Posted in 2013
Tags: Hugo Chavez, Maduro desmiente grabaciones de Mario Silva, Mario Silva, Nicolas Maduro, Venezolanos, Venezuela
Francisca Rodríguez Hernández (1927-2013)-Francisca Martel-A mi madre a manera de Homenaje
•May 11, 2013 • 4 CommentsRafael Román Martel
“Ando sobre rastrojos de difuntos y sin calor de nadie y sin consuelo. Voy de mi corazón a mis asuntos”
Miguel Hernández

Hace apenas tres meses que perdí a mi madre. Este es el primer Día de Las Madres que no estoy con ella. Su ausencia ha dejado un vacío insondable, una desgarrante tristeza.
Fue la persona que incondicionalmente me amó en la vida.
Fue el ser humano que más ha moldeado mi personalidad, fue el freno a mi tempestuoso carácter.
Me cuidó cuando he estado enfermo con irremplazable ternura. Me enseñó a apreciar a los demás, a respetar, a ser un hombre que se puede mirar en el espejo sin cargos de conciencia.
Su historia es similar a la de millones de madres cubanas que lo han puesto todo o dejado todo atrás para salvar a su hijo del mal del comunismo.
Mamá era simple como una mañana estival. No necesitaba de ningún arreglo, maquillaje ni cremas para lucir su belleza, sobre todo su belleza interior.
Su corazón era la compasión.
Por sus venas corría el amor.
Hasta los últimos días de su vida reflejaba en sus ojos el Cristo a quien tanto adoró.
Francisca Rodríguez Hernández nació en la ciudad de Cárdenas el 19 de marzo de 1927, en la provincia de Matanzas, Cuba.
Era una de nueve hermanos y hermanas creciendo en una casa pobre y llena de amor, donde no había nada caro pero de nada esencial se carecía.
Mi madre, mis tíos y tías se criaron con mi abuela Julia en un lazo de amor familiar donde la risa y la hermandad opacaban cualquier necesidad que no cubría el austero presupuesto.
En tiempos difíciles sus hermanos y hermanas y su madre se supieron arropar de virtudes, de buenos modales, de una gran capacidad para compadecerse del dolor ajeno y unirse como un puño en el propio.
Mi abuelo materno, Gonzalo, abandonó a mi abuela quien tuvo la responsabilidad de criar a sus hijos. Trabajaban lavando y planchando ropa, cociendo, de albañiles, en cualquier ocupación que fuese honesta y la honestidad llegó a ser escudo de identificación para la familia Rodríguez. Siempre.
Cuando hablaba de su niñez y su juventud le brillaban aún más los ojos y su rostro se iluminaba como un amanecer cálido. Y mucho me contó de aquellos años, de su familia, de lo gallardos, caballerosos y correctos que eran sus hermanos y del cariño que compartió con sus hermanas.
Todas eran hermosas mujeres cubanas, todas tenían un carácter diferente pero todas coincidían en las enseñanzas que les inculcó abuela, a quienes llamábamos “Abuelita Mamá” porque era el centro de todas las reuniones familiares, de su corazón emanaba el amor y las virtudes que dedicó años a cultivar en sus hijos y sus nietos.
La casa de Abuela Mamá era el centro de reunión de la familia, aún en los primeros tiempos de la catástrofe nos reuníamos alrededor de abuela. Fueron aquellos tiempos inolvidables. Poco a poco la infección castrista fue separando a nuestra familia.
Abuela murió, fueron muriendo sus hijos.
Mi madre y mi tía la visitaron dos veces en 1978 y 1979.
Alguno de mis primos terminó en la guerra de Angola, otros presos, otros locos. La mayor parte ha edificado vidas productivas pero las huellas de la tragedia cubana viajará con nosotros para siempre.
Mis primos Noel y Robertico se encuentran uno en Chicago y el otro en España. Otros dos primos, Rafael y Rubencito se establecieron en Rusia.
Rubencito, hijo de nuestra amada prima Elina, una bellísima muchacha que murió en plena juventud y cuyo fallecimiento causó un hondo pesar en la familia. Su corazón era limpio y bondadoso, digno del apellido de aquellos magníficos Rodríguez de Cárdenas. Desafortunadamente había rendido su corazón ante los avances de un odiado y represivo esbirro castrista.
Elina era una de las primas que mi madrina Maritza amó con extraordinaria ternura.
Mi prima Nancy, a la que mi madre amaba como a una hija, se casó con mala suerte de naipes, se mudó para unos de los pueblos del interior, no muy lejos de Cárdenas y allí crió a sus hijos y allí se casó otra vez, espero que con mejor suerte y allí está todavía.
Recuerdo que, creciendo yo en Cuba, Nancy, una muchacha sencilla, muy sensible, inquisitiva y trabajadora que haba tenido la desdicha de perder a su madre en plena adolescencia, exhibía una una gran curiosidad por las grandes ciudades del mundo, sobre todo se preguntaba y le preguntaba a sus primos como sería Nueva York. Nosotros no teníamos la menor idea. Incluso preguntaba como era La Habana porque ella no había tenido la oportunidad aún de visitar la capital.
Cuánto que hubiese gustado mostrarle a Nancy Madrid o Nueva York, ciudades en las que he pasado la mayor parte y una de las etapas más memorables de mi vida.
Ella y Pitití, su hermano, habían quedado huérfanos cuando mi tía Fefa repentinamente falleció, aún joven.
Mami la recordó siempre, hasta en su más avanzada vejez con mucho apego. Le tenía un amor maternal y misericordioso y real como sólo lo sienten personas iluminadas como lo fue mi madre..
De todos estos primos que llegué a querer y a admirar de niño con el único que pude compartir dos semanas, 25 años después de despedirme de él en Cuba fue Robertico, el hijo de mi imborrable tía Irma, una de las hermanas Rodríguez a la que llegué a querer muchísimo.
Era enfermera en el hospital de Cárdenas y se había ganado el afecto de todo el que la conoció. Como todos los hermanos Rodríguez era un ser humano ejemplar, ayudaba a todo el que podía hacerlo. Era de un carácter afín a mi tía Nora: fuerte pero de un alma invariablemente generosa.
Cuando Robertico arribó a Miami en 1995 proveniente de la base de Guantánamo, donde fue a parar después de intentar salir de Cuba en una balsa, le di en el aeropuerto de Miami un gran abrazo. Sollozaba en los brazos de mi primo y él no parecía entender que cuando me reencontré con él abrazaba a toda aquella inmensa familia de la que el comunismo me había bruscamente apartado.
Los años y la distancia nos habían separado pero el amor que sembró mi abuela, mi madre y mis tías en nosotros se mantenía intacto.
En 1970 dejé en Cuba 28 primos por parte de madre. No tengo idea donde la mayoría de ellos se encuentran hoy. Algunos en Cuba, otros dispersados por el mundo. Esta es la historia de los cubanos desde que los bandidos usurparon el poder e instalaron el estalinismo a lo largo y ancho de la isla.
Mi prima Vicky Prendes era la atleta de la familia. Hoy está en Los Estados Unidos, se casó con un buen hombre y dio a luz un hijo que hoy es un campeón olímpico de remo: Robin Prendes, quien se graduó de la universidad de Princeton hace sólo un año.
Cuando mamá enfermó gravemente y fue operada en Miami en el año 2000 mi prima Vicky se portó com una hija con ella, lo mismo que mi madrina Maritza, con la que compartí angustiosas noches en un hospital miamense, después que mami fue intervenida en una operación donde por poco pierde la vida.
Una de mis primas por parte de papá cuyo final me sacudió el alma fue Tania, la hija de Rafael y Berta.
Otros de mis primos estudiaron, todos tienen sus familias en Cuba o regadas por el mundo. Las hijas de tío Guito, Conchita y Marta, estudiaron y viven en Cuba. De los demás no he tenido información por años.
En fin, el comunismo concretó su misión en Cuba: separar a las familias, asesinar, abusar, destrozar todo lo positivo que puede tener el ser humano para exaltar el odio, el crimen y el llanto.
Estoy seguro que aquellos días familiares, hoy muy lejanos y muy cerca de mi corazón, y el amor de abuela los marcó para siempre a todos de una u otra manera, donde quiera que se encuentren.
Los hermanos de mamá hermanos se hicieron hombres de bien, trabajadores, fuertes de carácter y defendían el honor de sus hermanas como tigres. Algunos llegaron a ser quijotescos.
Mi tío Güito, aún muy joven y soltero, caminaba hacia su casa una noche de verano. Venía de uno de los bailes que ofrecía El Liceo de Cárdenas, cuando escuchó una conmoción. Era una mujer que gritaba: “¡Auxilio, policía, me mata, me está matando!” Güito en medio de la madrugada se percató de que nadie acudía en su ayuda. En su mente saltaron las palabras de su madre: “Lo más bajo que puede hacer un hombre es pegarle a una mujer”. Sin pensarlo dos veces mi tío corrió a la casa de donde provenían los gritos y abrió bruscamente la puerta. Efectivamente, un hombre le pegaba a una mujer salvajemente. Güito lo agarró y le pegó un par de trompadas diciéndole: “A las mujeres no se les pega”. Para su asombro la mujer, viendo a su verdugo con la nariz rota y un ojo medio cerrado se le tiró encima a mi tío gritando a toda voz “¡Este es mi macho! ¿Qué estás haciendo animal?” y continuó-“¡Policía, Auxilio, están matando a mi marido!”, mientras le rasgaba las uñas a mi tío en el rostro y lo golpeaba. Güito, fuerte como un roble, la tiró a un lado y salió despavorido de aquella casa. Cuando se presentó ante sus hermanos y hermanas con sangre en la cara de los arañazos de la “víctima” todos se alarmaron. Después de explicar lo que había ocurrido todos se echaron a reír. Esa historia le costó al buen Güito ser el centro de una jaranería de parte de su familia que jamás se la pudo quitar de encima.
Mamá me contó este relato muchas veces a pedido mío.
Era esta unas de mis historias favoritas.
Otra de mis preferidas era de la de los zancos.
Aparte de tener una presencia imponente por la fuerza de su personalidad tío Güito era un hombre bueno, extremadamente valiente y gentil, entregado a su familia y mi madre quiso muchísimo a su hermano, quien fue especialmente sensible si sospechaba que alguien le faltara al respeto a alguna de sus hermanas.
Gracias a estos cuentos que me repetía mi madre llegué a entender, a querer y a respetar mucho más a mi tío según pasaron los años.
Güito tenía una complexión mediana, se veía delgado pero-como se dice en el boxeo-en peso de pelea, semejante a un boxeador. Durante los seis años que cubrí el boxeo para La Voz de Elizabeth en los años 90 y 2000 y tuve el privilegio de asistir a muchas peleas de campeonato escuché una y otra vez de parte de periodistas, entrenadores y los propios boxeadores: “Una cosa es estar en forma y otra en peso de pelea”.
Sin embargo su carácter-que es lo que hace la diferencia entre los hombres-era pacífico y como sus hermanos y hermanas fue un gran hijo. Siempre lo admiré. No obstante, el que tenía vista podía descifrar la firmeza en sus ojos pardos-carmelita, en sus pasos seguros y en su voz amable pero grave que podía tornarse muy aguda, según la temperatura de las cosas.
Mi madre quiso a todos sus hermanos. Brindó amor a todo el que conoció y mostraba afecto por los que no conoció en persona pero escuchó hablar de sus buenas acciones de parte de amigos y familiares. Por otra parte jamás le escuché una palabra amable para Fidel Castro, ni para el alcohólico de Raúl Castro y el resto de la jauría.
A Güito lo quiso con una admiración fraternal, así lo hizo con su hermano mayor Andrés, con el menor Mayito, con Nano el padre de mi prima Vicky, un hombre de extraordinaria inteligencia que construía casas primorosas sin ser un arquitecto pero su capacidad era tal que ya hubiesen querido muchos arquitectos tener el talento que Nano albergaba en su luminoso cerebro.
Mamá amaba a abuela con singular ternura, como sólo una hija buena es capaz de querer al ser que le dio más que la vida, le dio una educación sin precio, una formación que escasamente existe en el mundo de hoy.
Tal parece que era mi tío Güito el más pintoresco y audaz de los varones de la familia.
En la Cárdenas de los años 50 a los 70 existían-como en todas las sociedades-seres perversos y de baja calaña, Uno de los más populares en mi pueblo era Juanito “Barbiquiú”. Este “mirahuecos”, que era de profesión carpintero, dedicaba sus noches a abrir huecos con su “Barbiquiú” en las casas para ver a las mujeres desnudas y otras situaciones de índole sexual. Esta piltralfa humana instaló su taller de carpintería en la cuadra donde vivíamos y era el “hazme reír” de todo el vecindario porque todos sabían la naturaleza de sus vicios, que le trajeron más de una golpiza de vez en cuando pero como era protegido por el Partido Comunista jamás, por lo menos hasta que logramos salir de Cuba, cumplió un día de cárcel.
Desde los años 30, cuando el machadato, los amantes de mujeres casadas cuyos maridos trabajaban de noche estrenaron una moda: los zancos.
El arriesgado amante se ponía unos zancos enormes con una sábana encima y caminaba de noche por el vecindario. Todo el mundo comenzaba a decir que un fantasma salía de noche. Una vez que había aterrorizado a los residentes se quitaba los zancos y tenía relaciones sexuales con su “querida” porque todos en el barrio se acostaban temprano para no ver al “fantasma”.
El fundador de esta táctica sin quererlo había iniciado una innovadora manera de hacer el amor: sexo terrorista.
En una ocasión mi tío Güito regresaba del cine y se encontró al “fantasma” a una sólo cuadra de él. Sin tener idea quien era, Don Quijote, encarnado en Guito, se abalanzó corriendo a todo tren sobre el tipo de las zancas y la sábana. Mi tío le cayó encima. El sujeto rodó por el piso aterrorizado y mi tío le dio una lluvia de trompadas mientras el “fantasma” gritaba: “¡No me dé, yo no soy un fantasma!
Se acabaron los “fantasmas” en el barrio.
Mientras todas estas peripecias sucedían mi madre floreció en una hermosa mujer.
Ya iba a bailes en El Liceo, con sus hermanas y la perenne chaperona, que muchas veces era abuela. Encima de esta vigilancia las mujeres de mi familia tenían a sus hermanos, que cuidaban de ellas como joyas.
Corrían los años cuarenta.

