Por eso los cubanos que vemos diariamente y de diferentes generaciones en las fotos abriendo bibliotecas independientes, fundando agencias de prensa sin permiso de nadie, protestando abiertamente en las calles de la Habana, no abrá manera de pararlos ya sino es con el terror y ellos están saturados de terror y el mundo está asqueado de la pantalla castro-comunista, por años los niños lindos del tropi-socialismo, hoy aclamados por una caricatura grotesca que intenta seguir los pasos de Castro en Venezuela y por un indígena manipulado por la internacional socialista, que lo puso en el poder con su intenso aparato propagandístico, lanzando a Evo como líder internacional mucho antes de que fuera electo presidente en este ingenuo país.

En la política todo entra en el marco de las posiblidades. Es posible que Raúl posea un carisma de estrellato, que no conocíamos y ahora saldrá a la luz. Esto, que no es muy seguro que digamos, aguantaría la cosa pero no resolvería el problema que tienen los dirigentes cubanos en sus manos. Les hace falta Fidel y ya Fidel no tiene la misma mente que antes. No hay Cuba sin Fidel puede ser que quiera decir No hay comunismo sin Fidel.

Los que estamos fuera tenemos el deber de apoyar a estos heróicos cubanos que se lo juegan todo por alcanzar un estado democrático en Cuba. Tal parece que las suertes para estos hombres y mujeres está echada. No tienen marcha atrás. Los comunistas tendrán que ceder o cambiar su política de férreo control, si se abrazan a lo que tienen ahora sólo prolongarán su caída para causar un desastre en Cuba, cuyo saldo en recursos humanos no queremos calcular. Hay gente inteligente dentro del aparato, muy inteligente. Ha quizá llegado la hora de buscar una solución en la que se salve la nación, dentro de la cual sea posible una transición y no otra revolución, que es lo menos que necesita nuestro sufrido pueblo.

No es hora de “borrón y cuenta nueva”, ni de que cantantes pop intenten vender discos y hacer política con el largo sufrimiento del pueblo cubano. Sin embargo, Marta Beatriz Roque, Atúnez, Fariñas y tantos otros que se encuentran en prisión o ganando día a día la batalla de las ideas en la calles, están enviando un mensaje claro: ya los cubanos no aguantan más. ¿Cúanto estarán dispuestos a aguantar los que tienen en sus manos el poder de cambiar el futuro de Cuba?


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