Mi madre, al centro de la foto con sus amigas y amigos en Cárdenas (circa 1946). Nótese la senora con el grave rostro a la izquierda de la foto, seguramente ésta era la chaperona.
Tía Nora
Desde muy niña su hermana Nora era su protectora, su ángel de la guardia y la quiso hasta el final de sus días con un amor tan puro que no lo podrá borrar ni la muerte porque estoy seguro que se reunirán en el Paraíso por el amor a Cristo que ambas le profesaron. Ambas han sido cristianas por encima de todas las cualidades que mostró mamá y que mi tía muestra hasta nuestros días.
Tía Nora y mami compartían la misma cama desde niñas. Compartían anhelos, sueños, inquietudes, y sobre todo amor de hermanas. Este afecto fue tangible hasta el último día de mi madre: su hermana estuvo sujetándola hasta su último respiro. La hija de Nora, Maritza, mi madrina, fue una hija para ella. Al esposo de mi tía, a mi padrino, Rafael Olivera “Fefé”, lo quiso siempre como a un hermano.
Cuando Fefé se nos fue mamá lo lloró por muchos meses, como si se le hubiera muerto un hermano.
Siempre guardo el privilegio de haber cargado su féretro, cuando se despidió de nosotros en Miami en el 2002, porque era un hombre en todo el sentido de la palabra y nos dejó su ejemplo como un signo intachable a seguir.
Y es que mi tía Nora y su esposo Fefé son Gente Grande. Gente de un calibre que escasamente existe hoy. Luchadores, bondadosos, cristianos, prestos a ayudar a los demás; lo mejor del ser humano.
Fueron ellos quienes hicieron posible nuestro escape de la Cuba comunista y lograron que yo estudiara, tanto en España como que me desarrollara en este país. Fueron ellos los que alcanzaron con ese gesto que nuestra hija posteriormente naciera en este país, llegara a graduarse de la Universidad de Harvard a los 20 años de edad y que se graduara de Fordham Univerity Law School con un Doctirado en Leyes a sus escasos 25 años.
Fueron ellos la piedra angular de una hermosa familia. Su hija, Maritza, jamás los ha abandonado, siempre han vivido juntos.
Maritza siempre fue el ejemplo de la familia: se graduó de Farleigh Dickinson University de ingeniería industrial y continuó sus estudios hasta su Master Degree. Se integró al mundo de las finanzas y poco después llegó a ser la única mujer hispana Asistente del Presidente de New York Republican Bank. Su extenso resume de éxitos culminó en Miami, donde ha sido presidido bancos, ha funcionado como “consultant” de poderosos millonarios y se casó con un noriego, Viggo Kirsten, que ha sido un esposo ejemplar de cuya unión han tenido dos hijos: Kirsten y Erick. Los dos son un ejemplo del legado que han dejado los cubanos en este gran país. Los dos se han graduado de importantes universidades y han conquistado sus Marters, fieles al ejemplo que les dejó su abuela, abuelo y su madre y padre, pues VIggo también obtuvo un Masters Degree en este país después que se casó con mi madrina.
Pero lo más admiro de mi marina-prima es el amor que siempre le ha profesado a sus padres. Es una tradición de familia. Ella cuidó de mi padrino hasta su último día. Jamás en esta pequeña parte de nuestra extensa familia se asomó la duda de poner a ninguno de nuestros padres en un asilo (home) como han hecho tantos cubanos, algunos cruelmente, en este duro y largo exilio. Siempre respetaré ese gesto de mi madrina que nos une más que la sangre: las convicciones son la herencia imborrable del amor a la familia que nuestras madres se afanaron en enseñarnos.
Madrina vive con mi tía Nora que es ahora bisabuela. Tiene dos hijos ejemplares que han seguido la tradición de honradez que nuestras madres tatuaron en nosotros. No puedo estar más orgulloso de ellos.
Fueron mis tíos los que nos recibieron en New Jersey y nos encaminaron en este país cuando no se demandaban tantos “derechos” como lo hacen hoy los emigrantes, muchas veces ilegales.
Recibir “welfare” en aquellos años era algo así como una desgracia familiar y el trabajo era el único camino a la existencia y al progreso.
Fueron ellos parte intrínseca de los pioneros, los que forjaron la comunidad cubana que tantos éxitos ha logrado en Los Estados Unidos.
Nora era la hermana predilecta de mi mamá, la más cercana, la más amada, aunque amor le sobraba para sus hermanos y hermanas: Güito, Mayito, Juana María , Fefa, Nano, Irma, especialmente para Andrés, el hermano mayor, a quien se referían como “padre” porque después que mi abuelo abandonó a la familia mi tío Andrés protegió y se hizo cargo de todos sus hermanos, tomando la responsabilidad de hacerse cargo de sus hermanos con la más estricta responsabilidad.
Mi abuelo Gonzalo dejó a su mujer y a sus hijos para continuar su vida bohemia.
Mami me contaba que en sus últimos años Gonzalo se sentaba en la acera frente a su casa y saludaba a todas las mujeres, jóvenes y viejas-incluyendo las que habían sido sus amantes en su juventud-con la frase: “Siempre te quiero”.
Abuelo fue sibarita y mujeriego pero jamás ninguna mujer se quejó de que la maltrató ni le dijo frase insultante alguna.
Mi tía Nora tiene una compasión cristiana pero un carácter de hierro. Es de naturaleza noble pero no le aguanta una a nadie. Dios le regaló un corazón más grande que un continente pero un valor y un coraje de un mártir de Cristo o de un guerrero, porque siempre respetaré de mi tía que no se le quedaba callada a nadie de que tuviera que decirle sus verdades, que resultaron ser la verdades que merecían escuchar de alguien que tuviera el valor de cantárselas en la cara.
Mi madre me enseñó a querer y respetar a mi tía Nora desde que tengo uso de razón y ese amor y ese respeto sólo se expandió según fui reconociendo sus cualidades.
De todos sus hermanos que amó con entrañable ternura Nora fue la que mi madre más veneró.
Nora y su esposo Rafael Olivera (Fefé) estuvieron siempre en el centro del corazón de mi madre. Hasta en sus últimos días llamaba sus nombres y el de Maritza, su sobrina amada, a la quien no dejó de recordar ni preguntar por ella ni en la faceta más avanzada y crítica de su enfermedad.
Para mi madre su hermana Nora jamás dejó de ser su ángel protector, aquella niña que dormía en su cama como dos hermanas que estaban destinadas a dormir en los brazos de Cristo, allá donde sólo pocos llegan.
Me enseñó desde niño que mi tía era mi segunda madre. Fue mi tía la primera que me cargó en sus brazos cuando nací. Fue mi tía el modelo de fortaleza e integridad que moldeó a su hija, mi madrina Maritza, para sobrevivir y triunfar en este país.
No he conocido un amor entre hermanas más grande que el de mi madre por su hermana.
En el momento de su muerte tía Nora estaba a su lado rezando, agarrando la mano de mami hasta su último latido.
Una Cuba para recordar

La Cuba en que mi madre creció latía en turbulencia. El cubano, cuya república había nacido con un Colt en la sien, no encontraba alboroto ni revolución que no le gustara.
Las revoluciones caracterizaron nuestra identidad nacional; desde “La Chambelona” hasta “La Epidemia de 1959” los cubanos encontraban en la violencia su fiesta preferida.
Cada vez que juramentaba un presidente se levantaba otro líder en armas o la Enmienda Platt venía a abofetear nuestra “democracia”, cuya raíz estaba infectada por las imposiciones desde Tomás Estrada Palma, pasando por Machado y culminando en Fulgencio Batista, el hombre que abandonó al pueblo cubano para que los comunistas lo esclavizaran hasta nuestros días.
Lo peor vino después.
Y es que al que tanto busca al demonio éste lo apremia.
Algo parecido sucede hoy en La Gran Venezuela, algo que advertí en un artículo escrito años atrás.
Pero en pueblos como Cárdenas, la ciudad bandera, donde precisamente un venezolano, Narciso López, arribó a sus playas e izó la primera bandera cubana, copiada por Puerto Rico, el 19 de mayo de 1850, jamás vista anteriormente en la isla, para horas más tarde ser traicionado por los cardenenses y acribillado a balazos por las tropas españolas, la vida tenía el ritmo de su brisa de mar que barría por las tardes todas las preocupaciones tropicales. Una era que vivía despreocupada la juventud cubana en los cuarenta y gran parte de los años cincuenta.

Mamá se hizo una bella joven en el calor de su familia. Comenzó a asistir a los bailes en El Liceo de Cárdenas, un club privado cuyos miembros eran casi en su mayoría de clase media, con su madre y sus hermanas como inalterables chaperonas.
Su risa era tan contagiosa como grande era su ingenuidad y su dulce naturaleza. Siempre fue la más noble e ingenua de sus hermanas y esa cualidad la hizo parecerse mucho a mi abuela, a la que en sus últimos años asemejaba incluso físicamente.
Toda su vida se destacó por su desprendimiento, su generosidad, su mansedumbre. Su personalidad fue siempre la humildad, a la que Santa Teresa de Jesús calificó como La Verdad.
No tenía nada que no estaba dispuesta a regalar o a compartir, excepto su honor y su dignidad.
Siempre ofrecía desde una taza de café a sus propios objetos personales pues, siendo una persona tan cercana a Cristo, no mostró jamás amor por nada material.
Todo el que la conoció la llegó a querer o a envidiar porque muchos de los cubanos, desafortunadamente, por algún odio innato envidian hasta un catarro, ya no digamos las virtudes, de las que tanto necesitados están hoy.
El escritor Israel Rodríguez me repetía estos errores vitales del cubano que viven hasta hoy: “Qué se joda el otro, no tú” es lo que repiten hasta hoy los cubanos sumisos a la esclavitud de la familia Castro a sus hijos y familiares que se aventuran a protestar contra la tiranía, poniendo sus vidas a merced de los esbirros cubanos, cuya dignidad, según uno de sus escritores arrepentidos y hoy exiliados en Los Estados Unidos, colgaba se sus relojes Rolex y sus automóviles Lada mientras la mayor parte del pueblo cubano sufría “el período especial”.
Recuerdo comprar el libro donde se narraban “secretos” de la nomenklatura castrista a Nibio Martínez, en propietario de una librería en Union City e ínsólito editor del semanal “La Razón”, para después ragalarsélo a una obrera cubana del New Jersey Auto Vehicles en North Bergen, habiendo leido varias páginas de este nauseabundo panfleto el cual se titulaba “Hermsoso Guerreros Cubanos”, o algo parecido.
Israel Rodríguez era un hombre sabio que se había graduado de leyes en La Habana.
Había conocido personalmente a Fidel Castro en sus años en que Fidel era un ganster universitario e Israel escapó de Cuba al advertir que los hermanos Castro comenzarían a ejercer purgas estalinistas dentro de sus filas.
Israel fue proclamado “El poeta de la revolución” hasta que olfateó las conspiraciones marxistas, advirtiendo que no podrían manipularlo, adobaron su futuro en uno de los famosos juicios del pueblo.
Israel tenía dos caminos: irse de Cuba o someterse a un inevitable simulacro de justicia de donde saldría, indudablemente, condenado a muerte.
El había sido amigo de José Antonio Echeverría y los mártires de Humboldt 7.
Para salvar su vida tuvo que buscar refugio en una embajada para más tarde fugarse del país.
Una vez en el exilio logró obtener dos doctorados: uno en literatura y otro en filosofía y publicar una docena de libros que aún en nuestros días se estudian en universidades alrededor del universo.
Con Israel llegué a aprender mucho más que lo que me habían enseñado en la universidad, aunque tuve dos profesores que han marcado mi carrera de maestro para toda la vida. La Dra. Onilda Jiménez dictaba inolvidables clases de literatura en Jersey City State College y fue la profesora que descubrió y promovió mis inquietudes literarias.
Dr. Michael Grosso fue el que más influyó mi estilo de enseñar. No consultaba nota alguna. Todas sus lecciones salían de su luminoso cerebro y su clase era un constante debate socrático, incitando al pensamiento crítico. Esta manera de enseñar es la que trato de practicar hasta el día de hoy. Grosso fue una fuertísima influencia en mi formación como maestro. Siempre le estaré agradecido.
Inspirado por aquellos grandes maestros me enfrasqué en la lectura con pasión. Desde 1982 bebía libros como sorbos de agua. Marcel Proust, Lorca, Stefan Sweigh, Vicente Alexandrie, los clásicos griegos y romanos. Hoy no sé ni como leí Los Anales de Tácito, Los Comentarios de César,en hojas de Biblia, “las Vidas Paralelas” de Plutarco libros que conservo en algún cajón de la casa. Vargas Llosa, Ortega y Gasset, Nietzsche, José Martí. Siempre Martí. Los poetas románticos ingleses, franceses, alemanes y españoles, los genios del Siglo de Oro, los Grandes como T.S Eliot y George Orwell, Hemingway y todos los historiadores de la Guerra Civil Española que escribieron algo verdadero sobre aquella “epidemia” como la llamaba Hemingway. Me hundí en Baudelaire con fuerza juvenil. Me enfrasqué en los escritos de los narradores latinoamericanos del Boom. Por un amplio espacio de tiempo dediqué mis inquietudes a estudiar el debate europeo sobre la condición humana del Indio en contraste con las injusticias que los conquistadores cometían impunemente. A Góngora lo estudié con estusiasmo. A Ruben Darío también. Después, los vanguardistas latinoamericanos. De Nicanor Parra aprecié su genial poesía que se llegó a denominar la anti-poesía. Así fui educándome literariamente mientras conservaba la base que mi madre había sembrado en mi.
Le encantaba a mamá que le hablara de todo lo que estaba aprendiendo. Estuvo presente en las presentaciones de mis dos libros, en algunas de las conferencias y honores que recibí durante los años más activos de mi actividad intelectual. Estará presente hasta en el lugar más tierno de mi corazón hasta mi último respiro en este mundo, donde somos pasajeros sin ningún control del día de nuestra partida.
Mi padre también escuchaba mis peroratas con mucha atención. Por los ochenta mis padres se involucraron en el movimiento carismático de la iglesia católica. Asistían religiosamente a las sesiones de paz que ofrecía el padre Agustín todos los martes en la iglesia West Newyorkina de Saint Joseph’s de Palisades. Donde nos habíamos casado Idania y yo, en una ceremonia muy modesta pero muy sentida, muy auténtica, ante los ojos de Dios.
Mamá y tía Nora estuvieron muy activas en la iglesia de San Rocco de Union City, donde mami y tía recogían el diezmo y eran parte de aquella familia cristiana cuya mayor parte se nos fue con el tiempo. Por años, los domingos, mamá trabajó de voluntaria en el flea market de la parroquia. Fue con los fieles de San Rocco con los que más socializó. jamás fue de muchos amigos y mucho menos de compartir chismes ni futilidades con nadie.
El Día de Resurrección del 2013 regresé a San Rocco, Las imágenes de mi familia me poblaron el alma. Toda la misa sentí la presencia de mamá. Viví la misa pero también me inundó un arrasante vacío, una estremecedora tristeza que egoístamente creo que llevaré conmigo siempre.
Mi hija se había bautizado allí. Allí nos reuníamos para adorar a Cristo. Bajo su mirada fuimos familia, una familia que llevo el orgullo de escribir que jamás se ha disgustado por ninguna razón. Una familia que, aunque separada desde que mi madrina y mi tía decidieron mudarse a Miami, cada vez que nos encontramos es como si jamás nos hubiésemos separado.
Esto ha sido especialmente reafirmado en nuestros tiempos difíciles. Esto fue subrayado hace tres meses, cuando todos, unidos, rodeamos a mami rezando hasta sus últimos instantes.
Asistiamos todos los domingos a la misa de San Rocco durante los años 80. Fue un tiempo feliz para mi madre, cuya mayor satisfacción fue siempre estar rodeada de los suyos.
Mi hija Frances también recibió una sólida educación de mamá, una educación más valiosa que la que se adquiere en los centros académicos. Una educación más importante que la que recibió en Harvard. Mamá la enseñó a amar a Dios, a respetar a sus semejantes y sobre todo así misma, a no decir mentiras, a hacerse una mujer de bien.
Frances jamás ha dejado de ayunar durante la cuaresma, cualidad que le enseño su abuela. Se ha prohibido a ella misma comer carne durante este período cristiano hasta el Domingo de Resurrección.
Y esas fueron las enseñanzas que son hoy parte de su carácter, cualidades que su abuela Francisca inculcó en ella para siempre.
A mi madre la amaban o la despreciaban. Los que no la amaron eran hijos del otro y alguno que otro comunista -que siempre es hijo del otro- porque mi madre estaba tan cerca de Cristo que era imposible para un ser humano de buena voluntad no reconocer el reflejo de Su Luz y Su Amor en ella.
Ni pasó por la mente de mi madre, en su pasiva existencia del principio de los años cuarenta, todo lo que tendría que sufrir en Cuba y el largo camino que la llevaría treinta años más tarde a vivir en España y en Los Estados Unidos, país que desde que recuerdo, mi padre mostró su respeto por su auduaz espíritu industrial, por su disciplina a la que papá era asiduo hasta el horario de encontrarse con alguien. Especialmente puntual como un inglés.
En la Cárdenas, antes de la pesadilla, el Liceo era el lugar donde la juventud de los años treinta, cuarenta y cinquenta se reunía los fines de semana.
Cárdenas, al norte de Cuba, a escasas 109 millas del Este de La Habana y a unos veinte minutos de Varadero, en aquellos autobuses Leyland que compró la dictadura a los ingleses al principio de los 60, substituídos por tarecos de la Europa de Este, que lo único que fabricó fue hierros bélicos obsoletos, como fue demostrado en La Guerra del Golfo, y autobuses y automóviles de mantequilla; papita frita.
Esta realidad es tan palpable que los carros que continúan funcionando en la Cuba de hoy son los norteamericanos llevados a Cuba por última vez en 1958, gracias a la increíble imaginación del cubano. Los famosos coches rusos Lada, símbolos de los esbirros cubanos, se vieron forzados para sobrevivir hasta el 2012 que ser supervisados por un ramillete de gerentes de exitosas marcas de la Europa libre, ingenieros como Steve Martin de la Volvo y la Mercedes Benz. Una vez más los comunistas fracasaron en construir una maquinaria provechosa. Todo lo que intentaron edificar durante los 74 años en que esclavizaron y asesinaron a millones de inocentes fue un fracaso hasta 1989, cuando se liberaron los países de Europa del Este.
Hoy Rusia goza de una iniciativa industrial mucho más productiva y eficaz que en toda su negra historia bajo el yugo del sectarismo marxista.
Amantes de la destrucción y la violencia solamente instrumentaron un arma que es de indiscutible calidad, y posee el inconfundible y letal sonido cuando se dispara efectivamente bajo las más duras condiciones climáticas: el Kalashnikov.
Antes de la dictadura de la familia Castro Cárdenas creció y se hizo una ciudad próspera, radiante de armonía y de colores. La bahía de Cárdenas, Playa Larga y Varadero mantenían a sus ciudadanos enlazados con el mar. El mar es elemento esencia en la existencia y la vía de escape del cubano. El mar ha sido escape o enlace de de una isla satanizada por “la dictadura del proletariado”.
Nací muy cerca de las aguas del norte del Caribe y hasta hoy existe en mi una necesidad natural en mi de ver el mar, de sentir el salitre en mis pulmones. Por una gran parte de mi vida y la de mi familia hemos sido pescadores. Mi esposa también nació en Cárdenas y desde los seis años llevamos a nuestra hija a pescar en el norte del Atlántico, lejos de aquel inolvidable mar caribeño pero en un océano libre, porque los comunistas nacidos en Cuba hasta el mar esclavizan y como mi padre me repitió muchas veces: “Esta gente no controlan el aire que respiramos porque no han encontrado la formula para hacerlo.”
La Ciudad Bandera estaba vestida de casas coloniales, con elegantes puertas españolas y el más importante museo de Cuba: El Museo de Cárdenas. Una institución testimonio de la historia colonial de la región, Su provincia, Matanzas no era más ni menos que una referencia a la Matanzas de Caónao, donde los españoles fueron extinguiendo a los nativos de manera extremadamente cruel y sistemática durante los siglos XVI y XVII.
Los españoles habían fundado, como en toda Latinoámerica, una ciudad para siglos con el sudor y la sangre de aquellos indios pacíficos e ingenuos. Los quemaban vivos poniéndole una cruz ante el rostro, los golpeaban salvajemente hasta hacerlos agonizar y morir, preguntándoles a dónde estaba el oro.
En “La Edad de Oro”, la inmortal revista publicada por José Martí en Nueva York, el apóstol describió el genocidio español en América detallando que “caían como hojas” los indios. Y es que los primeros españoles que arribaron en América eran guerreros curtidos en la violencia europea, soldados a los que la fortuna les tocó pelear con una sociedad mucho menos capaz de defenderse que los moros que habían expulsado de España al filo de la espada.
La españolísima aldaba de mi casa en la calle Calzada entre Pinney y Progreso, al costado de un viejo hospital español, tenía el rostro de un elaborado león en el mango, así la exhibían la mayoría de las casas en mi pueblo que había sido fundado por los españoles y los criollos en 1828.
El museo de Cárdenas, al que mi padre me llevó muchos domingos, tenía verdaderas joyas arqueológicas: una multitud de atildados sables y espadas, arcabuces y rifles españoles, primorosas monedas de oro romanas, machetes y pistolas utilizadas por los mambises y los españoles en las guerras de independencia. Había una chiba con tres patas y otras anormalidades que despertaban la curiosidad del visitante. Aves disecadas, coches fúnebres de barroca e impresionante construcción, los cuales impresionaban fuertemente tanto a los niños como a los adultos. Monumentales coches de bomberos de principios del siglos XIX, cuando se fundó la ciudad. Importantes documentos de las guerras de independencia y de la fundación de la ciudad. Medallas, pergaminos, algunas pinturas de principio de siglo y allí estaban los carros marcados por decenas de tiros del ataque al cuartel Goicuría y el automóvil que llevó a Radio Reloj a José Antonio Echeverría, cuando el 13 de Marzo de 1957 este líder estudiantil cardenense lidereó la acción más auténtica y heroica de la revolución cubana, trataba de impedir que los comunistas se apoderaran de Cuba. Castro calificó a estos mártires de “puchistas” un día después que sacrificaron sus jóvenes vidas por la libertad de Cuba. Más tarde de le antojó “reabilitar” su imagen a conveniencia propia-como lo ha echo con tantas de sus víctimas, entre las más notables está Frank País, Camilo Cienfuegos, El argentino indigente y Echevarría. Este ha sido un patrón a seguir desde el principio por el criminal bolcheviquismo soviético. En el museo de mi ciudad natal se podía apreciar, acribillado a balazos, aquel carro que había llevado a Echevarría a su trágica muerte.
Siempre recuerdo una leona disecada que se escapó de un circo y la tuvo que matar un policía para proteger a la población y un elefante que también se había escapado de otro circo a principios de siglo y encontró un destino similar.
Había una considerable cantidad de cabezas cortadas de indios, reducidas y extraordinariamente conservadas en recipientes de cristal. Se exhibían látigos de siete cabezas de piel, de las cuales colgaban siete plomos y otros instrumentos de tortura utilizados por los conquistadores españoles en la isla para diezmar, y finalmente eliminar la población indígena cubana.
Desde muy niño, enamorado de la historia, le pedía a mi padre que me llevara al museo. Y lo hizo muchas veces. Siempre que fui estaba vacío porque el alma de la mayoría de los cardenenses, ni antes ni durante ni después del desastre, fijaba sus inquietudes su herencia ni en su historia.
Fue la mayoría la que abrazó con vehemencia el castrismo en enero de 1959 y a través de las primeras dos décadas de la dictadura. Quizá por eso es que hoy sufren, después de 54 años la opresión comunista. Quizá es por esto que en nuestros días el símbolo de Cárdenas sea un cangrejo, el cual es notorio por caminar hacia atrás y el más famoso de sus ciudadanos sea el “Niño Elián”, heredero de las “Virtudes de El Ché”. Ora víctima-colaboradora de la ignominia que ha dilapidado el espíritu y el orgullo nacional.
Cuando regresaba del museo le contaba a mi madre todo lo que había visto con pormenores. Me maravillaba aquella esquina de la memoria cubana que tanto valor albergaba. Los comunistas se percataron de este valor y, como hacen con todo, destrozaron el museo. Se llevaron el oro y todo lo que tenía de valor. En la entrada se podía apreciar un estatua de Isabel II, que había sido un obsequio de España en la inauguración de la galería. Los comunistas trajeron una bulldozer y la hicieron añicos. Recuerdo la estatua destruída a la entrada del museo. De niño no podía comprender porque habían desmantelado el museo y desbaratado la estatua. Esto lo vine a comprender con los años. Si asesinaron a 100 millones de seres humanos en el siglo XX qué significaba para ellos un museo.
De museo pasó a ser ayuntamiento de la ciudad: otra burla burocrática de la internacional socialista, pues en el comunismo todo el poder está centralizado. Las alcaldías, las gobernaciones y todo lo que mal se llame gobierno local es un ente sumiso al partido, que es “el máximo líder”.
En los años 90 un amigo de mi padre visitó Cárdenas y le trajo un video cassette de la ciudad en el que incluía el museo, que lo habían “rehabilitado”. Cuando lo vi en la grabación casi no podía creer que era el mismo lugar. Todo objeto de valor había sido saqueado. De las salas repletas de armas sólo quedaban un par de espadas y machetes. Exhibía como especial atracción un par de moscas que “vistió” alguien por sabe Dios qué razón y las cuales era necesario ver con una lupa.
Habían destrozado el museo de Cárdenas como han despedazado todo lo que han encontrado a su paso, como hacen hoy con Venezuela.
Pero en los años cuarenta Cárdenas bailaba, despreocupada e ingenua de lo que le vendría encima.
Fue en uno de aquellos bailes en el Liceo de Cárdenas que mi padre, José Ramón Martel, la vio por primera vez. La preciosa joven lo impactó de tal manera que le imploró al hermano menor de mi madre, Mayito, que se la presentará. Mario o Mayito, como todos cariñosamente lo llamamos, y mi padre eran amigos.
Desde el momento en que la vio-como me contó muchas veces-tal parece que fue amor a primera vista, uno esos flechazos letales que la mujeres suelen dar sin mover ni un dedo. Y como él repetía hasta sus últimos días “Cuando ví a Panchita yo sabía, ya yo no tuve ojos para ninguna otra mujer.”
Se enamoraron y tras seis años de noviazgo unieron sus vidas para siempre.
Estuvieron casados 60 años y están enterrados juntos.
De esa unión nací yo que los requiero y los honro hasta este día y así lo haré Siempre.
Ninguno de los dos eran fáciles, con los años vinieron las majaderías que nos atacan sin piedad a todos los seres humanos. No obstante se quisieron mucho, se complementaban.
No puedo decir ni una sola vez que vi a mi padre lanzarle el menor insulto a la mujer que adoró en vida. Esta manera de ser con ella y con los demás le ganó un enorme respeto de su cuñada Nora, quien siempre mencionaba lo leal que era mi viejo y hasta lo defendía si mami se ponía con una de sus majaderías. La única que me salta a la mente es que lo regañaba cuando eran invitados a comer en casa ajena. “Martel, no comas más que te lo vas a comer todo”, le repetía. Nosotros nos reíamos muchísimo con aquello y lo molestábamos, especialmente yo que le susurraba a mami “mira vieja, el viejo se está comiendo toda la comida de todo el mundo” para incitar sus injustas pero graciosas reprimendas.
Mi padre había levantado un taller de bicicletas con sus brazos a escasos 19 años de edad. Comenzó a trabajar a los ocho años. La lucha por sobrevivir y la calle lo curtieron, lo hicieron un hombre a la edad cuando los niños juegan despreocupadamente bajo la protección de sus padres con sus juguetes.
Los dos tenían una educación académica de tercer grado pero tenían un doctorado en dignidad, en decencia humana.
Se vestía mucho de blanco en aquellos años, trajes de gabardina blanca con lazos, vestidos de seda, exquisitos sombreros y zapatos de dos colores a precios que hasta las más modestas clases medias podían adquirir.
La Cuba que diseñaron los comunistas a su conveniencia fue parte de una gran mentira. No era un paraíso pero tampoco fue el infierno con 20,000 muertos que inventaron los bolcheviques cubanos para destruir a todo un pueblo.
Llegué a admirar la colección de lazos que tenía mi padre. Los guardaba en decenas de diferentes colores y diseños en una caja de madera especialmente hecha para éstos.
Los comunistas le quitaron hasta sus lazos en el inventario que hicieron en mi casa cuando los viejos declararon que se iban de Cuba.
Los comunistas eran también nuestros vecinos, que por años envidiaban el taller al que le dedicó su vida mi viejo, quien trabajaba hasta los domingos mientras ellos vagabundeaban cobardemente el credo de la nomenclatura: el odio que hasta hoy reina en mi ciudad natal, en mi país como un castigo, como un azote prendido a toda la voluntad de un pueblo que un primero de Enero de 1959 le volteó la espalda a Dios.
Llegando la desgracia nací yo.
Mi madre fue el balance entre el odio que se regaba por la inmensa mayor parte de las casas cubanas y sus brazos, siempre protegiéndome y sobre todo enseñándome modales, respeto, y siempre aplacando mi espíritu rebelde ante aquella chusma, porque desde que tengo uso de razón he sentido un asco, un intenso desprecio por el culto comunista y sus seguidores, que dejaron cien millones de víctimas en el siglo XX.
En 1989 cuando se derrumbó el comunismo en su propia cuna sentí que la verdad siempre estuvo de mi lado.
Es una verdad que amargamente no ha llegado a Suramérica, estancada por el falso idealismo, plagada de clasismo, envidia e inquina bajo la máscara criminal del socialismo, en nuestros días desatado en Venezuela, donde la mentira y la violencia son la orden del día y donde media población se ha contagiado de este virus mortal, de esta plaga inmunda.
La otra mitad de los venezolanos lucha sola contra todas las armas de la internacional socialista y sus gobiernos y organizaciones compinches.
Mi madre rechazó el comunismo desde sus principios en Cuba.
Nada sabía de política pero intuía aquella maldad de manera excepcional. Su espíritu la alertaba de que los barbudos que bajaron con rosarios colgados del cuello de la sierra traían la vileza en sus entrañas.
El crimen, la mentira, el abuso, el asesinato y la violencia siempre fueron ajenos a su naturaleza.
Cada vez que modero mis furias, cada vez que entiendo que he ofrecido un gesto positivo ante una actitud negativa, las enseñanzas de mi madre operan en mi. Porque su limpieza de alma me llegó hasta a incomprenderla en ocasiones y es que no llegábamos a ella. Toma comprensión entender de lleno a una persona de tan generoso corazón. Tenía un don único para perdonar, para reconciliar, para dar lo mejor de si.
Era una mujer de paz.
Era una Hija de Dios.
La única persona a quien jamás soportó fue a Fidel Castro. El hijo favorito del otro. Mami no lo perdonó ni en su honda misericordia, en la que profundizaba por horas con su rosario, rezando por los enfermos, por los que sufrían, por los desesperados.
Jamás, sin embargo, rezó por Fidel Castro. Y es que entendía que Cristo nos enseñó a orar hasta por nuestros enemigos, pero jamás por el demonio.
Fueron los años cuarenta muy felices para mi madre. Había conformado un matrimonio con un hombre trabajador y bueno. Tenía su extensa familia con la que se reunía los fines de semana alrededor de su madre. Sus hermanas eran también centro de su vida, sobre todo Nora e Irma.
Recién casada viajó por la isla con su esposo. Heredé docenas de fotografías de aquellos años. Su felicidad, espejo de su inolvidable sonrisa, traspasa las viejas fotos que se mantienen en excepcional condición.
Dedicó su vida de casada a ser ama de casa.
Su espíritu emprendedor la hizo pedir a mi padre que le comprara una máquina de forrar botones.
Mientras papá trabajaba en su taller de bicicletas que se encontraba en la entrada de nuestra casa, mamá forraba botones de diferentes colores y diseños para una clientela que llegó a acumular a base de su minucioso trabajo y buen gusto.
Jamás podré olvidar aquella máquina de forrar botones. Pesaba una tonelada. Requería una habilidad especial-que jamás entendí- para operarla. Mami forraba cientos de botones con el mismo amor que la caracterizó por 85 años. Cuidaba de forrar los botones de trajes y vestidos, más que con cuidado con afecto: de su máquina salían botones forrados de amor.
Los turbulentos años cincuenta estaban lejos de la apacible vida de mis padres, a los que la política le fue ajena hasta que le vino a destrozar su vida y la de toda su familia. “Si no nos ocupamos de la política, la política se ocupará de nosotros” escribió certeramente el alemán Charles Bismark.
Los cubanos nos concentramos en superarnos individualmente desde el inicio de la mal nacida república, no nos ocupamos de estudiar la política y la política representada por la familia Castro, se ocupó de destrozar nuestra identidad y nuestra nación en nombre de una ideología extraña, diabólica y foránea.
Mi madre rechazó el comunismo fidelista desde sus primeros disfraces. Identificó al castrismo como lo que llegó a ser: satanás en su máxima expresión.
Y no erró.
Mi tía Nora tuvo una revelación aquel primero de enero de 1959, cuando apenas tenía yo dos meses de nacido.
Nora no tenía inclinaciones políticas. Siempre fue y es una mujer de un carácter fuerte, siempre mujer, siempre emprendedora y protectora de su familia pero de una innata intuición. Así es que cuando Fulgencio Batista abandonó el poder para cederle la entrada triunfal a los facinerosos mi tía salió al patio de su casa y comenzó a gritar a toda voz “¡Ahora si se desgració Cuba! ¡Ya no habrá paz en este país! ¡Esto se desgració para siempre!”
Tuvieron que calmar a Nora sus vecinos. No habría tregua para lo que sería una verdadera revelación.
Desde entonces Cristo operaba en ella.
Un día después comenzaron los juicios estalinistas y los fusilamientos. El demonio mismo se desató en la isla. Satanás se encarnó en los nuevos líderes cubanos y el execrable argentino, contagiando al 99% de la población y la maldad, con el mayor grado de cinismo, se apoderó de Cuba hasta nuestros días.
El culto comunista beatificó a Fidel Castro en estampitas semejantes a las de Cristo. Llegué a ver una de estas estampas al final de los años 80 en Union City. Una compañera de trabajo la había traído de Cuba y mostraba a Fidel con un halo alrededor de la cabeza y palomas blancas en los hombros mientras en uno de su brazos alzaba una ametralladora. Por detrás se leía una oración directamente a Fidel. Era definitivamente una obra diabólica.
Algo similar sucede en el 2013 en Venezuela con la figura del difunto Chávez. Ya hay gente que le reza a este ícono de los pobres de alma.
Recuerdo la reacción adversa de mi madre hacia Hugo Chávez una de las primeras veces que salió en televisión en 1992, después que le dio un golpe de estado a Carlos Andrés Pérez. Cuando mamá escuchó que por su desmedida ambición de ser un zar latinoamericano a costa de la sangre de otros recurrió a la violencia, volvió el rostro y nos dijo: “Este hombre es otro Fidel Castro”.
No se equivocó.
Durante los primeros días de la pesadilla cubana mi madre se reunía con una familia en la calle Sáez de Cárdenas quienes tenían una farmacia en la ciudad. Los fusilamientos se esparcieron por todas las ciudades de Cuba. Cárdenas no fue excepción. Me relató mi madre muchas veces que se encontraba en la casa de aquella familia, a la cual solía visitar una vez a la semana, cuando uno de los familiares tiró en la mesa de sala un conjunto de fotografías de los fusilados en la ciudad. Ojos abiertos antes del momento final, ojos implorantes, ojos fijos después de los tiros, cráneos desgarrados después del tiro de gracia, cadáveres rodeados de una multitud que festejaba aquella masacre.
Hasta ese día mi madre visitó aquella casa. Su naturaleza la apartó de aquellos “amigos” que celebraban la muerte como si fuese un circo.
Mamá se levantó de su asiento y se fue.
Jamás le volvió a dirigir la palabra a aquella gente.
Dentro de su bondad siempre demostró una gran dignidad, especialmente en tiempos adversos.
Desde luego que aquellos “revolucionarios”, cuyo familiar dedicó los primeros meses en tirarle fotografías a los que fusilaban en el cuartel de Cárdenas, a unas escasas seis cuadras de mi casa, fueron también unos de los primeros que los comunistas le quitaron la farmacia, las propiedades que tenían en Cárdenas y finalmente todo, porque decidieron irse del país y cuando declarabas en los años 60 que te ibas te caía encima la plaga.
Te enviaban a una granja a trabajar como una bestia hasta que te llagara la salida. Entonces te hacían el famoso “inventario” donde escribían minuciosamente en un cuaderno todo lo que tenías en tu casa para quedarse ellos con todas tus pertenencias. Y si te faltaba algún objeto, aunque fuese un soldadito de plomo, cuando regresaban para hacer el “reinventario” no te dejaban salir de Cuba. Más aún, te calificaban de ladrón. Ladrón de tus posesiones que ahora le pertenecían a los “revolucionarios”, a los que habían venido a “salvar al pueblo” a nombre de la revolución proletaria, a nombre de la humanidad.
Y a nombre de “la humanidad” echaron a andar su máquina destructora y se entregaron a la misión de asesinar a miles de cubanos e hicieron que millones más sufrieran su rabia vengativa y codiciosa de sangre.
Una vez en el aeropuerto José Martí de La Habana te quitaban todo lo que llevabas en el bolsillo, relojes, anillos, cadenas de oro, fotografías, estampitas de Cristo, algún billete cubano que deseabas llevar como recuerdo y todo lo que le viniera en ganas al esbirro de turno de la aduana del “Primer Territorio Libre de América”.
Aquellos comunistas de los 60 y los 70 son los mismos que los que desde los años 90 le cobran a los cubanos que regresan a la isla 70 dólares por maleta, se roban todo lo que les gusta y encima cobran “sobre peso”, un eufemismo para justificar la corrupción de los oficiales de aduana de Cuba, verdaderos gansters, traficantes de la tristeza. Fieles marxistas.
A esto los comunistas le llaman “justicia social”.
A mamá todo este abuso le era aborrecible. Sólo soportó los abusos de aquella chusma por sostener la determinación de salvar a su hijo del fangal homicida castrista, donde muchos que abrazaron con enajenación el culto y se arrepintieron después no tuvieron el valor de señalarse como “contra revolucionarios” en aquellos años de la turbulencia.
Muchas voces de arrepentimiento escucharon mis padres cuando regresaron a Cuba ocho años más tarde. Eran, sin embargo, voces apagadas, voces invadidas por la paranoia general que va, científicamente, el comunismo sembrando en los pueblos. Voces remordidas en algún sitio ignoto de la conciencia, después amargamente reconocible, por haberse alzado alguna vez pidiendo “Paredón de fusilamiento” para personas que jamás conocieron.
En 1978 y 1979 era ya tarde de arrepentirse para muchos que habían abrazado la revolución en los años sesenta.
No sería hasta el éxodo del Mariel en 1980 que un sector del pueblo cubano desatara su frustración en la embajada del Perú y Fidel Castro los usara como válvula de escape, no sin antes ultrajarlos, humillarlos y enviar a la chusma comunista a golpearlos salvajemente, algunos fueron asesinados en plena calle por las golpizas de los castristas. Muchos de los verdugos de los “marielitos” se encuentran caminando las calles de Miami o conduciendo suntuosos automóviles. Aún otros que fueron martirizadores de sus compatriotas caminan tranquilamente por las calles de la capital del sol o por Union City, todavía proclamando su odio-y en muchos casos su admiración por “los logros de la revolución cubana”. La mayor parte del exilio combatiente ha muerto, se ha retirado al sur de la Florida mientras los que una vez juraron “patria o muerte” a los compañeros continúan impasibles su integración a la nación a la que le juraron guerra a muerte. Fieles a Fidel a Marx y comparsa han elegido “muerte” en los restaurantes de Miami y en los asientos de piel de sus lujosos automóviles.
Siento un inmenso orgullo de que mamá jamás fue parte de este desperdicio. Tampoco fueron mis padres parte de la hipocresía, el clasismo y la comemierdería que ha caracterizado a gran parte de este exilio, repugnante tradición que han pasado a sus hijos y nietos.
Pero en los años 60 y 70, en pleno hervor revolucionario, sólo los que se atrevían a desafiar el castigo que les vino encima por el delito de desear escapar del comunismo, tienen la moral para denunciar a los que tanto daño le hicieron a ellos y al pueblo cubano.
Esto no quiere decir que no continuaron los comunistas, mal nacidos en Cuba, masacrando y manteniendo bajo la bota estalinista a la mayoría de los cubanos. Lo hacen hasta nuestros días. La diferencia es que lo hacen con la mayoría del pueblo cubano que se resigna a su destino o se resiste a admitir que cometieron un error garrafal, algo muy difícil de reconocer en gran parte de los seres humanos. Débiles en reconocer sus propias limitaciones tanto como sus derrotas.
Así las víctimas cubanas de recientes tiempos, quienes llevan la moderna estirpe de “inmigrantes económicos” acarrean el Síndrome de Estocolmo, en el cual la víctima llega a apreciar a sus secuestradores. Muchos expresan una notable gota de admiración y hasta cariño por el monstruo que arruinó las vidas de millones en su patria, a la que tampoco estiman en términos nacionalistas porque Fidel Castro ha difundido la cubanía para ponerla al servicio de la Internacional Socialista y esto ha parido una nación, con contables excepciones, de gente confundida, intensamente materialista, atea, coja de moral y lejos del prestigio que caracterizó a los criollos patriotas, Padres de La Patria, que dieron todo; sus fortunas y sus vidas por la dignidad de alcanzar la autonomía de su gente, de su pueblo.
Imagino, poéticamente, que los principios sostenidos por Céspedes, Agramonte, Maceo, Máximo Gómez y Martí hubiesen sobre pasado y sobre pesado la violencia que los comunistas desplegaron en la Sierra Maestra, porque si revisamos la historia hasta nuestro apóstol fue traicionado por un cubano y el más grande de nuestros guerreros, El Titán de Bronce, fue asesinado por cubanos manejados por dinero y motivos racistas.
Imagino que los que ciñeron el trapo rojo-negro en 1959, colores calcados del nazismo, al menos un 70 por ciento de los cubanos, se hayan arrependido como se arrepintieron todos los que apoyaron al comunismo europeo desde su nacimiento al borde de un tiro en la cabeza o de una soga en el cuello, desde donde cayeron o colgaron más de 100 millones, después de las más insufribles torturas sicológicas y físicas en las que se han hecho expertos los marxistas.
Otra de las tradiciones más populares de los comunistas es el robo. Al robo lo califican con un diverso vocabulario, del que son maestros en su “dialéctica materialista” En la Cuba castrista de los 60 le llamaron “inventarios”.
En los “inventarios” robaban todo. lo que tenía algún valor para ellos y lo que no tenía ningún valor pero alimentaba su maldad y desataba su odio sobre sus conciudadanos.
Los “inventarios” eran una forma de desplegar su inquina contra todo el que no manifestaba servidumbre al partido comunista.
A los “revolucionarios” de la calle Saenz les llegó su hora. Saltaron en carcajadas sobre la desgracia de otros hasta que les tocó a ellos su turno. Decidieron irse de Cuba y todos sus bienes materiales, sus opulentas casas, sus surtidas farmacias, cayeron en manos de los corruptos “socialistas”, cuyo circo del sistema judicial revolucionario y sus resultados habían aplaudido, se habían reído de las fotografías de las acribilladas víctimas y después criticaron a los que, como mi madre, les había dado la espalda ante su morbosidad.
Imagino que en el caso de la familia que mi madre amistó en la calle Saenz también le robaron aquellas monstruosas fotografías, sino es que el que las mostraba orgullosamente en los primeros días de la revolución las quemó, lleno de arrepentimiento y asco así mismo, aunque el arrepentimiento y la humildad no son propias de la mayor parte del cubano
Si alguna vez mamá llegó a tener una minima esperanza en los barbudos de la sierra, que lo dudo muchísimo, ésta se evaporó en los primeros días del triunfo de la revolución.
Mi madre toda su vida detestó la violencia. Y la violencia corre en las venas del comunismo.
En esos días fusilaron a varios miembros de la policía local de Cárdenas. Mi padre tenía un cliente en su taller de apellido Macías. Era un oficial del gobierno de Batista. Era un tipo de fuerte carácter, serio, grave, intensamente anti comunista.
En los primeros días de enero de 1959 los revolucionarios lo arrestaron. Brotándole espuma por sus repugnantes bocas comunistas lo enjuiciaron.
Sus jueces eran vagos, borrachos, zapateros, limpiabotas, ladrones y otros destacados criminales del pueblo. Lo acusaron de una multitud de crímenes ante la festiva gritería de la chusma cardenense, que emborrachada en la tirria que contagió a la mayor parte de la isla, pedía a gritos “¡Paredón, Paredón!”
Mi padre me contaba que a este sargento le arregló sus bicicletas en múltiples ocasiones. Jamás le dejó de pagar. Jamás le mostró un gesto de autoridad ni violencia. Papá nunca entabló amistad alguna con él pero se respetaban como hombres. Mi padre fue un hombre de familia pero cuando alguien lo amenazaba su personalidad apacible se tornaba en un temperamento extremadamente violento. Desde niño me enseñó que el diálogo y la paz entre los hombres prevenía mayores males pero cuando esto no funcionaba y la violencia era el único camino era imprescindible dejar la vida en la pelea. De esto fui testigo dos veces en mi niñez cuando mi padre decidió defenderse. Jamás podré olvidar su entrega a la pelea hasta las últimas consecuencias Gracias a Dios que sus contrincantes leyeron en sus ojos su resolución a echar todo en un instante por salvar su hombría y su honor, una vez por sacar a un ladrón de nuestra casa y otra en el taller donde un personaje se puso majadero.
Esto lo había adquirido en la calle, donde se tuvo que defender desde su niñez. Años después leí “La Conjuración de Catilina” de Salustio y se prendió en mi la frase “Locos son los que dejan las armas”.
Nunca me dijo si lo fue a ver personalmente cuando fusilaron a Macías pero de la manera personal que me narraba aquel crimen intuyo que estuvo presente cuando a Macías lo fueron a fusilar y llamó a su hijo, un adolescente envuelto en lágrimas. Le dio su cadena de oro y el Cristo que colgaba de ésta diciéndole “No te vayas. Quédate para que veas a un hombre morir”.
Los comunistas lo reventaron a balazos y después-a su característica manera-profanaron su cadáver, ante el feriado ambiente de los cubanos.
Fue de mi madre que heredé una buena parte de la contraparte del carácter de papá, pero de parte de mi padre tengo sangre de Félix Martel, el famoso pistolero de la familia, del que el mejor amigo de mi padre, Manuel Santos, me narró una y otra vez su violenta historia.
Y quizá por esa línea familiar es que he abrazado con furia mis batallas desde los trompones hasta la política en mis años de juventud.
Desde que mi madre se percató de la crueldad comunista decidió salvar a su hijo de la plaga. Y fue ella la que más influyó para que escapáramos del “paraíso socialista.”
Su hermana Nora ya estaba en tierras de libertad. Nora acertó en la revelación de que la situación de su país se hundiría en la más paupérrima miseria por décadas. Luchando como una leona junto a su esposo para sacar a su hija adelante, forjó un destino para su familia en New Jersey. Y fue ella y los suyos quienes más nos ayudaron a salir de la isla cárcel ante la intensa enajenación de aquellos primeros años del fidelato.
Una vez en España nos apoyaron económicamente hasta que arribamos a este país, aunque mi padre había transferido una considerable cantidad de dólares a Los Estados Unidos previendo su salida de Cuba. Una vez aquí mis padres le pagaron hasta el último centavo por la ayuda recibida.
Los tardíos años 60 fueron crueles para mi madre. Una vez que declaramos que nos íbamos de Cuba formamos parte los “gusanos”, término peyorativo que los comunistas abusan para identificar a los que no que no practican la genuflexión ante su implacable violencia.
Durante los 60 el mundo de mamá cambió violentamente. Dos golpes la marcaron para siempre. Uno fue la muerte de su hermana Fefa, a cuyos hijos, mis primos Nancy y Pitití le tenía un entrañable cariño.
Fefa se nos fue de una enfermedad del corazón, que corre genéticamente por mi familia maternal.
Era yo muy pequeño cuando su hermana falleció pero suficientemente crecido para recordar el inconsolable llanto de mi madre por mucho tiempo, tratándose de esconder en algún rincón de la casa para que yo no la viera sollozar.
Nancy y Pitití están en Cuba y en la faceta más aguda de su enfermedad mami preguntaba por ellos. Cuando sus hermanos y sus hermanas se fueron yendo, especialmente Irma, mami no dejó de recordarlos con el mismo amor cristiano que fue el sello de su hermosa vida.
Otro golpe fue la repentina muerte de Enrique Obregón, un amigo de la familia a quien los comunistas le causaron una temprana muerte a base de humillaciones y disgustos.
Obregón amistó a mi familia con su naturaleza noble y su rechazo al comunismo. Era un profesor de educación física. Estaba casado y de su matrimonio nació una hermosa hija.
Era un hombre de una imponente fortaleza física y un carácter fuerte pero abroquelado en un corazón grande y generoso. Recuerdo que visitaba a mis padres muchas veces. Mi padre compartía con él y su gran amigo, Manuel Santos, los programas de La Voz de Las Américas que estaban prohibidos en la Cuba de Castro, ya en una Cuba totalmente regida por un tirano.
Los comunistas nacidos en Cuba se ensañaron en este hombre. Era un hombre de buenos sentimientos: una violación imperdonable para los castristas. Lo apartaron de su trabajo como profesor de educación física. Lo enviaron al trabajo forzado. Lo insultaban, ultrajaban su dignidad. Murió de un ataque al corazón corto tiempo de que su mujer y su hija salieran de Cuba. La noche antes de morir, después del primer infarto estaba en la cama del hospital, hablando y riéndose con su familia y amigos que lo visitaban. Esa noche se fue. Siempre guardo la sospecha que a Enrique Obregón lo asesinaron esa noche los comunistas que tanto lo envidiaban y odiaban. Tal fue la amistad que le profesaron mis padres que cuando su hija y su esposa estaban dispuestas a partir de Cuba hacia Miami la última noche en la isla la pasaron en mi casa. Quizá por temor a que algo les ocurriera en ese último día en la isla mazmorra.
En mi memoria vive la amplia y sincera sonrisa de aquel hombre cuyo crimen, como el de tres millones de cubanos en aquellos tiempos fue decidirse a dejar la Cuba marxista.
Su esposa e hija arribaron a este país de libertad. Nadie, ni siquiera mi tía que los ayudó a su llegada, supieron más de ellas.
Esta es otra de de las tantas historias escritas por la maldad y la violencia de la familia Castro.
Mi madre lloró desgarradamente la muerte de Obregón por mucho tiempo. Mi padre, un hombre más duro y curtido por la vida comenzó a repetirme: “El comunismo es una mierda” desde entonces hasta el último de sus días.
En 1978 y 1979 mis padres y mis tíos regresaron a Cuba para ver a sus familiares. Los halaba su amor familiar, la necesidad de ver a sus madres y hermanos antes de que murieran.
En este viaje mi padre logró reunirse con mi abuela Josefina, quien moriría corto tiempo después en Cárdenas.
Cuando su madre falleció vi a mi padre llorar por primera vez.
Sollozaba pero no le salían lágrimas de sus ojos. Yo lo besaba y acariciaba tiernamente ante sus gestos para que saliera de su presencia. Así de duro era papá.
Había en aquel exilio de entonces una militancia radical, de la que yo en aquellos tiempos me resistía a entender y mucho menos a pasar a ser parte de su lucha, aunque latía en mi un intenso rencor hacia los comunistas. Cuando uno escapa de la pesadilla rechaza todo lo que tenga que ver con ésta. Aunque jamás olvidaré el inmenso daño que le hicieron a mi familia.
A mediados de los años 80 conocí a los ex-prisioneros políticos cubanos y di un giro de 90 grados. El libro “Contra toda esperanza” de Armando Valladares, que relata en detalle el tratamiento infrahumano que se les da a los presos políticos en Cuba fue un factor determinante en mi.
Se reafirmó en mi el compromiso de jamás regresar hasta que Cuba sea libre y democrática. Y esta posición la mantendré hasta que la democracia reine en Cuba. Aunque he sentido el deseo de ver una vez más a mi ciudad y caminar por las calles de mi niñez, estoy convencido de que jamás pisaré tierra cubana, sobre todo en nuestros días cuando “libertad” es una palabra que vive sólo en los más valientes de los cubanos, los que resisten la oligarquía castrista mientras que la mayoría se acomoda en la conveniencia, traficando con la miseria humana.
Y es que cuando la mayor parte de un pueblo ha perdido sus principios no vale la pena visitar la tierra que te vio nacer, ni siquiera por las más elementales necesidades nacionalistas.
Cuando visitaron a sus más cercanos familiares sé que lo hicieron a conciencia de que cedían ante el chantaje sentimental que Fidel Castro había planeado cuidadosamente. En uno de sus delirantes discursos había profetizado que los gusanos trabajarían para él. Hasta el día de hoy, medio siglo después regresan los cubanos a entregarle sus dólares a su verdugo, los más sinceros a nombre de sus familiares, la mayoría para restregarle en la cara a los desdichados que dejaron atrás todo lo que tienen y de lo que éstos carecen. Muchas veces hasta alquilando las joyas que llevan puestas como trofeos de su maldad y su ignorancia.
Este no fue el caso de mis padres y los miles que como ellos regresaron para abrazar a sus familiares y en vez de alardear de lo que tenían, compartieron todo lo que pudieron con sus familias en la gran prisión cubana.
En el verano de 1978 mi padre llevaba fosforeras y cuchillas de afeitar para regalarlas a amigos y familiares, estando consciente de la necesidad que sufría el pueblo cubano bajo el comunismo. Muchos fueron los que los fueron a saludar, unos por sinceridad otros para ver que se les pagaba y papi les regalaba una fosforera y un paquete de cuchillas Gillette para afeitarse.
Una noche, cuando todos se habían marchado a sus casas se apareció el comunista que le había negado el certificado de salud a mi madre. Mi padre lo recibió brevemente y antes de despedirse el comunista le dijo: “Martel ¿No tienes unas cuchillitas y una fosforera que me regales?” Papá le dio lo pedido y se despidió sin odios ni rencores.
Así son los comunistas. Arrastrados, ruines, bajos. El Partido es su único Dios. Contadas veces tienen convicciones destacables, como las del poeta Miguel Hernández, que ni siquiera sabía lo que era la esencia del comunismo, sin embargo dio su vida, su inmenso talento por una ideología cuyos líderes, como La Pasionaria y Santiago Carrillo huyeron como ratas a la antigua USSR para, de manera típica usarlo como estandarte sin importarle su sacrificio ni el de su familia, que quedó a merced de los vencedores de la Guerra Civil Española y, justificadamente, sedientos de justicia ante los crímenes que cometieron los comunistas en la década de los años 30, fueron implacables con los vencidos.
El único consuelo que me queda de aquel rastrojo comunista que causó que mi madre se enfermara del corazón en los trabajos esclavos a la que la condenó es que se está quemando en el infierno eternamente y que su hijo, un escandaloso homosexual comunista, reprimido y acomplejado irá a parar al mismo lugar donde agonizan sus padres.
Mi madre jamás tuvo una palabra de odio hacia este nauseabundo comunista.
Yo jamás llegaré a su alcance de perdón, a su increíble humildad.
En eso no salí a mami. Gentuza de esta calaña no merece ninguna consideración ni piedad.
Fueron aquellos años tiempos difíciles para mi madre.
Recuerdo esperarla o despedirla cuando venía o iba a los trabajos forzados. Se bajaba de un camión con sus ropas manchadas de tierra roja. En una ocasión me llevó.
Aquella mujer que dedicó su vida a su familia, cuyo trabajo fue forrar botones ahora recogía papas en el campo por el delito de querer irse del país.
A mi padre lo encerraron en una “granja”-léase campo de concentración- y estuvimos separados por dos años.
Aquella agonía y esfuerzo físico empeoró la frágil salud de mami, quien sufriría toda su vida de fiebre reumática.
El 30 de noviembre de 1970 abordamos el avión de Iberia camino a España.

Mis padres en una corrida de toros en la Plaza Monumental de Las Ventas, Madrid (circa 1972).
Vivimos en la calle Francisco Villaespesa # 1, entre Hermanos Machado y Hermanos Gómez en Madrid por tres años. Años fuertes para mi madre pues fue allí donde se desató la fiebre reumática que había contraído en Cuba gracias a los comunistas.
Tuvo que guardar reposo la mayor parte del tiempo que estuvo en la madre patria.
Jamás se quejó de su enfermedad. Detrás de su dulzura y su mansedumbre llevaba un carácter de acero, sobre todo en situaciones difíciles.
En los 70 no era fácil arribar a Los Estados Unidos desde España. Existía en Madrid una comunidad de cubanos, todos en lista de espera y todos desesperados por reunirse con sus familias en lo que llamábamos “el norte”.
Fue allí donde mami cumplió una promesa que había guardado celosamente. Yo había nacido con un soplo en el corazón y mamá le prometió a San Lázaro que si el soplo se me quitaba no saldría a la calle por un año y vestiría una saya de saco por ese tiempo. Mi soplo desapareció. Ningún médico lo detectaba y mi madre cumplió su promesa al pie de la letra.
Estuvo un año sin salir ni a la puerta del edificio y con su saya de saco todo el tiempo.
El 5 de mayo de 1973 el Comité de Rescate Internacional hizo posible que yo saliera de España y me reuniera con mis familiares en Los Estados Unidos. Una vez aquí reclamé a mis padres quienes arribaron al aeropuerto John F. Kennedy dos semanas más tarde.

Mayo 15 de 1973, uno de los días más felices en la vida de mi madre, cuando arribó a Los Estados Uidos y se reunió con su hermana Nora, su sobrina Maritza y su cuñado Rafael Olivera.
Durante los próximos cuarenta años vivió con su esposo en Union City.
De su rostro emanaba la felicidad cuando cumplió uno de sus más anhelados deseos: reencontrarse con su hermana Nora.
Trabajó en este país hasta que la salud no se lo permitió.
Repartió amor hasta su ultimo día.
Juré desde muy joven que jamás me separaría de ella ni de mi padre. Cuando comencé mi vida con Idania una de las primeras cosas que le dije fue que no me separaría de mis padres, “a donde yo voy allí estarán ellos” , le dije. Y así fue. Vivimos a una cuadra de distancia y mi mujer llegó a ser una hija para ellos. La llegaron a apoyar y a proteger más que a mi. Una hija buena que hasta el último de sus días fue Idania quien la aseaba, le daba de comer, la cuidaba y la mimaba y lo más importante todo lo hizo con amor. Los últimos años de mis padres compartimos la casa que en familia compramos.
Aún cuando su mente ya no estaba clara todos los días preguntaba por su hermana y por Maritza. Hablaba diariamente con ellas.
Idania también le dio una nieta a la que quiso con delirio y quien le dio muchas alegrías.
Para mis padres Idania fue su hija y así la trataron, la respetaron y la amaron y mi esposa los envolvió en su cariño, en su amor, semejante al de mi madre.
Tenía adoración con mi madrina Maritza, con su hermana Nora. Fue El Amor personificado y entre el amor se fue con Dios hasta el último latido de su corazón. Todos juntos pusimos nuestras manos sobre ella rezando y en medio de nuestro inmenso dolor le dimos gracias a Dios por habérnosla prestado, por habernos otorgado el privilegio de ponerla en nuestras vidas.
Hoy, Día de las Madres, le doy gracias a Dios por haberme regalado una madre tan especial y aunque mi egoísmo de hijo me hace arrasarme los ojos de lágrimas, sonrío cuando la veo con su túnica verde-radiante entre los elegidos por Cristo.
Me llevo la tranquilidad de jamás haberle faltado al respeto, de jamás quitarle un centavo de su duro trabajo a ninguno de mis padres, de nunca aceptarle ni un centavo para ninguna de las frivolidades de las que han abusado los hijos de cubanos exiliados en este país a costa del duro trabajo de sus padres.
No importa cuanto me regañó; nunca levanté mi voz para contestarle y mucho menos ofenderla.
Me llevo su recuerdo, su imborrable sonrisa, su inconmesurable amor de madre. Me llevo sus alegrías y sus tristezas, su dolor y los días que la vi radiante de felicidad entre nosotros. Me llevo sus anhelos y celebro sus triunfos que se han multiplicado en la persona de su nieta.
Celebro su vida.
Comparto su amor a Cristo como el mejor homenaje a su persona.
Siempre estará presente hasta que toda esta familia, que sólo ha hecho el bien, se reúna definitivamente bajo el manto de Cristo donde nada ni nadie nos pueda separar.

Las últimas fotos que les tiramos a nuestros padres juntos en Julio 4, 2010 en el patio de nuestra casa donde compartimos todos juntos el Día de la Independencia de Los Estados Unidos. Vivieron para edificar y levantaron a base de duro trabajo, esfuerzo y dedicación una familia constructiva que los amó hasta su despedida hacia nuestro creador a quienes siempre profesaron su inquebrantable Fe delante de los hombres. Se fueron dejándonos sus enseñanzas para el resto de nuestras generaciones. Gracias viejos. Gracias Siempre.

Inveniatur manus Dei requiescant in vita, et probasti in paradiso, quam meruit.
Aut Christus Aut Nihil! Semper Christi!
Entrevista a Maria Corina Machado después de la salvaje golpiza recibida por los gorilas de El Ilegítimo
•May 6, 2013 • Leave a Comment
Los peruanos no le temen a Toripollo: vean una respuesta digna de la gorilada que se impone en Venezuela a base de la fuerza
•May 4, 2013 • Leave a CommentIdania: la luz de mi vida
•May 4, 2013 • Leave a Comment
Mi esposa Idania (izquierda) en Bayonne High School con su amiga Delia Cortez Villegas en 1971, seis años antes de que llegó a mi vida y se quedó por los últimos 36. Tan bella y auténtica como la conocí en agosto 6, 1977. La calidad de la foto no es muy buena por la resolución de las cámaras de la época pero su sonrisa, que me conquistó completamente, es tan radiante y contagiosa como hoy. Gracias Delia por enviar esta foto. Idania: te quiero siempre, gracias por todo el amor, gracias por nuestra hija, gracias por tu indeleble sonrisa, tu insondable amor y tu ternura que me reconcilian de mis batallas y mis furias y me hace ser un mejor ser humano.
Así golpearon a diputada Maria Corina Machado en Parlamento de Venezuela
•May 4, 2013 • Leave a CommentEl Pelé, el santo gitano ejecutado en la Guerra Civil por su fe
•May 3, 2013 • Leave a CommentISRAEL VIANA ISRA VIANA / ABC-MADRID
A finales del 36, los milicianos detuvieron a Ceferino Giménez Malla por defender a un sacerdote que estaba siendo golpeado. Le ofrecieron la libertad si entregaba su rosario, pero se negó y fue fusilado

Retrato de «el Pelé», primer gitano beatificado de la historia
Son muy pocos los gitanos que, por unas razones u otras, alcanzaron cierta notoriedad durante la Guerra Civil, y ciertamente el estudio de su papel en el trágico periodo comprendido entre el 36 y el 39 es muy escaso. Apenas encontramos un par de estudios al respecto y el recuerdo de algún personaje como el pintor anarquista Helios Gómez. Pero en este océano de oscuridad destaca un hombre que trascendió las fronteras del tiempo hasta el punto de que tal día como hoy de 1997, Juan Pablo II le convirtió en el único gitano beatificado en la historia del Iglesia. Su nombre: Ceferino Giménez Malla, alias «El Pelé».
«Su vida muestra cómo Cristo está presente en los diversos pueblos y razas y que todos están llamados a la santidad, la cual se alcanza guardando sus mandamientos y permaneciendo en su amor», dijo el Papa sobre él en su homilía de mayo del 97.
A diferencia de Helios Gómez, que llegó a ser un miembro importante del Partido Comunista, «El Pelé» no era más que un simple comerciante marcado profundamente por la religión católica. Había nacido en Fraga (Huesca) un 26 de agosto de 1861, fiesta de San Ceferino Papa, de quien tomó el nombre, y vivió siempre, al igual que su humilde familia, profesando la ley gitana tanto en su formación como en el desarrollo de su vida.
Tras pasar su infancia recorriendo los caminos montañosos de la región, dedicado a la venta ambulante de los cestos que él mismo fabricaba con sus manos, se casó muy joven al estilo gitano con una muchacha de Lérida. Fue después de aquello cuando comenzó a frecuentar la iglesia, hasta el punto de que, en 1912, decidió regularizar su matrimonio con «su Teresa» según el rito católico.
Cuentan que había pocos hombres tan honrados como él, y como tal, era igualmente querido por payos y por gitanos, quienes acudían a él para solucionar sus conflictos por su prudencia y sabiduría. Y el dinero que ganó después como tratante en la compraventa de mulas por las ferias de la región, lo ponía en no pocas ocasiones a disposición de los más pobres.
«El Pelé no es un ladrón, es san Ceferino»
Cuando en una ocasión fue acusado de robo y encarcelado, en el juicio en el que fue declarado inocente su abogado llegó a decir de él: «El Pelé no es un ladrón, es san Ceferino, patrón de los gitanos».
«El Pelé» llevaba un rosario en el bolsillo cuando fue arrestado por los milicianos
Pasó su vida hasta la Guerra Civil entre las misas diarias, el rezo cotidiano del santo rosario y su dedicación por la catequesis de los niños, a quienes contaba pasajes de la Biblia y les enseñaba las oraciones y el respeto a la naturaleza, y era miembro además de diversas asociaciones religiosas como los Jueves eucarísticos, la Adoración nocturna, las Conferencias de San Vicente de Paúl o la Tercera Orden Franciscana.
Pero luego vino la guerra, que todo lo arrasó, y a finales de 1936, viviendo en Barbastro, fue arrestado por un grupo de milicianos por salir en defensa de un joven sacerdote que estaba siendo golpeado a culatazos y arrastrado por las calles de la localidad oscense para llevarlo a la cárcel. Y por si fuera poco, «el Pelé» llevaba un rosario en el bolsillo que fue la gota que colmó el vaso para los milicianos.
«¡Viva Cristo Rey!»
Fue aquí donde empezó su calvario, ya que fue condenado a muerte, y de la que no le salvó ni su amistad con don Florentino Asensio Barroso, obispo de Barbastro, a quien conocía de las reuniones clandestinas que organizaban por la Adoración nocturna en casa del obispo, forjando una amistad nada corriente entre un obispo y un gitano, que les auguró el mismo final y casi el mismo día.
«El Pelé» fue fusilado con el rosario en la mano mientras gritaba: «¡Viva Cristo Rey!»
Cuando «El Pelé» salió en defensa del joven sacerdote, sabía que aquello podía costarle la vida. Al igual que el cotidiano gesto de llevar un rosario consigo. Los milicianos le ofrecieron el indulto si renegaba de sus creencias católicas y entregaba el rosario, pero su fe era más grande y prefirió permanecer en la prisión y afrontar el martirio. Seguramente habría podido salvarse entregando su rosario a un miliciano amigo que quería ayudarle, pero tampoco aceptó.
En la madrugada del 8 de agosto de 1936, fue fusilado junto a las tapias del cementerio de Barbastro, con el rosario en la mano, mientras gritaba: «¡Viva Cristo Rey!».
Su beatificación le convirtió en el primer gitano que alcanza la gloria de los altares en la historia de la Iglesia. Y aquel 4 de mayo de 1997 fue en una gran fiesta calé en torno a Juan Pablo II, a la que acudieron más de 3.000 gitanos de toda Europa y Asia, entre ellos mil españoles, en la que el Papa propuso al nuevo beato como nuevo modelo de concordia entre gitanos y payos.
fuente: ABC
Una foto de José Martel en La plaza de Cárdenas en noviembre 2, 1947
•May 3, 2013 • Leave a CommentRafael Román Martel

Mi padre, José Martel QEPD, en la plaza de Cárdenas, Cuba, junto a dos de sus empleados del taller que tuvo por 28 años en una foto fechada en Noviembre 2, 1947, hasta que los comunistas se lo quitaron y lo enviaron a un campo de concentración, sólo porque no compartía la infamia fidelista. El viejo hablaba de su taller con singular amor: era el producto de sus manos. Lo comenzó a construir cuando tenía sólo 15 años de edad, pieza a pieza. A base de mucho sudor y duro trabajo logró tener hasta 42 bicicletas para alquilar y un taller muy popular y equipado. Comenzó a trabajar a los 8 años. Era un obrero pero los comunistas lo clasificaron como “pequeño burgués”. Jamás fue un burgués, lo recuerdo trabajando 7 días a la semana en su pasión, que era arreglar bicicletas en un pueblo donde las bicicletas y los coches a caballo eran el transporte más común.
Mi padre comenzó su negocio armando él su propia bicicleta pieza a pieza para llevarla a Varadero a alquilar los domingos. Cuando aquello, al final de los años 30 papá me contaba que las bicicletas se alquilaban “a palabra”, o sea usted se llevaba la bicicleta y pagaba cuando la devolvía sin antes haber pagado un centavo. Muy orgulloso de aquellos tiempos mi padre me repitió muchas veces: “Nunca me robaron una bicicleta”. Eran otros tiempos, otro mundo donde robarse una bicicleta de alguien que te alquilara era una bajeza impensable, reservada para el fondo de la escoria de la sociedad cubana, la cual llegó al poder en 1959 y llevó a nuestro pueblo al desastre irreparable que hoy reina las calles de la isla.
Siempre respetó la disciplina de los norteamericanos y logró, junto a mi madre, sacarnos de aquella pesadilla. Los dos llegaron sólo al tercer grado. Su nieta Frances Martel se graduó de Harvard University a los 20 años y a sus escasos 25 se graduará de abogada el 20 de mayo de Fordham University. El viejo, quien jamás le hizo daño a nadie, desde el cielo estará sonriendo cuando su nieta tenga en las manos el diploma de leyes y después las licencias de abogada de New York y New Jersey.
Mi padre se nos fue el 16 de julio del 2010, se nos fue simplemente como había vivido.
Nos marcó para siempre con su buen ejemplo, con su mansedumbre, con su dedicación a la familia. Descansa en Paz padre. Has cumplido. Estoy seguro que nos volveremos a reunir en el paraíso y todos, en la vida eterna, donde todo es posible y todo es Amor bajo el manto de Dios, montaremos tus bicicletas Niágara, sin temor a que ningún comunista te las quite ni te quite tus logros ni tus sueños, agradeciéndole a Cristo y a Dios el bello legado que nos dejaste.
Berta Soler y el sol
•May 1, 2013 • Leave a CommentPor Teresa Cruz
Ni la lluvia que nos seguía a todas partes desde la mañana, ni el cielo nublado que casi siempre acompaña los muchos días de nuestro exilio, impidieron que la calidez, la ternura, la alegría, la combatividad, se desbordaran entre los cubanos que se reunieron este lunes 29 de abril en el Marinero para darle la bienvenida, a esta área, a la portavoz de las Damas de Blanco: Berta Soler. Nos invadió el sentimiento, la certeza de estar tocando la historia.
Mujer cubana, de sonrisa cálida y ojos luminosos, mirada inteligente, voz que revela su valentía, impresionó a todos por su accesibilidad, por su compromiso con el futuro de Cuba. Nos trajo el sol que nos faltó todo el día.
Conmocionó a los reunidos cuando proclamó que las Damas de Blanco son la continuación de las de la lucha en las que tuvieron un papel esencial muchos cubanos, hoy exiliados. Al final, espontáneamente, sin estar previsto, todos cantamos nuestro himno nacional. ¡Qué momento!
Desde allí se podían divisar, a través del río, en la lejanía, las calles por las que transitó Martí en su azaroso exilio. Parecía que nos hubiéramos detenido en el tiempo, allí estábamos, como antaño, reunidos por un destino implacable, en una noche más de exilio.
Después Berta Soler, inagotable, se dirigió a la Casa del Preso, donde escuchó los testimonios de las luchas contra la tiranía desde la implantación de la misma, de viva voz de los protagonistas.
Nuestra gracias a Berta Soler y nuestra gratitud hacia la Fundación Nacional Cubano Americana, que auspició este encuentro de cubanos libres.
* Teresa Cruz, escritora, educadora y ex-presa politica cubana autora del libro “La esquina de mi memoria”.
Ultima hora: Se deteriora la democracia en Venezuela
•April 30, 2013 • Leave a CommentRafael Román Martel
Diputados democráticos en la Asamblea Nacional de Venezuela siendo golpeados por esbirros maduristas el 30 de abril del 2013.
Cada hora la situación de Venezuela se deteriora a pasos peligrosamente agigantados. Diosdado cabello, en su función como Presidente de la Asamblea hace unos días comenzó a poner en marcha las órdenes de El Ilegítimo: “radicalizar la revolución”. Hace unas horas acaban de caerle a golpes en el seno de la asamblea a los diputados Julio Borges, Maria Corina Machado y otros a los Cabello les negaba el derecho a expresarse en este foro que hasta que Nicols Maduro rob las elecciones tenia algo de simbolismo democratico en Vwenezuela. La bestia del comunismo se ha desatado sus furias contra el pueblo venezolano: y el corazon del comunismo es odio. Esta es la “palabra de orden”. Y esto implica desde salvajes ataques a legisladores de oposición en el seno de la Asamblea Nacional hasta asesinatos políticos disfrazados de robo y en este período de represión total vendrá la persecución y encarcelamiento de los líderes democráticos venezolanos.
El reino del terror se ha apoderando de la sociedad venezolana. Cada día incrementan los insultos de parte de los maduranos, las amenazas se multiplican y la violencia incrementa ante los azorados ojos del pueblo, que ha caído en manos de un hampa estatal, más aún, de un imperio cubano. El arresto de Henrique Capriles muy probablemente ya haya sido planeado en La Habana. Y si los ocho millones y medio de venezolanos que votaron por Capriles no se lanzan y conquistan las calles todo esfuerzo del líder habrá sido en vano.
Las señales son muy claras. Los comunistas venezolanos y sus compañeros cubanos han decidido eliminar a todo el que les oponga resistencia. Ya no desean dialogar con la oposición. Peor, ya no quieren hablar; sólo con el poder bruto y las armas.

La diputada María Corina Machado, quien sufrió cuatro facturas en la nariz, una de siete parlamentarios salvajemente agredidos en la Asamblea Nacional hoy 30 de abril del 2013, en rueda de prensa en la que expresó en detalles como los golpeados los representantes mientras Diodado Cabello sonreía.
Venezuela dio la impresión de haber salido de una tiranía cuando Hugo Chávez murió y hoy está en el transcurso de una dictadura que acabará, de manera circular, siendo otra tiranía, mucho más cruda, mucho más controlada por los agentes invasores cubanos, mucho más directa y revelante en sus manifestaciones de odio. El odio no de los fascistas a quienes las tropas norteamericanas rotundamente derrotaron en la Segunda Guerra Mundial, sino de los hermanos Castro y sus familias que han logrado reducir a su pueblo a una aldea latifundista. El odio comunista, azote de la humanidad.
Todo está claro: Maduro llevará al pueblo venezolano a la ruina de una u otra forma.
Si triunfa en sus esfuerzos por ser el mercenario pagado por el régimen cubano Venezuela quedará al mismo nivel de Cuba. Si la oposición logra el apoyo de los militares que saben que están siendo dominados por la familia Castro y se organizan y se rebelan ante la epidemia: la guerra civil hará estragos jamás experimentados por el pueblo venezolano.
Maduro y sus seguidores han llevado a la nación a un callejón cuya única salida es la guerra o el dominio total por parte de los comunistas cubanos de uno de los países más ricos en recursos naturales y humanos del hemisferio.
La dictadura cubana lleva 14 años exprimiendo la teta venezolana sin piedad. Sin piedad para los venezolanos y sin resultados para el pueblo cubano que continúa sufriendo la plaga de la escasez y la miseria a la que ha sido amaestrado por tres generaciones.
Hoy, 30 de abril del 2013, el mismo día en que han “secuestrado” al secretario de Nicolás Maduro para-se supone-robarle su “camioneta”, Diosdado Cabello no ha permitido ni abrir la boca a los diputados de oposición en la asamblea nacional. Imagínese usted que los demócratas no le permitan hablar a los republicanos en el congreso y en el senado de Los Estados Unidos porque no hayan reconocido un claro fraude electoral que los demócratas hayan cometido.
Es por esto que la Primera y Segunda Enmienda de este país mantienen su importantísima vigencia. Y es esto la razón por la cual los regímenes dictatoriales mantienen las armas para sus cuerpos represivos, jamás en los brazos de un pueblo libre.
Y es por esto que los “comunistas de café” que pueblan nuestras calles hacen lo imposible por arrebatarnos el derecho de adquirir armas de fuego.
En Venezuela una buena a parte del elemento represivo se le llama “motorizados”, un eufemismo para esbirros, mercenarios y asesinos. Gozan de la tener las armas más sofisticadas y de la impunidad de los líderes comunistas manejados como marionetas desde La Habana.
Hoy, en otro abuso oficialista, le negaron la palabra al diputado Alfonso Marquinas en la Comisión de Finanzas. El próximo paso será tirarle en una celda inmunda, mientras continúan torturando a los estudiantes en Checas, de momento improvisadas, mañana sofisticadas como lo hicieron el La Guerra Civil Española.
Los comunistas no cambian. La maldad y el odio son su Credo.
Entonces serán los diputados los que caigan bajo las garras de los verdugos castristas y sus súbditos venezolanos, después vendrán a ser martirizados sus opositores o sospechosos de opositores del pueblo. Después será el pueblo y más tarde la purga estalinista poblará de luto a este gran país.
La historia del comunismo es una trasnochada serie de crímenes que han sobrepasado los límites de la infrahumanidad.
En Venezuela han encontrado tierra fértil y provechosa para sus maldades.
El mensaje de sus operativos en la televisión oficialista e importantes posiciones políticas dentro de la nomenclatura pronostican las draconianas intenciones que han marcado al comunismo-rey de la mentira, el abuso y el crimen-como la fuerza más diabólica que ha azotado el universo. Su inigualable record habla por sí mismo: Más de 120 millones de victimas asesinadas en el sigo XX.
Los jefes del “gorilato” han encarcelado a un general que, por ser honesto y patriota. está en huelga de hambre desde su detención hace tres días y como dice el sabio refrán español: “Cuando veas las barbas de tu vecino arder pon en remojo las tuyas.” Los diputados y líderes de oposición venezolana tienen un pie en la cárcel y el otro en salir del país.
Esto último se hace más difícil cada día por razones éticas y políticas para los líderes opositores en Venezuela. Ellos, como la valiente televisión de oposición Globovisión, continúan en un estado de semi-obediencia a la interpretación comunista de la constitución, a la que los comunistas ni obedecen ni respetan. Los demócratas valientemente no quieren dar su brazo a torcer y siguen conduciéndose como si en el país hubieran reglas democráticas.
Prácticamente están a merced de las armas de los comunistas dirigidos por La Habana y sus agentes entrenados en Cuba.
Horizonte tenebroso se cierne sobre este gran país. Mucho más oscuro y sangriento que el que pronostiqué en el 2007. Con tales padrinos como Fidel y Raúl Castro y cadavéricos personajes como los secuaces de Maduro y sus gorilas no se puede esperar nada bueno del futuro de millones de venezolanos, quienes sólo aspiran a vivir en paz.
Intenso debate en El Gato al Agua sobre la turbulenta España de hoy
•April 29, 2013 • Leave a CommentVenezuela al borde del abismo
•April 27, 2013 • 1 CommentCapriles está dispuesto a impugnar las elecciones chuecas del 14-A. Y este es camino correcto, democrático. El hombre camina en una cuerda floja. Si lanza al pueblo a las calles los prenden a él y todo su equipo de campaña. Ya lo están acusando de 10 muertes. Si hay una agitación masiva en las calles Capriles no sobrevive porque Venezuela está en mano de estalinistas, de los agentes más represivos en la historia de Latinoamérica: los esbirros de la oligarquía Castro. Al mismo tiempo Capriles tiene que hacer una decisión: se lo juega todo por la democracia en Venezuela o se va como lo hizo Rosales. Es una disyuntiva muy difícil, pero como dicen los norteamericanos, por algún lado se rompe la cuerda. La beligerancia de los maduristas está llevando a los venezolanos a una catástrofe potencial. Quiera Dios y Ponga Su Mano para que esta crisis no caiga en lo que todos tememos: una guerra civil. El terreno para esta desgracia lo abonan los comunistas día a día mientras el mundo observa. Ojalá (Oh Allah!) que no dejen de hablar, que no dejen de haber mentes pensantes que influyan en Maduro y sus jefes de La Habana tanto como Capriles y el pueblo venezolano que lo eligió legítimamente como presidente. Los que amamos la democracia y la paz esperamos que las mentes más lúcidas de ambos bandos-incluyendo a un formidable enemigo de Los Estados Unidos pero un hombre de considerable inteligencia y respeto como estadista, José Vicente Rangel, prevalezcan y hagan un genuíno llamado a la paz por el bien de todos los venezolanos.
Comienza el proceso de recuento de votos en Venezuela
•April 21, 2013 • 2 Comments
ABC.es -El proceso de recuento de votos comienza hoy lunes en las 12.000 mesas electorales (el 46%), lo que llevará más de un mes de verificación, según prometió la presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), Tibisay Lucena, luego de aceptar la ampliación de la auditoría que inicialmente fue de 54 %, dando de ganador al oficialista Nicolás Maduro por un estrecho margen de 1,7 % ante su rival Henrique Capriles.
No obstante la negativa del gobierno de contar todos los votos del 14 de abril, Capriles ha logrado que aceptaran la auditoría, aunque fuese a regañadientes y no exenta de hostilidad y recelo por parte de los rectores del CNE. El equipo de la oposición se enfrenta ahora a la dura tarea de establecer las condiciones de la verificación, es decir, cotejar las papeletas con los cuadernos, las actas de escrutinio y las huellas dactilares de los electores.
La revisión de las 12.000 urnas supone la apertura de 400 cajas por día. “En esas cajas está la verdad”, ha dicho Capriles al señalar las 3.500 irregularidades documentadas que ha consignado a la autoridad electoral A Capriles le toca ahora «probar que ganamos», dijo ayer en una nota de prensa. «Esta es toda una historia por capítulos. Hay que tener mucha paciencia y tolerancia», al reconocer que es un largo proceso lleno de obstáculos.
Ni Capriles ni los diputados de la oposición han reconocido al presidente electo Nicolás Maduro. Van a esperar el final de los resultados de la auditoría. Si se comprueban las irregularidades denunciadas la ley permite la impugnación de las elecciones. Capriles no descarta la impugnación. El líder opositor espera que el gobierno dé señales claras para iniciar el diálogo pero lo hará «no con una pistola en la cabeza».
Marathon Bombing – Now A Look To Tie To Jihadist Terror Conections – Radical Islam – Wake Up America
•April 21, 2013 • Leave a CommentVenezuela se asoma a la parálisis económica, según Morgan Stanley
•April 21, 2013 • Leave a Comment
El escaso margen de votos que dio la presidencia a Nicolás Maduro podría poner en jaque la estabilidad del Gobierno haciendo muy difícil su capacidad de gobernar y encauzar la economía venezolana, según publica Morgan Stanley en un informe.
El problema, según los analistas estadounidense es que existen «dos visiones económicas» en Venezuela. Una falla que incluso se ahonda en el propio Gobierno.
«La capacidad de la administración para gobernar con eficacia quedará limitada por luchas internas de poder. Es muy difícil crear una agenda política unilateral», explicó la banca estadounidense.
Las dos posturas económicas se dirimen entre «un mayor control por parte del Estado de la economía y un intento de limitar la emisión de deuda» y un sistema mixto, que mezcle la intervención de la administración con las iniciativas privadas y que por lo tanto supondría una mayor exposición exterior de la economía venezolana.
Morgan Stanley cree que Venezuela se asoma a una inevitable «parálisis económica» en un marco de deterioro global. La división en estas dos ramas ha «disminuido la potencia productiva del país, sobre todo en sectores clave como la agricultura, provocando una dependencia cada vez más fuerte de las importaciones». Además, Venezuela habría «disminuido la producción y exportación de petróleo», lo cual ha provocado una caída de los ingresos.
Un crecimiento menor al estimado
Morgan Stanley rebate las cifras proporcionadas por el Banco Central de Venezuela, que hablaban de una inflación del 7,9% solo en el primer trimestre del año, que repuntaría al 14% o al 16% durante 2013.
De acuerdo con la banca de inversión, Venezuela crecerá un 1,9% (por debajo del 3% al que crece América Latina) , con una inflación superior al 26%.
Fuente: EFE/ABC.es
Venezuela entra en la radicalización de la “revolución”
•April 18, 2013 • 1 CommentRafael Román Martel El diputado William Dávila, un demócrata, un patriota, hombre digno y sincero que se atrevió a decir verdades frente al verdugo “God Given Hair”, después de ser agredido por diputados oficialistas arrojándole un micrófono en el ojo en una sesión del Parlamento bolivariano, sede de la democracia madurista. Estos agresores chavistas, que mientras más violencia cometen más nos hacen recordar a los fascistas italianos de Mussolini y a la brutalidad Nacional Socialista de Adolfo Hitler, Joseph Goebbels y Hermann Wilhelm Göring en sus manifestaciones verbales contra todo lo que estaba fuera de su ideología. Vean aquí el rostro de un hombre mayor de edad asaltado por los Storm Troopers de Maduro, lleno de dignidad, marcado por la violencia de Nicolás Maduro y sus agentes fascistas cubanos, quienes apenas lo pudieron proteger ayer de un ‘espontáneo’ que le pudo haber dado un tiro en la cabeza, según la propias palabras del presidente ilegítimo. Los “diputados” comunistas que atacaron a este señor son los mismos que no se cansan de hablar de democracia y libertad en la Asamblea Nacional de Venezuela. Son una pandilla de abusadores, desgraciados criminales, agentes de la maldad.

El Libro Negro del Comunismo demuestra con datos y lujo de detalles que la idelogía comunista y sus verdugos asesinaron a más 100 millones de seres humanos en el siglo XX. Este documento narra como los comunistas incansablemente han luchado por el poder para centralizarlo sin reparar en cometer cualquier atrocidad para ejercer la voluntad del partido, que siempre a nombre del pueblo, es controlado con mano de hierro por un pequeño grupo que conforma la nueva casta de burgueses, dispuestos a cometer genocidio, pisoteando al pueblo y que se preparan cuidadosamente para justificar sus crímenes con una dialéctica refinada y vulpina.
Desde hace 14 años Venezuela es una nación que ha sido sistemáticamente “atendida” por miembros de la Internacional Socialista hasta que en un giro Orweliano los cerdos se han ido apoderando totalmente de la finca.
Uno de los problemas que enfrentan los puchistas venezolanos es una lucha interna sólo con la rabia que la libran los burgueses-marxistas que ahora se hacen llamar socialistas. Diosdado Cabello. popularmente conocido en Los Estados Unidos como “God Given Hair” no es un hombre confiable para Nick Maduro, que tiene que dormir con un ojo abierto y el otro en “God Given Hair”, sobre todo después que en su glorioso discurso de inauguración el 19 de abril del 2013 fue interrumpido por seguidores de Capriles. ¿Cómo se colaron en la pachanga comunista sin pasaporte de alguno de los líderes “democráticos” latinoamericanos quienes se piden la cabeza y que ahora, en secreto, resienten que Maduro Y el CNE se hayan robado las elecciones?. Maduro, la siniestra marioneta de la dinastía Castro, sintió en medio de lo que se suponía ser su momento más brillante, la respuesta de un pueblo que no lo quiere, que no lo acepta. La respuesta de una voz que representa la mayoría de los que han derrotado el comunismo en el universo.
Los comunistas han desbarato otro país. Escasez, opresión, violencia, injusticia y una larga lista de violaciones de los derechos humanos es el legado y la realidad chavista, que hará con el tiempo su metamorfosis a la pesadilla madurista . De ahora en adelante lo que queda es repartirse el botín de guerra y para eso los comunistas siempre tienen los colmillos listos. Los que duden repasen la historia.
Han estado violando los recursos naturales de uno de los países meas ricos del mundo hasta llevarlo a la ruina económica. Los chinos, iraníes, argentinos, cubanos et al esperan diariamente sus barriles de petróleo que no pagan o malamente pagan al mismo tiempo que la economía venezolana depende en el 97% del petróleo. De cada 100 dólares que entran al país 97 provienen de la venta del petróleo, los otros tres de todo lo que produce Venezuela, o sea nada. Irónicamente el único país que le paga el petróleo a Venezuela es Los Estados Unidos o sea, el imperio satánico que se pasa la vida atacando al pueblo venezolano sin piedad.
Nadie debe sorprenderse lo que está ocurriendo hoy en Venezuela. La ensangrentada frase del burgués Carl Marx: “El fin justifica los medios” se ha mantenido vigente en los bolcheviques hasta el día de hoy cuando los comunistas venezolanos la han llevado a su más bajo nivel: la mentira y la promoción del odio son sus medios. El poder es el fin. Un fin fatal para millones de venezolanos. Un fin muy productivo para la nomenclatura recién heredada por Nicolás Maduro. Un fin desastroso para millones de venezolanos que se verán asfixiados por la política criminal de Maduro y sus secuaces como lo han estado el pueblo cubano por 54 años.
El lenguaje de Nicolás Maduro forma parte de la extensa y criminal mentira comunista. Habla de amor con un odio que traspasa las pantallas de televisión, con una violencia delirante. Habla de libertad y democracia mientras que ha comenzado a reprimir a todo el que piensa diferente a él. Sus palabras y sus hechos amortajan una horrible corrupción. Su tío es Raúl Castro. Fidel es su abuelo. El mismo ha dicho que va a “radicalizar la revolución”. Quizá una buena parte de los venezolanos no entiendan el significado de sus palabras. Es importante señalar que mientras Capriles y la oposición habla de democracia, Maduro subraya la palabra “revolución.”
Durante su verborrea en su estropeada fiesta de inauguración, Maduro dijo que estaba dispuesto a “dialogar” con la oposición. Esto dicho del pico de un hombre que no tuvo el valor ni siquiera para debatir con su oponente-quien lo retó decenas de ocasiones-durante la corta e intensa campaña electoral que culminó en el fraude del 15 de abril. Cuando Maduro habla de diálogo quiere decir monólogo, así como cuando los comunistas hablan de democracia quieren decir “dictadura del proletariado”. Lo peor de este pichón de cernícalo no es que no tenga carisma, ni siquiera que se haya robado unas elecciones que se supone sean democráticas, ni siquiera que sea un ventrílocuo de Raúl Castro, sino que no tiene credibilidad ni autoridad moral entre su propio pueblo, al que continúa dividiendo de manera irreparable. Las órdenes de La Habana desembocarán en una tragedia nacional que nadie quiere pero que a los comunistas no les importa. La ruina total del país al cual los Castros y los kirchners de este mundo exprimirán hasta la última gota de petróleo puede también el medio para alcanzar el fin: el fin del progreso, del humanismo, de la democracia. El fin de todo menos de sus estilos de vida y la instalación de sus propias castas políticas, un nuevo estado latifundista internacional es la meta.
Catorce años de la más agresiva diatriba, respaldada por las “expropiaciones”, los centenares de presos políticos, los que decidieron morir después de largas huelgas de hambre para dar un ejemplo de resistencia como lo hizo Franklin Brito, quien inmoló hace menos de tres años después de que El Comandante Supremo le robó sus tierras y sus bienes y la dudosa ola de asesinatos en el país no han sido suficiente para una minoría del pueblo. La mayoría votó y ganó unas elecciones que le fueron arrebatadas el pasado 14 de abril.
Los cubanos que vivimos bajo el comunismo entendemos bien.
Radicalizar la revolución quiere decir reprimir, eliminar, destruir a todo venezolano que no esté de acuerdo con ésta y con sus jefes comunistas que la manejan desde La Habana. La prensa venezolana de oposición ha eufemizado, comprensiblemente, los atropellos que están sucediendo desde que Raúl Castro está a cargo de Venezuela y es que es difícil decir las cosas en claro cuando el miedo se va convirtiendo lenta pero seguramente en una paranoia general.
Ya Maduro está en el proceso de una purga estalinista. En sus primeros tres días desde el fraude que lo llevó al poder ha encarcelado a más de cien estudiantes, otros han sido golpeados en las calles, diputados opositores de la asamblea nacional son salvajemente atacados en el seno de la expresión democrática venezolana. Humillaciones, golpes, asesinatos y muchas más atrocidades es la respuesta al reclamo de fraude que legítimamente exige Henrique Capriles después de las recientes elecciones de abril 14, 2013.
Lo peor está por venir. Policía de Maduro reprime brutalmente a los ciudadanos de Mérida después del fraude electoral de abril 14, 2013.
La policía ha comenzado a atacar a los manifestantes democráticos. Se ha desatado la bestia en Venezuela. Viejos comunistas como el burguesísimo José Vicente Rangel traman el plan para radicalizar la represión en el país. Rangel, el viejo comunista se viste con carísimos trajes europeos mientras que su esposa vende sus esculturas, a precios desorbitantes al régimen bolivariano, el cual las exibe en sus embajadas alrededor del universo El viejo Rangel es la más representative expresión de la burguesía comunista. Representa, como la mayoría de los líderes comunistas, una nueva clase de privilegiados a nombre precisamente de la lucha de clases. En la misma carretera de los privilegios están al Fiscal de la Nación, la Defensora del Pueblo y una larga lista de vividores del petróleo y el pueblo venezolano todo a nombre del socialismo y a nombre del Comandante Eterno y Supremo, cuya familia es hoy parte de la nueva jerarquía comunista.
En primer plano está el imperio cubano que chupa la sangre del petróleo de los venezolanos hasta secarlos. Nada importa la miseria ni las tribulaciones que pasen éstos si a los propios cubanos su dictadura los ha estado tratando como esclavos desce 1959.
Está claro que una vez que desapareció el Comandante Supremo y Eterno, su hijo es presa fácil de los viejos comunistas cubanos y sus compañeros venezolanos que no van a dejar de mamar de la teta venezolana bajo el aplauso y la adulación de los “líderes” latinoamericanos a quienes la complicidad con la dictadura venezolana les parece más conveniente que cualquier retazo de principios democráticos que alguna vez hayan llevado en sus cuentas bancarias. El odio por los Estados Unidos los une en un abrazo empapado en sangre inocente pero qué importa el pueblo si están obrando a favor de sus intereses, de sus burgueses caprichos. ¿Acaso Cristina Kirshner no se compró $120,000 proletarios en zapatos en Nueva York? ¿Acaso Rafael Correa comparte con los más pobres de su pueblo su escasa mesa, su implacable pobreza, sus carísimos trajes europeos, enmascarados en camisas bordadas a la carte? ¿Acaso Evo Morales es solidario con los indios que lo llevaron a su suntuosa forma de vida, a sus opíparas comidas, a su extensa lista de costosos y diversos disfraces? No. Estos líderes han dejado de ser pueblo, si es que alguna vez lo fueron. Maduro, por ejemplo alardea de ser un obrero conductor de autobuses al mismo tiempo que era cantante de música “revolucionaria” pop y, desde luego, líder sindical. De “líder sindical” saltó los rangos del partido hasta llegar a ser el máximo representante de la nueva trova con el título de Hijo de Chávez.
Si Chávez es Cristo entonces Maduro es el nieto de Dios.
Pero Nicolás Maduro no es un líder y está muy lejos del Cristo, al que él y su antecesor usan a nombre del Partido Comunista: pecado imperdonable, inspirado por el propio Satanás. Maduro es una marioneta fabricada en La Habana, un títere de la Internacional Socialista. Nadie lo respeta, ni siquiera sus compañeros latinoamericanos quienes sólo aspiran vivir del petróleo venezolano. Es el muñeco de La Habana, es el Conejo de Indias de la Internacional Socialista. Es la imagen más representativa del Tongo comunista.
La legitimidad y el carisma huyen de él. Es la farsa más evidente de la falsa democracia. Si llega a gobernar será por el cañón de la violencia.
Sólo lo reconocen como presidente los corruptos gobernantes que reciben sus beneficios petroleros. Se mantendrá en el poder a base de la fuerza, respaldada por Diosdado Cabello, a base de una brutalidad de corte fascista. Los “lideres” latinoamericanos que lo abrazan están envueltos en el petróleo que reciben a costa de la escasez y la miseria que plaga el pueblo venezolano.
Todos estos farsantes han seguido la tradición burguesa de los líderes comunistas. No son traidores porque jamás han tenido convicciones verdaderamente socialistas; se deben así mismos. Son gentuza sin escrúpulos, carroña, piltrafa humana. Son unos mentirosos y a nombre de la mentira engañan a los más ignorantes de sus pueblos, que cada día se multiplican y se esparcen por el mundo civilizado arrastrando sus miserias, demandando en otros países lo que estos líderes les niegan en los suyos.
Es como si Latinoamérica ha pasado del Realismo Mágico al Realismo Siniestro. Son personajes siniestros y Nicolás Maduro, el pistolero de Chávez, clama el liderazgo de los presidentes latinoamericanos que usan la democracia como escalera para sus propias ambiciones, para sus propios vicios.
Qué Dios ampare a Venezuela. Nada bueno está pasando.
Nicolás Maduro estrena presidencia de Venezuela al mismo tiempo que comienza el rodaje de su reality show “Living with Nick”. Si esto no hubiese sido un montaje, Maduro debe estar comprensiblemente molesto con la seguridad que, se supone, está atenta a cuidarlo en todo momento, especialmente con tantos mandatarios en la sala y en tan importante evento. Ojalá que no le hagan la vida un trapo a este joven que, en un estado de desesperación se jugó la vida no para hacerle daño al presidente, sino para llamar la atención a alguna situación que lo llevó a realizar este acto casi suicida. Ya la prensa venezolana anunció que será “procesado”. Sin embargo sería un gesto de humanidad que ni sus enemigos podrían criticarlo el que Maduro hablara con este hombre y escuchara sus razones y loable sería que lo librara de cualquier condena. Ya la paliza que le estarán dando es suficiente. En lo que sí Maduro no debe ni puede ceder es en el fallo de sus escoltas. Como él mismo expresó le hubieran pegado un tiro y eso nadie que se llame demócrata lo desea, ni siquiera porque su presidencia no es aceptada como legítima. De todas formas, este en un mal omen para el comienzo de su mandato cuando todavía hay que contar 12,000 cajas de votos que podrían hacer la diferencia en las pasadas elecciones del 14 de abril. El incidente parece haber exacerbado el veneno de Maduro lanzando una diatriba estalinista ante el placer de Cristina Kishner, Raul Castro, Evo Morales y los otros “dirigentes: adulones de Maduro.
The Union City Police Department’s presentation on Career Day at Union City High School
•April 9, 2013 • Leave a CommentRafael Román Martel


UCPO Pablo Jauregui speaks to our students, as Mr. Machado listens, at the Union City Police Department presentation on Career Day, Marc 27, 2013. In the picture below UCPO Juan Méndez lectures our student body on their honorable and also dangerous profession.


On March 27th, 2013 Union City High School celebrated another successful Career Day to the benefit of its more than 2,300 students. Professionals from more than 100 careers made their presentations in order to guide and inspire our young people to follow their path. Present like every year students and teachers witnessed an interesting presentation by the Union City Police Department. This time conducted by P.O. Pablo Jauregui, P.O, Juan Méndez, Ret. Lt. Bill Peer, and Ret. Lt George Prunes.

Retired Lieutenants Bill Peer and George Prunes speak at UCHS on March 27, 2013 at Career Day
Police officers that, like Officers Jauregui and Mendez, are always on duty inside UCHS to serve and protect our student body and staff. I have only met great people serving as police offices in Union City schools.
We take the opportunity to congratulate Captain Nichelle Luster for her historic promotion as the first female Police Captain in the UCPD. My family have had the pleasure of meeting this outstanding public servant.

Union City’s Finest at National Night Out Against Crime in Union City on August 5, 2008. From left to right Sgt. Cuellar, Captain Nichelle Luster, P.O. Vazquez, our friend P.O. Ed Antommarchi, a fine police officer who worked with the youth of Union City with exceptional dedication the years he served at the legendary Emerson High School, and P.O. Rhodes.
If our safety depends on officers like Ms. Luster we couldn’t be in better hands. She is a true professional , a serious and community oriented individual who we are fortunate to have in Union City. Congratulations Captain Luster!
I must thank PO Velez, who showed his humanism and valuable assistance when my mother fell fatally ill. He was with my family all the time until my mother was taken to the hospital. Thank you Sir. May God Bless you.
Days later when my mother passed away the Union City Police Department was there at the funeral procession. They were accompanied by the West New York Police Department, and my friend New Jersey State Trooper Reinaldo Cruz. I have no words to express my gratitude to UC Mayor Brian Stack, WNY Mayor Felix Roque, all their police chiefs and supervisors, and the officers who escorted my mother to her final rest. A special note of thanks to The New Jersey State Troopers, represented by my friend NJ State Trooper Reinaldo Cruz. To all of you, again my gratitude and friendship, for in my home you have someone who will support you as long as my family lives in Hudson County.
I can’t forget how much Captain Emilio González of the UCPD helped us in our block back in 2005-2006, his authority with people that greatly affected the quality of life in our block is only matched by Captain Luster’s. I can’t forget their effective actions to make sure that the elder and the decent-hard working people of this neighborhood would preserve their quality of life.
Last week I received a letter from WNYPD Chief Michael E. Indri. I also take this opportunity to thank WNYP Chief Indri his your kind words at this difficult time for my family. Your letter underlings my conviction that in a democratic society the police is here serve and protect its citizens, not to abuse their power like they did in my childhood-and still do in my native Cuba-54 years later. God Bless you all.


UCPD Retired Lieutenant Bill Peer explains the advantages and responsibilities of being a police officer to UCHS students on March, 27, 2013. Lt. Peers retired after more than 25 years of service in the UCPD. He still volunteers his time to guide and help our youth in Union City.
La discreta crueldad de la buguesía: las grabaciones secretas de Mario Silva. conversaciones con sus amos cubanos, salen a la luz, gracias a la oposición venezolana
•May 20, 2013 • Leave a Comment
[youtibe=http://www.youtube.com/watch?v=QO17qawBv94]































